Venía de un disco con mucha electrónica (Tercer cielo), ahora ha pasado a uno mucho más orgánico (Himno vertical). ¿Cómo surgió la idea de este cambio tan drástico?
Después de Tercer cielo tenía la pregunta de qué vendría después, pues aquel proyecto supuso para mí un salto, un riesgo grande que me sacaba de lo conocido hasta entonces. La pregunta de qué será lo próximo estuvo de fondo durante aquella etapa, de manera latente. Me parece que fue bastante clave no correr para responder a esa pregunta de manera precipitada. Me pude dar el tiempo necesario para encontrarme de manera orgánica. Encontrar en mí la inspiración, el rumbo, la compañía. Cuando sentí las ganas y la curiosidad, empecé a quedar con Pedro Rojas Ogáyar para jugar, componer, crear. No imaginábamos entonces que aquellos encuentros serían la semilla de un disco.
¿Podríamos decir que ha pasado de un disco más extrovertido a uno más introvertido?
Totalmente. Y esto responde a los ciclos naturales de la vida y de todo lo que es. A las fases de expansión les siguen otras de contracción, por pura lógica y necesidad. Así al menos lo percibí. Además, me encontré con circunstancias personales de una pérdida muy importante que marcó de manera significativa el proceso de gestación de Himno vertical. Desde el dolor de la pérdida, la necesidad es más al recogimiento y la introspección. Creo que se manifiesta claramente en el resultado del disco.
Ya ha mencionado al guitarrista Pedro Rojas Ogáyar, con quien ha creado este disco. ¿Cómo ha sido el trabajo conjunto?
Pues aunque suene a cliché, puedo decir que el proceso ha sido fácil y fluido. Puede tener que ver con que ambos estamos en un momento (entrando en la década de los 40) en que tenemos ya mucha carrera exigente a nuestras espaldas y quizás lo que más nos apetece en estos momentos sea jugar con la música. Este ha sido un gran punto de encuentro entre ambos. El permiso, la apertura a la improvisación, el diálogo a escuchar lo que la otra parte tenía que aportar. Estoy muy satisfecha tanto con el proceso como con el resultado.
Creo que el proceso creativo fue muy corto, en un par de meses ya lo tenían, ¿no?
Así es. Entramos en el verano de 2025 conociéndonos musicalmente y salimos con un disco bajo el brazo. Esta facilidad o rapidez la relaciono con lo que te comentaba antes de dar tiempo, no querer forzar. Es como esperar a que la fruta esté madura; cuando tenemos la paciencia de esperar, el fruto no necesita ser arrancado sino que cae por su propio peso. Algo así nos pasó.
Me llama la atención el trabajo vocal, hay veces que parece que esté ensayando, calentando la voz o improvisando. ¿De qué manera se lo ha planteado?
La exploración vocal es algo que me ha interesado desde siempre. Ya en 2017 presenté mi tesis doctoral sobre la técnica vocal en el flamenco. Luego seguí experimentando hasta que conocí a Bronquio y creamos Tercer cielo. En aquel proyecto, él filtraba mi voz de mil maneras como hace la producción de música electrónica, encontrando ecos de mi voz completamente novedosos. Esta vivencia supuso un estímulo para investigar de manera orgánica nuevos colores, texturas de mi voz sin necesidad de la máquina. Y el resultado aparece en Himno vertical constantemente. El grupo, el susurro, la voz hablada, la gestualidad sonora y todo tipo de ruiditos que me encanta ir descubriendo. Me interesa y divierte difuminar fronteras, ensanchar los espacios entre, por ejemplo, entre la voz cantada y la voz hablada.
En el disco tienen mucha importancia los textos. Creo que la chispa creativa surgió de un poemario (Poesía vertical, de Roberto Juarroz), y que las letras las ha trabajado con Carmen Camacho. ¿Cómo las ha construido?
En el momento de la composición musical, trabajamos con la Poesía vertical de Juarroz, poeta místico del siglo XX que se sitúa muy en coherencia con nuestro posicionamiento artístico actual. Desde aquí, una vez creada la música, entré a crear las letras inspirándome en este poemario. Ha sido la primera vez que he compuesto la integridad de letras de un disco, contando por supuesto con la inestimable ayuda de Carmen Camacho, quien entró en una última fase para pulir, redondear y afinar.
La portada es muy llamativa, también; una especie de bodegón con objetos que entiendo que serán importantes para usted. ¿Qué significado tiene?
Hace un año realizamos aquella sesión que supuso un ritual en sí mismo. Nada de IA. En la imagen hay decenas, cientos, de objetos significativos de mi vida. Queríamos cargar el espacio de todas esas memorias, pues de alguna manera forman parte de mí y también del disco. Es maravilla fue ideada y ejecutada por Lugadero.
Se trata de un disco autoeditado. ¿Por qué ha decidido hacerlo de esta manera? Hasta ahora había trabajado con Universal.
Después de una etapa larga y satisfactoria siendo artista de una multinacional, entendí que lo más coherente conmigo era autoeditarme. Es un posicionamiento artístico y político de soberanía y responsabilidad con mi obra.
En la gira de Tercer cielo, que ya pasó por Pamplona en dos ocasiones (Museo Universidad de Navarra y Zentral), la puesta en escena estaba muy cuidada. ¿Cómo van a ser los conciertos de este Himno vertical?
Con Tercer cielo abrimos la dimensión escénica en el directo y esto supuso para mí un antes y un después. Así que ahora con el nuevo proyecto volvemos a dar su importancia al espacio, las luces, el vestuario y la interpretación corporal, gestual y de movimientos. Lo vivo como una multiplicación de la presencia escénica y me lleva a un disfrute y conexión aún mayores. En Tercer Cielo la dirección escénica fue de Antonio Ruz y en Himno vertical ha sido Fran Torres. Roberto Martínez ha acompañado ambos procesos. Es un regalo estar tan bien acompañada siempre.
Por cierto, entiendo que los dos espectáculos van a convivir, porque Tercer cielo que sigue girando todavía.
Efectivamente, llegamos a Pamplona directos de Zamora donde hemos interpretado Tercer cielo, que se acerca ya a las 100 funciones. Nos sentimos muy agradecidos de la acogida que han tenido ambos proyectos.