Oiga, ¿es el enemigo?

El 12 de marzo de 1919, hace un siglo y unos días, nacía en Madrid Miguel Gila, humorista insuperable, dibujante de chistes, escritor y maestro de monologuistas, que con un teléfono de los de antes hizo reír a varias generaciones. Y sigue.

09.02.2020 | 00:56
¿Y no podrián atacar un poco más tarde? Con su triste y amarga cara de palo, hacía un humor surrealista.

Este hombre, humorista, mal dibujante le decían aunque tremendamente expresivo, actor y muy estimable escritor, que nos hacía reír desde que aparecía en escena, nació dos veces. En la primera, su madre no estaba en casa y tuvo que bajar a pedir un poco de teta a la portera, y en la segunda cuando fue fusilado ("mal", solía decir) por un atajo de moros de los que sí gustaban a Franco y los suyos y odian ahora sus herederos, que estaban tan borrachos que ni le acertaron.

Miguel Gila Cuesta nació en lo que los castizos dicen el foro, en el barrio de Chamberí (Madrid, 1919-Barcelona, 2001) en una humilde buhardilla donde situó uno de sus libros (La jaleo, el bizco y los demás, 1966) y se puede decir que no tuvo infancia. Huérfano de padre y en un hogar donde la necesidad y la miseria eran absolutas, a los 13 años tuvo que abandonar los estudios y ponerse a trabajar de empaquetador de café y chocolate, luego de aprendiz de pintor de coches y más tarde llegó a 4º grado de aprendiz en Boetticher y Navarro, antigua fábrica de ascensores, mientras estudiaba dibujo lineal en la escuela nocturna de Artes y Oficios.

MUERTO, pero MAL Al estallar la Guerra Civil, militante de las Juventudes Socialistas se alistó voluntario en julio de 1936 en el 5º Regimiento de Líster. Fue apresado y sometido a fusilamiento en el Viso de los Pedroches (Córdoba) pero salvó la vida gracias a la borrachera y consecuente mala puntería del piquete de ejecución, se hizo el muerto y sobrevivió.

Él mismo, en sus memorias (Y entonces nací yo. Memorias para desmemoriados, 1995) lo contaba así: " Nos fusilaron al anochecer; nos fusilaron mal. El piquete de ejecución lo componían un grupo de moros con el estómago lleno de vino, la boca llena de gritos de júbilo y carcajadas". Luego le internarían en el campo de prisioneros de Valsequillo, en Yeserías, trabajó construyendo la prisión de Carabanchel y también estuvo preso en Torrijos (Toledo) donde coincidiría con el poeta Miguel Hernández.

Tras la guerra, salió de la cárcel y se empeñó de fresador en Construcciones Aeronáuticas SA (CASA), lo que compaginó como humorista gráfico en la revista universitaria Trabajos y días de Salamanca, y luego en La Codorniz y en Hermano Lobo. Y en 1951, casi de forma inesperada, se inició de monologuista con éxito arrollador y creciente.

HARTO Ya era famoso, sus apariciones en la mejor televisión de España (no había otra) eran ruidosamente celebradas y comentadas, las revistas donde publicaba sus chistes corrosivos reflejo fiel de una sociedad humillada se esperaban y agotaban (si no eran secuestradas, lo cual resultaba frecuente) en los quioscos, hasta que harto de vigilancias de malencarados de gabardina y cuello alzado y una censura y ambiente irrespirables, en 1962 se exilió "por un empacho de dictadura" a Buenos Aires.

Su éxito en Argentina y otros países sudamericanos fue innenarrable, sobre todo entre otros españoles exilados como él, hasta que primero en 1977 y de forma definitiva en 1985, decidió regresar.

Pacifista Hacía un humor ácido, gris, corrosivo y surrealista, con una guerrera militar, un casco y un teléfono de rueda ("me gusta la guerra porque puedo matar sin que me diga nada la policía"), él que era un pacifista absoluto, y tuvo que sufrir la peor de la historia de su país. Como sobradamente se merecía, Miguel Gila recibió varios premios, la Medalla al Mérito de las Artes del Ayuntamiento de Madrid (1986), en 1995 el Consejo de Ministros le concedió la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo, el título de Profesor Honorífico del Humor de la Universidad de Alcalá de Henares (1997) y en 1999 la Medalla de Oro al Mérito Artístico del Ayuntamiento de Barcelona, donde falleció en 2001.

Nos dejó una docena de libros, su actuación en 14 películas, varias grabaciones y programas en televisión y cientos de chistes, y un recuerdo amargo pero escojonante de sus telefonazos (¿Oiga, es el enemigo?), de su entrañable bruto rústico de pueblo, de bombero, o cirujano de sierra y berbiquí, y de pobre niño huérfano que no tuvo niñez y que esta semana habría cumplido 100 años.