Loquillo, muy cuerdo en las distancias cortas
El cantante asistió el pasado jueves 5 de febrero a una charla coloquio en Civican
Se lo dijo una espectadora en el turno de preguntas final: es una suerte poder disfrutar de un artista como Loquillo en una distancia corta, de tú a tú, y no desde la habitual lejanía del escenario. Eso fue lo que hicieron los afortunados que el jueves presenciaron la charla del artista barcelonés en la biblioteca de Civican.
El Loco, por su parte, se mostró cercano y afable, aunque también hizo uso de su bien conocida ironía, arrancando las carcajadas de su audiencia en más de una ocasión. Comenzó repasando su vida, que da para mucho. Ya prometía desde pequeño: siendo un niño, encontró una bomba en su Barcelona natal y la llevó en brazos a una comisaría. Esa fue su entrada en el mundo del espectáculo, afirmó con aire socarrón.
Recordó la importancia de sus progenitores: su madre (y su tía), represaliadas de la Guerra Civil (“las mujeres fueron las grandes perdedoras de la guerra”, sostuvo); y su padre, combatiente republicano reconvertido en estibador de puerto. Desde bien pequeño encontró refugio en el arte más underground, especialmente en el cine. Le marcó la película 2001. Una odisea en el espacio, de Kubrick, y se cayó del caballo cuando vio a Elvis vestido de blanco en Así es Elvis.
El deporte también fue fundamental en su formación, especialmente el baloncesto. En una Barcelona libertaria y sin límites establecidos, creció en el barrio obrero del Clot (en castellano significa “agujero”). Nunca tuvo la sensación de ser marginal (“me consideraba un príncipe”, confesó). En el barrio aprendió los códigos de conducta que han regido su vida. Con la adolescencia llegaron la música, el éxito… y los excesos. Para él, todo tiene su parte positiva si se hace a la edad adecuada.
Alguien del público le recordó un concierto en la sala Garés, ante no más de trescientas personas. Eran los primeros años del siglo y vivía su peor momento. Sabía que la banda estaba acabada (“ellos habían llegado al final del camino; yo, no”). Después de compartir escenario con The Who y The Rolling Stones, anunció que abandonaba a Los Trogloditas y comenzó su carrera en solitario: asumió su edad y creció como artista, expandiéndose por otros campos, como la poesía contemporánea o la banda sonora del documental Mujeres en pie de guerra.
Contra todo pronóstico, cuando muchos ya lo habían enterrado, volvió a conquistar el éxito. Y ahí sigue. Su último disco, Corazones legendarios, reúne muchos de sus hits cantados con artistas como Kutxi Romero, Bunbury, Raphael o el tristemente desaparecido Jorge Martínez, amigo y confesor del Loco.
El resultado, como era previsible, ha sido todo un pelotazo y ha dado pie a una gira por grandes recintos que el 8 de mayo hará escala en el Navarra Arena (con teclista navarro en la banda, Germán San Martín). Una oportunidad única para escuchar un repertorio apabullante.
Pero el tren nunca se detiene y Loquillo avisa: con este proyecto mainstreamconseguirá dinero para financiar su siguiente paso, que será, de nuevo, un ejercicio de audacia.