Música

Sublimes instantáneas

07.02.2020 | 17:17

concierto de alberto rodríguez purroy

Fecha: 03/11/2018. Lugar: Casa de Cultura de Burlada. Incidencias: Presentación de Instantánea, primer disco del cantautor navarro Alberto Rodríguez Purroy, que pudo contar con los músicos que han participado en la grabación: Fredi Peláez (piano, teclado y programaciones), Juanma Urriza (batería), Kike Arza (bajo), y Alejandro Mingot (guitarra eléctrica). Este último músico sustituía a Beñat Barandiarán, que es quien participó en el álbum.

Alberto Rodríguez Purroy ha tardado veinte años en publicar su primer disco, o, mejor dicho, en reunir el valor necesario para sacarlo a la luz, el arrojo suficiente para reconocerse como artista y, sobre todo, para comportarse y ejercer como tal. No es que en los últimos tiempos haya estado alejado del mundo de la farándula, pero lo hacía con proyectos que no eran del todo personales, tomando como base las obras de otros autores como Borges o Leonard Cohen. Al menos, eso era lo que Alberto nos mostraba, pero, lejos de los focos y de los escenarios, él seguía dando forma a su cancionero. Un trabajo sordo para el que se requiere tesón y paciencia; para hacernos una idea, los temas más antiguos tienen veinte años (es el caso de Instantánea, corte ha dado título al álbum), aunque la inmensa mayoría del repertorio ha sido compuesto en el último lustro. A pesar de la distancia temporal que separa las canciones, en el disco, estas suenan cohesionadas por un sonido común, y ese mérito hay que atribuírselo, además de al criterio de Alberto, al buen hacer de Fredi Peláez, productor, pianista, arreglista y un montón de cosas más, así como a la excelente banda que lo ha registrado. Todos ellos estuvieron presentes en la cita del sábado, que supuso la presentación en sociedad de este disco.

Minutos antes de las ocho de la tarde, la voz profunda de Leonard Cohen sonaba por los altavoces de la Casa de Cultura de Burlada. Los aplausos con los que fue recibida la banda arreciaron cuando Alberto apareció sobre las tablas. Sin mediar palabra se sentó en un taburete que no abandonaría en toda la actuación y arrancó con Entretela 4G, una canción que, al grito de "¡A bordo, camaradas!", exhortaba al público a soltar amarras y a embarcarse en el concierto. El sonido era francamente bueno, no en vano, como ya se ha apuntado, estaba siendo ejecutado por los mismos músicos que grabaron el disco (con la excepción del guitarrista Beñat Barandiarán, que no pudo estar, pero fue perfectamente sustituido por Alejandro Mingot). Todos ellos se esmeraron al máximo en la interpretación, dibujaron preciosos detalles y ambientaciones diferentes para cada tema: así, por ejemplo, a la irónica y caricaturesca Tecnoestrés le dieron aires de swing y big band, mientras que la evocadora El último baile comenzó desnuda, pero poco a poco la fueron vistiendo con hermosos ropajes sonoros.

Alberto ejerció como líder del combo: se reivindicó como guitarrista de directo y, especialmente, como compositor, capaz de hacernos viajar hasta los mares del sur en Barco, arena y playa, sugiriendo una suerte de erotismo emocional en Tu infracuerpo y creando belleza a partir del dolor en ¡Ay, París!, compuesta después de los atentados islamistas perpetrados en la capital francesa. Afortunadamente, después de un parto tan largo como el de este disco, el manantial de su inspiración no se ha secado y de él siguen brotando nuevas composiciones, como El anverso de lo adverso, una oda a la libertad individual (aunque ello acarree el pago de algún que otro peaje), una invitación a salir del redil, anhelo que, según confesó, le inculcó su madre. Tras esta canción, que Alberto interpretó en solitario, hicieron un amago de despedirse con No quiero más café, pieza en la que el autor exhibió una vez más la altura literaria de sus textos, utilizando en este caso el humor y la ironía, en la línea de sus admirados Luis Eduardo Aute o Leonard Cohen. El público reclamaba un bis y la banda complació su deseo, volviendo a tocar Encuentro fugaz y dando por finalizado el concierto. Deliciosa velada, a la altura del disco y del talento de su autor.