La verdad visual se pone a debate en la nueva cita con Los Febreros de Ormolú, que la galería de Paulino Caballero dedica a la fotografía.
Tres miradas muy personales y muy diferentes entre sí exploran la disolución de la frontera entre lo real y lo verosímil en una muestra que, bajo el título PHOS + GRAPHÉ: La materia de la luz, cuestiona la naturaleza de la imagen contemporánea en la era de la Inteligencia Artificial y la posverdad.
Lorena Cosba, el navarro Mikel Muruzabal y Josu Izarra dialogan con sus obras en esta propuesta expositiva, que puede recorrerse hasta el próximo sábado 28.
A partir de los universos artísticos de estos tres destacados autores, Ormolú articula un recorrido ontológico por tres estados de la imagen, la memoria física, la expansión híbrida y la síntesis algorítmica, para abordar el desafío que plantea Joan Fontcuberta: la transición de la fotografía documento a la era de la posverdad.
Tres respuestas ante la crisis de lo real
Cuando Fox Talbot definió la fotografía en el año 1844, la llamó “el lápiz de la naturaleza”: un espejo fiel de la realidad. Durante casi dos siglos vivimos bajo esa certeza. “Hoy, sin embargo, sabemos que el espejo se ha roto”, plantea la galería.
A reflexionar sobre la imágenes que nos rodean, que se nos lanzan la mayoría de las veces en pantallas, y sobre la manera en que las consumimos, invita PHOS + GRAPHÉ: La materia de la luz, una oportunidad para superar el debate técnico y adentrarnos en el filosófico: en un mundo donde lo tangible y lo imaginado son indistinguibles, ¿qué valor le damos a la mirada?
El nuevo febrero de Ormolú es algo más que una exposición de fotografía; “es una invitación a debatir qué nos queda cuando el referente real desaparece. Nos queda, sin duda, la intención del autor”, aseguran desde la galería pamplonesa, deseando que el público se acerque a este recorrido fotográfico que no deja indiferente.
Las aportaciones de Lorena Cosba, Mikel Muruzabal y Josu Izarra son tres respuestas ante la crisis de lo real. Tres estrategias visuales opuestas para enfrentarse a la desmaterialización de la realidad.
Memoria familiar
Por un lado, Querida Feli, de la fotógrafa y artista oscense Lorena Cosba, reivindica la memoria familiar frente a la volatilidad digital.
Sus piezas únicas sobre soportes orgánicos anclan el recuerdo a una verdad física –y artesanal– que se puede tocar, y que no deja lugar a la duda: ahí late con fuerza eso que llamamos arte.
Con presencia en festivales como Asalto o Delas Fest, Cosba presenta una reinterpretación del álbum familiar mediante procesos experimentales. La creadora se sirve de diferentes técnicas analógicas para transformar esas fotografías que recopila y, desde ahí, “explorar los límites de la fotografía y buscar la investigación formal, la vuelta a la fotografía tal y como nació”, dice ella misma.
En la colección que presenta en Ormolú se encuentran fotografías del álbum familiar reveladas sobre elementos naturales, emulsiones fotográficas coloreadas a mano, imágenes compradas en rastros o encontradas y posteriormente manipuladas… “Un elogio a lo experimental, al placer de los procesos lentos, al camino más que al resultado”, dice Cosba, que ejerce como profesora de foto analógica y procesos antiguos en la Escuela Spectrum de Zaragoza.
Expansión hacia el "paisaje mental"
Horizonte interior da título al proyecto que presenta en esta exposición-diálogo Mikel Muruzabal (Pamplona, 1977).
Avalado por premios como el LUX de Oro, el Fuji ProMaster y los Premios Fígaro, el fotógrafo navarro nos coloca frente a una propuesta donde el desierto actúa como escenario surrealista.
Muruzabal combina fotografía de estudio, CGI e IA (Inteligencia Artificial) para expandir la narrativa visual hacia el “paisaje mental”. En sus propias palabras, Horizonte interior “es un proyecto que explora el proceso creativo desde la fotografía tradicional hasta la intervención digital y la inteligencia artificial. Las imágenes parten de retratos realizados en estudio, que luego modifico mediante retoque fotográfico, archivo visual y herramientas de IA. Así construyo escenas que se sitúan entre lo real y lo imaginado”.
LA EXPOSICIÓN
- Qué. PHOS + GRAPHÉ: La materia de la luz. Exposición dedicada a la fotografía, con obras de Lorena Cosba, Mikel Muruzabal y Josu Izarra.
- Dónde. Galería Ormolú (Paulino Caballero, 42 - bajo, Pamplona).
- Cuándo. Hasta el próximo 28 de febrero incluido, de lunes a viernes en horario de 9.00 a 14.00 y de 18.00 a 20.00 horas, y sábado de 11.00 a 14.00.
El desierto aparece aquí como un territorio simbólico: “un espacio de silencio, soledad y horizonte abierto donde mi mente encuentra claridad”, dice Mikel Muruzabal, que reconoce en su obra “influencias literarias y visuales como Dune, Pedro Páramo, Centauros del Desierto o el universo de Moebius, que conviven con recuerdos personales, como la figura de una mujer vestida de negro, mi abuela, caminando sola por los secarrales de la Navarra Media”.
El surrealismo atraviesa toda la serie como el “lenguaje natural” de este fotógrafo-artista, como “una forma de cuestionar la realidad y expandirla”.
Este trabajo, apunta Muruzabal, “no busca sustituir la fotografía por la inteligencia artificial, ya que lo que más me gusta es hacer fotos y manipularlas, sino utilizarla como una ampliación del proceso creativo, de las posibilidades visuales y narrativas”.
La IA reactiva iconos de la Historia del Arte
El desafío definitivo lo plantea en esta exposición Josu Izarra (Vitoria-Gasteiz 1979), fotógrafo multipremiado (Goya en la categoría Industrial-Publicidad, LUX, WPC) y Maestro Fotógrafo por la FEPFI (Federación Española de Profesionales de la Imagen).
Premio Nacional de Inteligencia Artificial 2024, el vitoriano sorprende al público espectador con La memoria del artificio, una propuesta apropiacionista donde la IA reactiva iconos de la Historia del Arte –La Gioconda de Da Vinci, La joven de la perla de Vermeer o El dormitorio en Arlés de Van Gogh, entre otros–, con una estética saturada y teatral.
Así, esas imágenes icónicas son reactivadas, transformadas y llevadas a un territorio contemporáneo marcado por el artificio, el exceso y la construcción consciente de la imagen.
“La inteligencia artificial no actúa aquí como sustituto del autor, sino como un nuevo espacio de diálogo. Funciona como archivo, intérprete y generador, capaz de absorber siglos de iconografía y devolverlos convertidos en imágenes que ya no pertenecen del todo al pasado ni completamente al presente”, se apunta en la presentación de una muestra cuya estética está cercana al universo visual de David LaChapelle.
“La memoria del artificio propone así una reflexión sobre cómo recordamos las imágenes y cómo las tecnologías actuales reescriben esa memoria”.