¿Puede la amistad sobrevivir al paso del tiempo, a la guerra, al rencor y a los secretos más inconfesables? Esta pregunta late en la novela Lobos de Urbasa de Iñigo Ubani Tirapu (Pamplona, 1972). Un homenaje a los vínculos que nos unen y nos definen como personas, incluso cuando el mundo comienza a desmoronarse a nuestro alrededor.
Lobos de Urbasa es su primera incursión en la literatura y ha elegido como escenario la sierra de Urbasa, Eulate en concreto, además de Madrid. Y el siglo XVII. ¿Por qué ese territorio y esa época?
–La sierra de Urbasa es uno de esos parajes míticos de Navarra. Los primeros recuerdos que tengo de allí pertenecen a mi infancia. Los curas de los Escolapios nos llevaban de excursión a Urbasa y alrededores; para nosotros eran lugares increíbles, nos hacían sentirnos libres y salvajes. A la localidad de Eulate, en las Améscoas, llegué por casualidad, ya que mi primera opción era ambientar la novela en la Burunda, al otro lado de la sierra. Pronto desistí de esa localización debido a que la Burunda no era tierra de carboneros y yo necesitaba uno. Esto me hizo poner el punto de mira en las Améscoas. Y en Eulate encontré lo que necesitaba para mi historia. Allí había carboneros, había aduana o tabla, como se las conocía en aquellos tiempos, y di con la figura de un personaje histórico que en 1608 vuelve de la guerra de Flandes al pueblo para recuperarse de las heridas sufridas en combate. Su nombre: Juan Álvarez de Eulate. Por otro lado, el siglo XVII es un periodo de la historia apasionante. He leído muchos relatos ambientados en aquella época y siempre me han atraído las novelas de capa y espada. También parte de la historia se desarrolla en las guerras del norte de Europa que libraban por aquellos años los tercios españoles.
¿Y por qué los lobos?
–Son seres legendarios. Cualquier noticia referente a ellos hace que mires en esa dirección. Son animales que generan controversia, pero nunca indiferencia. Para mí los lobos no son ni buenos ni malos, simplemente son lobos. Su instinto de supervivencia les hace actuar de la manera en la que lo hacen, muchas veces chocando con los intereses de los humanos. De ahí viene el conflicto. Pero el ser humano es el mayor depredador que hay sobre la tierra. Y a diferencia del lobo que actúa guiado por su instinto de supervivencia, el ser humano lo hace, en gran parte, por codicia, arrasando con todo.
Por lo que ha buceado en la Historia para documentarse, ¿cómo definiría el valle de las Améscoas, y la localidad de Eulate, en el siglo XVII? ¿Cómo eran?, ¿cómo se vivía allí?
–Las Améscoas eran tierra fronteriza, por lo tanto, una zona susceptible de que pasasen cosas. Ladrones de ganado y contrabandistas merodeaban por las sierras. Era una tierra agreste, aislada, remota; incluso hoy en día cuesta acceder a ella. Al norte, Encía y Urbasa; al sur, sierra de Lóquiz. La vida para los habitantes del valle era de subsistencia y sacrificada. Eran gente dura de verdad. Existían algunas familias con cierto poder y riqueza, pero la inmensa mayoría se afanaba en sobrevivir trabajando de sol a sol. En Eulate se hablaba el vascuence y la mayoría de sus habitantes eran monolingües. Era un pueblo con unas 60 casas, dos iglesias y un palacio cabo de armería, el de los Álvarez de Eulate. Curiosamente la fachada principal de ese palacio se encuentra en el Museo de Navarra, visible desde el Paseo de Ronda. Esperemos que esta fachada pueda volver pronto a Eulate.
También traslada al lector al Madrid de mayo de 1626, donde ocurre un terrible suceso con el que arranca y sobre el que pivota la trama de la novela.
–Sí, la novela arranca con un brutal asesinato en Madrid. Para conocer los hechos que han motivado tan violento acontecimiento y sus graves consecuencias, el lector deberá trasladarse casi 20 años atrás a la localidad navarra de Eulate. Allí comienza la historia. Por aquellos años Madrid era la capital del mundo. Un lugar tan apasionante como peligroso. En cualquier callejón, en cualquier esquina, te esperaba la gloria o la muerte. Me decidí por Madrid porque necesitaba un lugar muy lejano de Eulate, por lo que Pamplona no me servía. Que fuese en 1626 fue por aritmética, ya que la fecha clave para situar la novela en el tiempo la marca el regreso de Juan Álvarez de Eulate al valle en 1608, proveniente de las guerras de Flandes. Aunque no sea un personaje principal, me pareció relevante ese acontecimiento para dotar de verosimilitud al relato.
Mezcla realidad histórica y ficción. ¿Qué aspectos o sucesos referentes a la parte vinculada a Navarra sucedieron en la realidad y ha querido recuperarlos en esta novela?
–En la parte navarra de la historia domina la ficción, pocos acontecimientos relevantes sucedían en las Améscoas. Quizá el más relevante fuese el asesinato de Gonzalo de Albizu en 1586. Me valgo de este suceso para enfrentar en una parte muy concreta del libro a unas de las familias más poderosas del valle. También me parece importante el tema de las tablas o aduanas. Aunque Navarra ya no era un reino independiente a este lado de los Pirineos, seguía contando con sus propias aduanas, que controlaban el flujo de las mercancías tanto con Francia como con el resto de los reinos que formaban la monarquía hispánica. Ambos hechos me resultaban de interés para introducir personajes y enredar alguna de las tramas en la primera parte de la novela.
¿Qué puede contar sobre los protagonistas de su historia?
–Los principales personajes son puramente inventados. Es una novela muy coral, en la primera parte el lector puede ver cómo un grupo de niños va creciendo y forjando su amistad capítulo tras capítulo. También será testigo de la misteriosa vida de la madre de dos de esos críos. En la segunda parte algunos de estos personajes toman caminos diferentes. Madrid y los campos de batalla del norte de Europa serán los destinos de algunos de ellos, para acabar confluyendo en Madrid en el desenlace del misterio.
¿Se reconoce en la etiqueta de autor de novela negra a raíz de la publicación de esta historia?
–No me considero un escritor de novela negra. Esta novela está hecha para provocar emociones y sentimientos a quien la lea. La gente se emociona y se entristece; ríe y llora por igual. Sí es verdad que la novela tiene cierta dosis de misterio e intriga y que engancha al lector desde la primera hoja, pero de lo que realmente trata es del valor de la amistad. Me gustan los thrillers y las novelas de aventuras, y esta novela tiene un poco de ambas cosas, pero de lo que me dado cuenta al escribirla es de que el cuerpo me pedía ir más allá, me pedía ahondar en la personalidad y la psicología de los personajes. Esa ha sido la gran sorpresa para mí, y quizá por ello la novela haya cogido más peso y calado.
Para escribirla se ha apoyado en un historiador navarro y en un investigador y etnógrafo navarro de 83 años que describe como “la persona que más sabe de las Améscoas”... ¿Algo de lo que ha descubierto sobre el pasado de ese valle navarro le ha sorprendido?
–He sido asesorado por el historiador navarro y profesor de historia de la Universidad Complutense de Madrid, además de amigo, Álvaro Adot Lerga, y por Balbino García de Albizu, que como bien dices, no habrá nadie que sepa más de esta tierra que él. Esta novela debe mucho a estas dos personas. Ahora he sido consciente de la importancia que tienen personas como Balbino y Álvaro, sacando a la luz la historia que lleva enterrada siglos bajo el polvo. Sin gente como ellos no conoceríamos nuestro pasado. No es que me haya sorprendido nada en especial, pero sí que me he dado cuenta de lo dura que era esa gente y lo débiles que somos ahora; perdemos la conexión a internet unas horas y hay personas que se tiran de los balcones.
Presentó la novela en Eulate, ¿cómo la han acogido allí?
–La acogida ha sido muy buena, la novela está gustando mucho. La presentamos un sábado durante las pasadas navidades en un abarrotado ayuntamiento de Eulate. Para mí era muy importante ir allí, explicarles el porqué de Eulate y ver sus caras. Las caras de los descendientes de mis personajes. Fue una gozada, nos trataron de maravilla.
Es asesor fiscal. ¿Cómo está viviendo la aventura de sacar adelante una primera novela? Ha logrado que le publique la editorial navarra Lamiñarra...
–Pensaba que esto acabaría en una autoedición, sinceramente. Contacté con David Mariezkurrena, editor de Lamiñarra, a través de Balbino García de Albizu, ambos habían trabajado juntos en varios libros de etnografía e historia de las Améscoas. Tuve suerte, la verdad. Les pillé en el momento justo en el que la editorial se estaba abriendo a la narrativa y todavía no estaban recibiendo muchos manuscritos. Se leyeron la novela y les gustó. Lobos de Urbasa no puede estar en mejores manos.
¿Vendrán más libros?
–Sí, por supuesto. Quiero seguir escribiendo sobre los personajes de esta novela. Crear un universo Lobos de Urbasa, al estilo Taylor Sheridan y su universo Yellowstone. De momento estamos disfrutando de la promoción de este libro, pero ya tengo en mente con qué continuar.