Las maravillas de la montaña navarra

Si en algún lugar la orografía ha modelado la actividad humana es en la montaña. Los modos de vida, las costumbres, deportes o la gastronomía han tenido mucho que ver con los ríos, prados, picos y pasos de montaña, lugares que lejos de ser fronteras, han sido y son vías de comunicación. Rutas recorridas por correos, contrabandistas, comerciantes, pastores y hoy también por senderistas, montañeras o paseantes. Lugares para descubrir y disfrutar del paisaje, de las personas que lo habitan y de los alimentos que producen o recolectan, con productos de alta calidad: quesos, terneras, legumbres, corderos, caza, setas, hongos, plantas aromáticas, frutos del bosque o platos típicos como la costrada de Aoiz, las pochas de Sangüesa o las deliciosas migas.

09.02.2020 | 23:39
Ovejas pastando.

El Pirineo, el Prepirineo y la zona de Sangüesa ofrecen un entorno maravilloso en el que la actividad humana ha ido conformando diferentes paisajes y estilos de vida, con labores como el pastoreo y la trashumancia o el aprovechamiento de los bosques y el traslado de la madera mediante las almadías. Bosques como la Selva de Irati, montes como Izaga u Orhi, y ríos como el Irati merecen más de una visita para descubrirlos. Son muchísimos los lugares que se pueden visitar. Un ejemplo es la zona de Lumbier. Foces como la de Lumbier, Arbayún o de Ugarrón pueden ser una parada perfecta para descansar y darse un paseo. Aprovechar el día y recorrer la Vía Verde del Irati a pie o en bicicleta es otro de los encantos de la zona, cuyo recorrido se adentra en la Foz de Lumbier, con tramos espectaculares y sobrevolados por majestuosas aves rapaces como buitres, águilas o alimoches.

Otra de las opciones puede ser el Valle de Arce y su calzada romana. Un sendero de 26 kilómetros que recorre una parte de esta antigua vía romana, que desde Zaragoza tomaba por Sangüesa el curso del río Irati para después pasar a la cuenca del Urrobi, ascendiendo por el Valle de Arce hasta Roncesvalles. Un buen paseo para disfrutar de una calzada construida hacia el siglo I antes de C., fácil de recorrer y donde imaginar las dificultades para construir una vía de comunicación por donde transitaron los romanos hace casi dos mil años. ¿Quién dijo que las montañas son fronteras?

En todo el territorio pueden ascender a innumerables cimas o asomarse a vertiginosos balcones. Entre los valles de Izagaondoa, Unciti e Ibargoiti, por ejemplo, se levanta la peña de Izaga, una increíble atalaya natural. Una magnífica excursión a un mirador rodeado de campos de cereal y de pequeños pueblos, desde el que se divisan desde los Pirineos hasta el Moncayo.

Hay muchos más recursos. En esta tierra de montañas, los miradores de los diferentes valles ofrecen una panorámica única que no deben dejar escapar. El mirador Ariztokia en Garralda, rodeado de vegetación y desde el que se intuye la cercanía de la Selva de Irati. La localidad medieval de Gallipienzo, que ofrece una panorámica de 360 grados, con vistas hacia el río Aragón, los Pirineos, la Baja Montaña, Sangüesa y el entorno de Ujué. O Pikatua, ubicado a pie de carretera, que nos ofrece unas impresionantes vistas a la Selva de Irati y la sierra de Abodi. Opciones para todos los gustos, pues a algunos de estos lugares se accede tras una larga caminata, mientras que a otros se llega cómodamente por carretera.

Ya en el Pirineo los valles de Aezkoa, Salazar y Roncal abren paso a los bellos parajes del norte, verdes y montañosos, donde se realizan las labores de pastoreo que dan lugar a sus famosos quesos o a platos como las migas. Los fabulosos hayedos de la Selva de Irati, los encantadores pueblos del valle de Roncal o la inconfundible silueta del Orhi ofrecen en estos valles una variedad de paisajes infinitos que permiten disfrutar de la montaña las cuatro estaciones del año. Es tierra de contrabandistas, almadieros, leñadores, y seres mitológicos. Irati es una de las masas forestales más importantes de toda Europa, uno de los parajes con mayor biodiversidad y riqueza medioambiental de todo el Pirineo.

Y además podrán disfrutar, como decíamos al inicio, de una variada y rica gastronomía reflejo de la actividad humana de cada lugar. Porque aquí hay huertas y vinos al sur, quesos, terneras y corderos al norte, migas en Belagua, pochas en Sangüesa o costrada en Aóiz, además de caza, setas, hongos y frutos del bosque. Paisajes que han sido modelados por el trabajo y la necesidad de sus habitantes durante siglos y que ahora debemos tratar con cuidado y respeto.

Si quieren buscar qué visitar y conocer más sobre esta zona, pueden hacerlo en redexploranavarra.es. La Red Explora, impulsada por Lursarea, la agencia del territorio y la sostenibilidad integrada en la sociedad pública Nasuvinsa, además de fomentar los espacios naturales, singulares e itinerarios, muestra su potencial, recupera lugares con vida e historia y con posibilidad de generar oportunidades de desarrollo en su propio entorno local.

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RÍOS Y FOCES

La foz de Arbayun, Lumbier o de Ugarrón ofrecen al visitante unos rincones tranquilos para hacer senderismo, observar aves o ver los escenarios por donde bajaban las almadías con la madera extraída por los leñadores del Pirineo.

ITINERARIOS

La calzada romana a su paso por el Valle de Arce. Una calzada construida hacia el siglo I antes de C., ahora habilitada como sendero y que recorre gran parte del valle en un paseo rodeado de naturaleza.

MIRADORES

Montañas como Izaga, pueblos como Gallipienzo, miradores como el que domina la Foz de Arbayun desde el puerto de Iso, el de Pikatua o el mirador Ariztokia en Garralda son lugares espectaculares donde dejar que la mirada se pierda en el horizonte o se pose sobre montañas y valles.

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