En la entrevista que hicimos cuando salió el disco, estaban pasando cosas bonitas y el panorama era prometedor, pero ustedes no querían hacerse demasiadas ilusiones. Ahora, a punto de terminar la gira, sí podemos decir que esos buenos augurios se han confirmado, ¿no?

Sí, la verdad es que han pasado cosas chulísimas que no imaginábamos.

Ha sido una gira larga. ¿Llevan la cuenta de los conciertos que han dado?

Entre sesenta y setenta. Hemos girado por toda España, que era lo que nos hacía ilusión, queríamos acercarnos a todos los lados y lo hemos conseguido. Han sido casi dos años de gira, empezamos en marzo de 2023.

Después de tanto trasiego, ¿hay ganas de descansar?

Hace un mes y pico, bajábamos a Sevilla y comentábamos que también es una paliza, porque estás entre semana trabajando y los fines de semana, en lugar de descansar, te vas a tocar por ahí. Decíamos que también teníamos ganas de terminar la gira y parar. Ahora que llega el momento, nos da mucha pena.

En los cuatro últimos conciertos (Bilbao, Santander, Madrid y Pamplona) han agotado las entradas. ¿La gira empezó con tan buena respuesta por parte del público? ¿O ha ido de menos a más?

Desde el primer momento nos sorprendió la cantidad de reproducciones que tenían los adelantos y que, para ser una primera gira, estábamos vendiendo bastantes entradas. Luego la cosa ha ido creciendo. La primera vez que fuimos a Madrid vendimos cien entradas en La Caverna; la segunda, metimos trescientas personas en la Moby Dick; y esta tercera vez, han sido seiscientos cincuenta en la sala Changó. Estamos contentos porque creemos que hemos hecho un buen trabajo para que pase esto.

"En Burlada estarán las familias y los amigos, va a ser una fiesta más que un concierto"

Lo cierto es que han trabajado duro: tres visitas a Madrid en una gira…

Sí, totalmente. Cuando cogimos todas las fechas, prometimos que no íbamos a suspender ningún concierto, aunque la venta de entradas fuese fatal. Hace un mes fuimos a Málaga y a Sevilla, y tocamos para quince y para cuarenta personas, respectivamente. Veníamos de llenar en Bilbao, con seiscientas personas. Esos conciertos te devuelven a la realidad, te das cuenta de dónde estás realmente, que es picando piedra y sembrando. Ojalá que la siguiente vez que bajemos sean cien.

¿Han compaginado bien tantos conciertos con sus vidas personales?

Nosotros, sí. Siempre digo que no vamos a vendimiar, sino a tocar. ¿Es cansado meterte cinco horas de furgoneta? Sí, pero luego haces lo que te gusta y compensa. Las que igual lo han llevado un poco peor han sido nuestras parejas.

En las redes sociales se pueden ver fragmentos de esos conciertos y queda claro que la respuesta del público ha sido espectacular. Imagino que ver a tanta gente corear las canciones que uno ha escrito será toda una experiencia…

Es un puntazo. Ver que a seiscientos kilómetros de mi casa la gente está cantando canciones que he escrito yo… O cuando ves que la gente se desplaza para verte: hay gente de Valencia que ha ido a Asturias, por ejemplo. Que la gente se meta esas kilometradas y se tome tantas molestias para vernos tocar nos da un punto de responsabilidad grande.

"Somos de la vieja escuela, no nos apetece hacer canciones sueltas, sino un disco que la gente pueda escuchar completo"

¿Algo bueno y algo malo que les haya pasado?

Te podría decir miles de cosas buenas: hemos conocido muchísima gente maravillosa que nos ha hecho sentir como en casa. Es increíble tocar en un Viña Rock pero también es increíble tocar en una sala pequeña y sentir a la gente encima. O que se acerque alguien y te diga que nuestras canciones le han ayudado a superar un momento difícil. También hemos pasado por momentos malos. El peor, cuando estábamos en la furgoneta, yendo a tocar a Barcelona, y le llamaron a Iván, el bajista, para decirle que su primo había fallecido en un accidente. Lo pensó y decidió seguir adelante y hacer ese concierto. Para mí fue durísimo, así que no me puedo ni imaginar cómo lo pasó él. Hay gente que nos dice que por estar con El Dromedario tenemos las cosas muy fáciles, y es evidente que nos ha ayudado, pero también hemos tenido que pasar por situaciones complicadas que la gente no ve. Tienes que amar mucho lo que haces para tomar decisiones como la que tomó Iván.

Después de dos años tocando, ¿qué han sacado en claro de esta primera gira?

Lo que sacamos en claro es que tenemos que volver a preparar un disco para regresar a la carretera lo antes posible, para volver a pasar por donde hemos pasado durante estos dos años. Donde más cómodos estamos es en los escenarios, ahí queremos volver.

Y ese nuevo disco, ¿lo empezarán de cero, o tienen ya trabajo adelantado?

Las canciones ya las tengo compuestas con guitarra y con letra. Hemos intentado ponerlas en común con todos, pero no sabemos hacer dos cosas a la vez (risas). Entre semana tenemos los trabajos y las familias; los fines de semana, los conciertos. No hemos podido compaginarlo. Con este disco hemos estado dos años tocando y ya nos apetece tener algo nuevo que contar.

"Siempre digo que no vamos a vendimiar, sino a tocar. ¿Es cansado meterte cinco horas de furgoneta? Sí, pero luego haces lo que te gusta y compensa"

Ahora que parece que los artistas tienen que estar constantemente publicando material y generando contenidos, ustedes se van a tomar su tiempo.

A veces nos preguntamos si hacemos bien al parar justo ahora, que es cuando más entradas estamos vendiendo. ¿Es inteligente? No lo sé, pero es necesario. Cada vez se estila más lo de ir sacando singles en vez de discos. Lo hemos pensado, pero somos de la vieja escuela, a mí me flipa comprar discos, quitarles el precinto… No nos apetece hacer canciones sueltas, sino un disco que la gente pueda escuchar completo. Tenemos la suerte de que, en El Dromedario, Alen Ayerdi funciona igual con Marea, nunca se han marcado plazos, se han llegado a pegar ocho palos sin sacar nada. Él sabe como va esto y que no puedes poner fechas. Ojalá de aquí a un año podamos tener algo, pero si no es así, esperaremos.

Imagino que el concierto de este sábado en Burlada tendrá un sabor agridulce para ustedes…

Sí, vamos a tener el corazón entre la pena y la alegría. Estamos contentos porque se ha llenado, estarán las familias y los amigos, va a ser una fiesta más que un concierto. Pero también da pena, porque hemos pasado tan buenos ratos viajando por todo el país… Hemos hecho mucha piña, somos familia y se va a hacer raro no estar juntos los fines de semana.

¿Alguna sorpresa que se pueda adelantar?

Va a haber alguna sorpresa, sí. Va a ser un concierto más especial. Yo creo que el que vaya saldrá con una sonrisa, estoy convencido de ello.