Carlos Bassas del Rey gana el Premio Hammett de novela negra por ‘Justo’

El autor catalán afincado en Navarra comparte el reconocimiento con el argentino Juan Sasturain por 'El último Hammet'

09.02.2020 | 19:39
De izquierda a derecha, Carlos Bassas (Hammett), Enrique Llamas (Silverio Cañada), Jesús Maeso (Espartaco), Luis Artigue (Celsius) y Nacho Carretero (Rodolfo Walsh).

El catalán afincado en Navarra comparte reconocimiento con el argentino Juan Sasturain por 'El último Hammet'

pamplona/gijón - El escritor pamplonés de origen catalán Carlos Bassas del Rey (Barcelona, 1974) ganó ayer el Premio Dashiel Hammett de novela de género negro de la 32ª Semana Negra de Gijón por Justo, publicada por Alrevés. El galardón le correspondió ex aequo junto con el argentino Juan Sasturain, autor de El último Hammett.

El jurado del premio, que otorga la Asociación Internacional de Escritores Policíacos, eligió las obras ganadoras por unanimidad al valorar la apuesta de ambos autores por explorar los límites del género. En Justo, Bassas del Rey ha rendido un homenaje a su ciudad natal, Barcelona, en la figura del personaje de un anciano cabreado como eje en torno al cual pivota una historia negra. La novela de Sasturain gira en torno a los últimos años del escritor Dashiell Hammett, en los que afronta su decadencia física y literaria. "Justo emplea un estilo despojado y perfila un personaje que se caracteriza por su fuerza simbólica, y El último Hammett constituye un ambicioso ejercicio narrativo sobre un referente del género", expresa el acta del jurado.

tributo a la barcelona que fue La verdadera justicia debe ser fría, implacable, desapasionada. Y para aplicarla, Dios decidió que cada generación contara con treinta y seis Justos, los tzadik, hombres anónimos que mantienen el equilibrio entre el Bien y el Mal sobre la faz de la Tierra. Justo Ledesma es uno de ellos. O eso le han hecho creer. Un viejo irascible que discurre por las calles de un barrio, el de Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera, que ya no es el suyo; de una ciudad, Barcelona, que dejó de serlo hace tiempo. Un hombre cansado que, consciente de que su fin está cerca, decide saldar cuentas con su pasado. Es el planteamiento de la novela con la que Carlos Bassas, afincado en Pamplona desde hace 27 años, ha obtenido el premio de ficción negra en lengua española más prestigioso del mundo. En conversación telefónica desde Gijón, el autor reconoció ayer que siempre "es un motivo de orgullo que te nominen a un premio, y más si es el Hammett, pero vine sin ninguna expectativa, así que la sorpresa ha sido aún mayor. Lo mejor es que es un reconocimiento del mundillo, de compañeros de la novela negra; creo que esto le da un valor doble". Y es que el Premio Hammett de la Semana Negra es "el premio que todos queremos ganar. Lo da una institución histórica, como es la Semana Negra de Gijón, y es el premio de novela negra en lengua castellana más prestigioso, con lo cual, ganarlo puede que no suponga nada en ventas ni tiene dotación económica, pero es un espaldarazo profesional muy importante", agregó. En ese sentido, admite que para él "será un antes y un después. Significa que colegas que se dedican a esto te confirman que lo estás haciendo bien, que vas por el buen camino", dijo.

Bassas competía al galardón con Noelia Lorenzo (Corazones negros), Paco Gómez Escribano (Cuando gritan los muertos) y Carmen Chaparro (La química del odio). Y lo ha compartido con Juan Sasturain (El último Hammett). Precisamente, este último era el único libro que no había leído, "porque no está publicado en España", pero "al resto de compañeros sí les había leído y les conozco a todos personalmente; por lo que, aunque por supuesto que quieres ganar el premio tú, si lo hubiera ganado alguno de los demás, habría estado bien".

Justo se publicó hace más de un año y el autor tiene desde hace menos de dos meses otro trabajo en las librerías, Soledad, también con Alrevés. "El reencuentro con Justo es raro porque en mi cabeza ahora tengo a otro personaje, otra historia, pero siempre da gusto volver a ver a viejos amigos como Justo, que me han dado tantas alegrías. Es como cuando te encuentras con un amigo de universidad que hace tiempo que no ves y desde el primer momento parece que no haya pasado el tiempo", indicó. Ganar este premio con una novela como esta también resulta especial porque es "el tipo de novela que quería hacer desde el principio, pero no me atreví. Fruto del cierto conocimiento del mundo editorial, sabes que algunas apuestas arriesgadas te pueden llevar al fracaso. Por eso, muchas veces uno empieza escribiendo para un público más general y se da cuenta de que es un error; como cuando te dicen que crees una historia ambientada en Nueva York porque así será más universal. Y eso es un error, porque aprendes que cuanto más concreto, más universal", subrayó. En la misma línea, con Soledad ha dado otra vuelta de tuerca más: "El único modo de no encasillarte y no quedarte quieto como escritor es hacer cada vez una cosa distinta. Hay algunos que apuestan todo a una serie y sacan 19 novelas con el mismo personaje, y les va bien, pero desde el punto de vista literario aburre y no supone ningún reto. Yo quiero que mi estancia en la literatura sea larga y la única manera de ir sumando a más gente es ir ofreciendo cosas diferentes, sorprendiendo al lector".

Carlos Bassas pensó al recibir el premio ayer en Gijón "en las personas que más quieres y que siempre están a tu lado", en sus editores, "que se la jugaron conmigo porque confiaron en mí a pesar de que al principio era un desconocido", y en esa gente que "te apoya desde el principio, cree en ti y en tu forma de escribir y ha estado en los buenos y en los malos momentos". Y, por supuesto, en su padre, fallecido en junio de 2018. "Es inevitable pensar en él y en la cantidad de historias de las calles, rincones y plazoletas de Barcelona, ciudad a la que tanto quería, que él me contó y muchas de las cuales aparecen en la novela; supongo que es una forma de mantener vivo a alguien a quien quieres".

Pablo Ibar Además, la 32ª Semana Negra de Gijón ha concedido el Premio Rodolfo Walsh al mejor relato policial basado en hechos reales al coruñés Nacho Carretero por En el corredor de la muerte, que narra la historia de Pablo Ibar, encarcelado en EEUU por un crimen que asegura no haber cometido. Carretero, conocido por el gran público por su libro Fariña, expresó su confianza en que este premio contribuya a dar ánimo a los familiares de Ibar, que siguen luchando para que este recupere su libertad, y anunció que el libro se convertirá en una serie de televisión.

El jienense Jesús Maeso de la Torre fue galardonado con el Premio Espartaco a la mejor novela histórica por Comanche, un relato sobre los españoles que conquistaron el suroeste norteamericano. El Celsius a la mejor novela de Ciencia Ficción y Fantasía correspondió al leonés Luis Artigue, por Donde siempre es medianoche, un relato "distópico" que tiene a la crisis económica como referente simbólico. Por último, Enrique Llamas obtuvo el Memorial Silverio Cañada a la mejor primera novela negra, por Los Caín, en la que hace una radiografía social de la vida en las zonas rurales de España.