l Royal Albert Hall es un edificio que ha sido el reflejo más fiel de la sociedad británica y de su idiosincrasia. El edificio tomó su nombre en honor del príncipe Alberto -el esposo de la reina Victoria- que, tras la Exposición Universal de Londres en 1851, quiso crear en la ciudad "un espacio igualitario, donde la gente de clase baja pudiese aprender de artes, política, ciencia o historia", explica en una entrevista con Efe el director ejecutivo del Royal Albert Hall, Craig Hassall. Sin embargo, el príncipe no llegó a ver materializada su idea, pues falleció seis años antes de que este edificio inspirado por los antiguos coliseos romanos fuese inaugurado. Orientado al auditorio, la reina Victoria erigió el Albert Memorial, un monumento neogótico que el propio Alberto trató de impedir por sentirse "permanentemente ridiculizado".

En este siglo y medio de historia, el Royal Albert Hall se ha convertido en una de las salas más conocidas del mundo, ya que, a juicio de Hassall, es "especial" y "diferente" a todas las demás por su forma ovalada, lo que cambia la "dinámica del espacio" y acerca a los artistas al publico en un ambiente más "comunitario".

Una señal iluminada en el centro del escenario conmemoró ayer su 150 cumpleaños, como pudo constatar Efe en una visita a la sala. El auditorio, aunque vacío, luce igual de majestuoso desde cualquier ángulo, ya sea desde el palco real, desde la arena, o pisando unas tablas concurridas por algunos de los nombres más destacados del panorama artístico global. Por allí han pasado estrellas de antaño como Jimi Hendrix o los Beatles -quienes además dedican unas polémicas líneas al auditorio en A day in the life- o, más recientemente, Adele, cuyo concierto en vivo desde el coliseo londinense en 2011 es uno de los DVD musicales más vendidos de la historia. También fue en el Royal Albert Hall donde Massiel interpretó en 1968 su archiconocido La, la, la, dando la primera victoria a España en el Festival de Eurovisión; y donde dos años después feministas británicas interrumpieron el certamen de Miss Mundo para denunciar su carácter "sexista", cuenta Hassall.

Pero sus muros presenciaron también el último discurso que el científico alemán Albert Einstein pronunció en Europa, el 80 cumpleaños del exlíder soviético Mijaíl Gorbachov y hasta el "regreso a la vida" del creador de Sherlock Holmes, Arthur Conan Doyle, en una sesión espiritista que su viuda organizó en 1930, una semana después de su muerte.

Las incontables anécdotas del Royal Albert Hall son una muestra de cómo "ha reflejado a la sociedad británica a lo largo de su historia, ya sea a través de la música, o con eventos y manifestaciones", y ha visto "muchos cambios sociales", asevera Hassall. Esas mutaciones llegan hasta la actual pandemia, que obligó a cerrar las puertas de un auditorio que solo había cerrado una vez en sus 150 años de vida, con el bombardeo de Londres durante la Segunda Guerra Mundial. La covid -reconoce su máximo responsable- "ha impactado bastante" en las finanzas de una entidad privada que subsiste con las donaciones de los asistentes.

Para el coliseo londinense, que acostumbra normalmente a albergar cuatrocientos eventos anuales en su sala principal, la pandemia se ha traducido en pérdidas de 34 millones de libras (39,7 millones de euros) pero aún así, Hassall asegura que "saldrá de esta" porque tiene "mucho que celebrar" en su ciento cincuenta aniversario, que alargará su programa hasta el año 2023.

Como asociación sin ánimo de lucro, confían en ejercer de guía de la "nueva generación de artistas que darán vida a este edificio en un futuro", que aspira a seguir siendo el ágora de la sociedad del Londres contemporáneo aunque con un espacio más amplio, más respetuoso con el medio ambiente y totalmente seguro en un mundo postpandemia.