Agustina Guerrero: "Quise hacer un libro que fuera una oda a la vida, al valor de cada día”
Autora argentina afincada en Barcelona, charla acerca de ‘Hoy’, trabajo por el que el jueves 26 de marzo recibió el Premio de las Librerías de Navarra a la mejor novela gráfica de 2025
Se trata de “una historia íntima donde los pequeños detalles evocan grandes historias”. Así, “una flor encima del teléfono nos hace reflexionar sobre lo urgente y lo importante, unas diapositivas antiguas nos llevan de la mano para reencontrarnos con una arquitectura que de tanto verla se ha vuelto invisible, una canción que nos recuerda que hoy puede ser un gran día y mañana también”. Así justificó la Asociación de Librerías de Navarrael premio concedido a Hoy (Lumen), novela gráfica que gira en torno a una idea muy sencilla pero potente: qué pasaría si un día decidieras romper con tu agenda y te permitieras pasear, observar y estar presente.
La obra de Agustina Guerrero se caracteriza por una mirada íntima y honesta sobre la vida cotidiana, donde lo emocional y lo aparentemente sencillo adquieren una profundidad inesperada. A través de un estilo gráfico reconocible y cercano, sus historias exploran temas como la identidad, las relaciones, la pérdida o la necesidad de detenerse en medio del ritmo acelerado actual. Uno de sus mayores éxitos es la serie protagonizada por La Volátil, su alter ego ilustrado: una mujer espontánea, intensa y vulnerable que refleja con humor y sinceridad las contradicciones del día a día, las relaciones y los altibajos emocionales.
¿Cómo recibió la noticia de este premio y qué le pareció viniendo de las librerías?
–Cuando mi editora me llamó para comunicármelo, sentí una alegría inmensa. Fue una emoción muy especial porque, cuando tuve el libro por primera vez en mis manos, me generó bastante vértigo. Pensaba: ‘¿A quién le va a interesar esto?’ Es un libro muy centrado en la observación, en la presencia, en algo que a priori puede parecer sencillo, y este reconocimiento me confirma que hay una necesidad real de parar y de reconectar con lo cotidiano. Además, que el premio venga de librerías lo hace aún más significativo para mí. Lo recibo con muchísima ilusión y gratitud.
¿Sigue creyendo en el valor de la librería física y en la conversación con libreros y libreras?
–Totalmente. De hecho, que el premio lo otorguen libreros y libreras le da un valor añadido muy importante. Siempre he defendido las librerías como espacios culturales vivos. Durante la promoción del libro, he intentado acudir a todas las que me han invitado, porque siento que es una forma de apoyar ese tejido. El librero no solo vende libros, también orienta, recomienda, genera comunidad. Es alguien que puede conocer tus gustos y acompañarte en tus lecturas. Frente a la inmediatez de la compra online, ir a una librería implica dedicar tiempo, y precisamente eso conecta mucho con el mensaje del libro.
Recibe este premio por su obra más reciente, ‘Hoy’. ¿De dónde surge este libro, que, además, supone un cambio de tono en su trayectoria?
–Hoy fue transformándose a lo largo del proceso. Al principio tenía en mente otro proyecto completamente distinto, más cercano a la ficción: un paseo por distintas décadas de Barcelona, con encuentros entre personajes. Sin embargo, durante ese proceso falleció un amigo muy cercano, Sebastián, a quien está dedicado el libro. Eso me obligó a detenerme, a hacer una pausa profunda. En ese silencio entendí que necesitaba escribir otra cosa, algo más esencial. Sentí la necesidad de hacer una oda a la vida, al valor de cada día. Su pérdida fue un punto de inflexión que me llevó a replantear el libro por completo y a darle el sentido que finalmente tiene, que es celebrar el estar vivo.
El libro invita a reflexionar sobre cómo vivimos el día a día. ¿Qué importancia tiene eso para ti?
–Para mí es fundamental. La mayoría de nuestros días son cotidianos, y, sin embargo, tendemos a vivir esperando momentos excepcionales: el fin de semana, las vacaciones… Mientras tanto, los días pasan. Me interesa reivindicar el valor de lo común. Darnos pequeños espacios de presencia, detenernos a observar lo que nos rodea, conectar con lo que estamos haciendo en cada momento. Muchas veces funcionamos en automático, con la mente en otro sitio. Recuperar esa atención consciente transforma la manera en que vivimos.
¿Cómo trabaja esa idea de la presencia en lo cotidiano?
–A través de pequeños gestos. Puede ser salir a caminar, observar un detalle del entorno, prestar atención a algo tan simple como el agua en la ducha. Son momentos muy breves, pero tienen mucho valor. También busco actividades que me ayuden a salir del ruido mental, como pasear, viajar con mi familia o practicar pilates. No se trata de grandes cambios, sino de introducir pequeñas pausas que nos permitan reconectar.
¿Su libro es también una forma de mirar Barcelona desde otra perspectiva?
–Sí. Barcelona es una ciudad muy conocida internacionalmente, pero suele mostrarse siempre desde los mismos lugares. A mí me interesaba enseñar una Barcelona más íntima, la que yo habito, la de los barrios, las tiendas de siempre, las personas que forman parte de la vida cotidiana. Al mismo tiempo, es una invitación a que cada lector pueda hacer ese mismo ejercicio en su propia ciudad y mirar con más atención lo que le rodea.
Hábleme del uso del color.
–El uso del color fue clave para acompañar el estado emocional del personaje. Al inicio predominan los tonos fríos, que reflejan esa desconexión y ese ritmo acelerado. A medida que el personaje entra en contacto con el presente, aparece el rosa, que simboliza ese cambio, esa apertura. Fue una decisión que tomé en una fase avanzada del proceso, al darme cuenta de que necesitaba marcar ese contraste también a nivel visual.
El personaje vuelve a su vida diaria con otra mirada. ¿Qué significa ese regreso?
–Ese regreso es muy importante porque no plantea una huida, sino una reconciliación. La idea no es escapar de la vida cotidiana, sino aprender a habitarla de otra manera. Volver a casa y sentirla como un lugar de bienestar, como un refugio, implica aceptar lo que tienes y cambiar la forma en que te relacionas con ello. Es un mensaje de integración más que de evasión.
Su obra tiene un fuerte componente autobiográfico. ¿Cómo gestiona esa exposición?
–Mis libros parten de experiencias reales, son autobiográficos en ese sentido, pero al mismo tiempo hay una construcción narrativa. Yo decido qué contar y cómo contarlo. En cambio, en mi vida personal soy bastante reservada, especialmente en redes sociales. No comparto mi intimidad ni la de mi familia. No voy a mostrar la paella del domingo. Esa separación me permite sentirme cómoda: una cosa es la obra y otra mi vida privada.
¿Qué le ha aportado este libro como persona y como artista?
–Como persona, me ha recordado la importancia de cuidar esos pequeños espacios que me hacen bien. Soy alguien que disfruta mucho de las cosas sencillas, pero a veces no les estaba dando el lugar que merecen. El libro ha sido una forma de recordármelo. Como artista, ha supuesto varios retos: escribir en presente, que nunca lo había hecho; explorar el uso del color de forma más narrativa, cuidar los encuadres y el ritmo visual, evitar redundancias entre texto e imagen… Cada libro es un aprendizaje. Y ahora siento también la necesidad de explorar un tono más ligero, de disfrutar más en el proceso creativo.
“Este reconocimiento me confirma que hay una necesidad real de parar y de reconectar con lo cotidiano”
¿Cree que ahora necesitamos más ese tipo de obras?
–Sí, creo que estamos en un momento en el que se agradecen mucho las historias que ofrecen pausa, ligereza, incluso humor. Obras que funcionen como un respiro, como una pequeña pausa dentro del ritmo diario. Que te permitan desconectar y, al mismo tiempo, reconectar contigo. Como artista, ahora tengo muchas ganas de dejar de lado los temas fuertes como los que traté en El viajeo en La compañera, que eran muy introspectivos, y disfrutar de los simple, divertirme y divertir también al lector.
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