Después de publicar recientemente Guerra, Anagrama presenta Londres, novela que muy bien puede considerarse la continuación de la anterior pero es una obra notable, lo cual le permite viajar en solitario, pues trae consigo una historia independiente. Una historia demoledora: “Al principio, cuando llegamos a Londres, a Angèle apenas la veía. Si durante el primer mes se acercó dos o tres veces a decir hola y a que me la trajinase, ya son muchas. Estaba demasiado ocupada, decía, con su Purcell (...)”.

Se trata de una historia en la que la barbarie humana se muestra en diversas formas y, al parecer, forma parte del conjunto de manuscritos inéditos guardados en su momento por el autor en una maleta antes de huir de Francia en tiempos nefastos y aparecidos en 2021. Por lo tanto, la lectura de un Céline inédito es ineludible. Céline (Louis-Ferdinand Destouches) es conocido esencialmente gracias a dos grandes relatos (Viaje al fin de la noche, 1932; Muerte a crédito, 1936) pero en Londres vuelve a brillar.

Y brilla especialmente, la narrativa del autor de El puente de Londres, en la descripción de unos personajes que no son otros que los ciudadanos y las ciudadanas de una frenética realidad y vuelve a hacerlo a través de estos nuevos personajes: los de Londres, en su mayoría depravados y encaminados, sin remedio, a la deshumanización absoluta. Panorama de narrativas de la editorial Anagrama nos acerca, pues, una nueva entrega de la inquietante e inconfundible creatividad de Louis-Ferdinand Céline.

Novela

LONDRES

Autor: Louis-Ferdinand Céline. Editorial: Anagrama, 2025. Páginas: 528.

Casi nada: “Para comer, Borokrom tenía que buscarse la vida, y su apetito era insaciable. Lo conocí sempiternamente preocupado. De hecho, fue su apetito lo que lo salvó de convertirse en un alcohólico como el resto. Su hambre siempre dominaba su sed. En el bar, teníamos que evitar que arramblara con los sándwiches; de lo contrario, nos habrían echado del mostrador”. En cualquier caso, en cada uno de esos personajes hay mucha más enjundia: “Sin embargo, fue a través del apetito, la estatura y la voz como nos granjeó la simpatía de un aristócrata”.

Régis Tetamanzzi, en su Prefacio a dicha obra, constata la importancia de todo ello y mucho más: “Seguramente, quienes hayan leído Guerra querrán saber cómo continúa. Al final de esa novela, Angèle había aceptado la propuesta del comandante Purcell, uno de sus amantes, de irse con él a Londres para convertirse en su querida oficial”. Nueva sorpresa: en Londres, el autor no se ciñe a la realidad de un modo muy particular: “Por lo tanto –añade Tetamanzzi–, seguimos en la Primera Guerra Mundial, pero, como siempre pasa con Céline, la cronología es confusa y presenta contradicciones deliberadas”.

Centrémonos en la nueva aventura del autor de Courbevoie, dado el alto grado de barbarie que destila una narrativa explosiva, que, además, resulta difícil de ser ignorada, repleta, como lo está, de un ritmo acelerado e imposible de abandonar una vez iniciada su lectura, la que, en ningún momento, aburre ni tan siquiera a quien accede a un libro evitando ninguna complicación en lo que a lenguaje y elaboración respecta. Eso sí: la nueva cita con Céline no está exenta de subidas de tono, propias de quien, ya en anteriores obras, no evita la constatación de una vida de riesgo.

Londres, cita con la mejor novela realista no exenta de originalidad: “Cuando Joconde sufría sus ataques de tos, duraban mucho y acababa escupiendo sangre. En ese momento, era Lawrence quien le daba palmadas en la espalda, suavemente, mientras que Tresore le daba coscorrones en la cabeza para que parase.

-¡Vas a volverme loco, desgraciada. ¿No ves que haces sufrir?

Ella le pedía perdón de rodillas. Yugenbitz le ponía inyecciones. Yo practicaba para cuando me tocase a mí”. Sin embargo, la Joconde cada vez estaba más delgada. Solo tenía ojos y huesos en la cara”.