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Fátima FrutosEscritora

“Yo aspiro a perdurar, escribo por la convicción de que lo que cuento va a interesar a la generación de mis nietas”

Ha sido Premio Nacional de Textos Dramáticos por su obra ‘Tiempo de mareas’. Un nuevo galardón para una escritora multidisciplinar cuyos poemas se han visto adaptados a la ópera

“Yo aspiro a perdurar, escribo por la convicción de que lo que cuento va a interesar a la generación de mis nietas”Unai Beroiz

Fátima Frutos (Donostia, 1971) cumple 55 años con el Premio Nacional de Textos Dramáticos bajo el brazo. Trece obras y once premios. El nuevo galardón premia un relato teatral sobre el exilio de Carlota O’Neill en 1949, escrito por una escritora que a pesar de su palmarés, se siente más reconocida fuera de las fronteras navarras que en nuestro propio territorio.

Usted fue precoz en la literatura.

-Empecé a escribir con 14 años. 

Leía poesía de la Generación del 27.

-Con 12 o 13. Yo era una niña muy tímida, todo lo contrario que ahora. Mi barrio donostiarra tenía muchos conflictos sociales. Había muchas huelgas, manifestaciones, redadas, droga, prostitución, mucho de todo. Yo veía la calle como un lugar peligroso. Me iba a la biblioteca de la Plaza de la Constitución, donde había calefacción, al contrario que en mi casa, y ahí me pasaba horas y horas. 

Algo habitaría en usted...

-Tuve muy buenas profesoras de literatura. Y mi abuela, aunque no sabía leer ni escribir y firmaba con el dedo, se aprendió en Radio Pirenaica los versos de Miguel Hernández de memoria. 

Eso último transmite mucho. 

-Sí, mi abuelo era un exiliado de la guerra, oficial en el bando republicano, salió herido del frente de Teruel, se fue a Francia y murió allí. Mi abuela pasó la muga cuando pudo, y se encontró con que mi madre se había muerto en mi parto. Yo estaba en un centro de atención a huérfanas, me recuperó y me crió en Gipuzkoa. Para mí la memoria del exilio está siendo importante ahora que he pasado los 50 años y que puedo reflexionar con más serenidad sobre ese fenómeno.

La edad...

-A veces el dolor del exilio se transmite de generación a generación. Por eso nunca es bastante el trabajo a favor de la memoria histórica. Siempre hay que consolar, rescatar y hacer justicia con esas generaciones que se tuvieron que marchar. La literatura es una forma de compromiso. 

¿Y en su caso también algo de reparación?

-Sí, sin duda ninguna. 

¿La falta de su madre dejó huellas?

-Sí, por supuesto. La falta de la madre y del padre, la orfandad, es algo que marca para toda la vida. Nunca te olvidas de que eres huérfana. Nunca, nunca. Siempre tienes un agujero negro de amor, porque te falta esa primera voz de la madre y ese primer abrazo; ese pálpito que yo escuchaba cuando estaba dentro lo perdí al salir.

Por más que su abuela tomara el rol.

-Claro, era la que proveía y trabajaba para que hubiera un plato de comida. Ella me educó. Pero echo de menos constantemente el latido de mi madre y también la figura paterna. El no tenerla me hizo una niña tímida y luego una jovencita bastante rebelde, subversiva e irreverente.

Este premio teatral le reafirma en la madurez de su carrera.

-Yo no puedo sacar cada año un libro, necesito un periodo de documentación, de reflexión y de realización. Con este premio de la Escuela Superior de Arte Dramático del Principado de Asturias, es el cuarto género literario en el que soy premiada. 

Lo habitual es abarcar solo un género

-Yo hago todo (se ríe). Gané el Premio Ciudad de Irún de poesía, El Alberto Llovell nacional de novela, con ‘La Selva bajo mi piel’, en relato gané el María de Maeztu, el único que se me ha dado en Navarra o este de teatro en Asturias. Me gustan todos los géneros, porque me gusta la literatura en su conjunto. Yo me quedo prendada de una historia. Por ejemplo, con Tiempo de Mareas, de la figura de Carlota O’ Neill, extraordinaria escritora, persona de mucha enjundia, viuda del navarro Virgilio Leret. Tengo un compromiso de vindicación y memoria con perspectiva de género y feminista. 

Por méritos propios.

-Porque si bien conocemos a grandes hombres que en el exilio hicieron una labor importantísimo, como Max Aub, Salvador Elizondo o León Felipe, quizás tienen un reconocimiento superior al de estas mujeres que no solo sostuvieron carrera literaria, sino que además en el caso de Carlota O ‘Neill crió sola a sus hijas. Esto es algo que hay que visibilizar. 

Usted tiene un poemario, ‘Andrómeda encadenada’, adaptado a ópera, estrenado en Barcelona en 2021 y en Frankfurt en 2022.

-En general las adaptaciones de obras a óperas vienen del mundo de la novela, pero no se había dado el caso en el Estado que un poemario completo, que ganó el Ciudad de Irún en 2011, se transformaran en libreto operístico. Esto es la primera vez. Recuerdo que cuando me llamaron para proponerme la adaptación era 28 de diciembre. 

No me diga más...

-Yo no me lo creía, pero luego vi que era verdad. El equipo musical entero, maravilloso, era catalán. Me sentí una más y me hicieron superfeliz. 

En octubre volverá al Palau de Barcelona con la misma obra.

-Sí. En el estreno en 2021 estuve acompañada de unas 30 mujeres de Artajona, porque tengo muchas amistades allí. Fueron las primeras que se levantaron del asiento al finalizar el espectáculo para aplaudir. 

Vivencias como las que cuenta le reafirman como escritora.

-Este oficio es duro, todo es cuestión de la vocación. Yo tengo mucha. 

Pero vender libros es un milagro.

-Es difícil, tengo un hijo librero, sé lo que es ese mundo, pero la literatura va más allá del negocio. Cuando yo escribo, escribo para las siguientes generaciones.

¿Pero no seremos un olvido?

-Yo espero que no. Yo aspiro a perdurar. Cuando me preguntan que por qué escribo, aparte de por vocación, por la convicción de que lo que cuento va a interesar no solo a mis contemporáneas, sino a la generación de mis nietas. 

¿Esa aspiración contiene una vocación de trascendencia?

-Por supuesto. ¿Qué escritoras no aspiraron en su día a que otras generaciones las leyesen, las valorasen, las rescatasen del olvido? 

No siente reconocimiento en Navarra, y lo ha buscado fuera.

-Vivo con dolor que por ejemplo nunca haya sido invitada a participar en un club de lectura de las bibliotecas de Navarra. Hay personalidades del mundo de la literatura que sí han tenido un reconocimiento extraordinario y merecido en Navarra y que además han tenido recursos y dinero público a espuertas. Mientras personalidades de la literatura nadan en la abundancia hay otras que nos tenemos que buscar la vida como podemos. 

Pasa temporadas en Málaga. 

-Me he ido a raíz de no estar aquí reconocida. Paso cuatro meses al año ahí. Me voy porque aquí yo no me siento querida.

¿Y allí, en el sur?

-Sí. me he recorrido bibliotecas en Málaga, la Asociación de Escritoras de Málaga me llena las presentaciones y me da muchísimo cariño...

¿Por qué cree que es eso?

-El sur es más acogedor, y no soy de allí. Lo de que nadie es profeta en su tierra se cumple. Me acogen porque llega la navarra o la donostiarra y me pasean como el ave raris.  

¿Sus vivencias malagueñas están influyendo en su literatura?

-Sí, ese aperturismo y calidez probablemente se refleje. Pero todas mis obras están escritas en Pamplona.

¿Y eso?

-Porque necesito concentración. Para documentarme o promocionar me voy para el sur, pero para encerrarme seis meses y escribir un libro lo hago en mi casa del barrio de San Juan.

 ¿Cómo le afecta la deriva mundial? 

-La cultura juega un papel importante de resistencia y de lucha ante un fascismo de nuevo cuño, que es el que estamos sufriendo. Un fascismo adaptado al siglo XXI, pero son los mismos Goebbles, los mismos Hitlers y los mismos tipos que llevaron a Europa a la destrucción, ahora revestidos de tecnócratas y de políticos sin escrúpulos. ¿Cómo me afecta? Yo hablaba mucho de este tema con mi editor de Alberdania, Jorge Giménez Bech, que fue el que publicó Andrómeda encadenada y estuvo en el estreno en Frankfurt. Le echo mucho de menos, como también a mi maestro Tomás Yerro.

Fallecidos ambos.

-En ese estreno también me acompañó Daniel Innerarity, que estaba en la feria del libro y se acercó. Nunca se me olvidará que el único navarro que me acompañó fuera él. 

Un bonito detalle. 

-Tenemos que luchar por mantener aquellos derechos de las mujeres que ya nuestras abuelas lucharon por conseguirlos. No es que tengamos que luchar como escritoras, intelectuales, feministas por mantener el legado de nuestras abuelas, sino para no retroceder. 

¿Y el mundo de la cultura?

-Es una primera trinchera, a través de las redes sociales gobernadas por los feudo tecnócratas se han apoderado del ámbito cultural y de los medios de comunicación, como campo de batalla para que sus planteamientos retrógrados en contra del humanismo y la humanidad consigan sus objetivos. Se avecinan tiempos oscuros. Con más muerte de mujeres, si tumban políticas de igualdad, con más violencia hacia nosotras, y un retroceso en los derechos, en igualdad salarial, interrupción del embarazo...

¿Eso se consumará? 

-Lo estamos viendo en Europa.

¿Y aquí?

-Vamos a hacer todo lo posible para que no llegue. Políticamente en la izquierda tenemos que unirnos. me da igual que usted sea verde, morado o marrón claro. 

Hay que creérselo.

-Sí, pero es tan urgente... feministas, ecologistas, animalistas, izquierdistas... todos a una. Yo, que estoy enferma del corazón, por mi salud, por mi trayectoria como literata mi única arma es la palabra. pero eso sí, la voy a poner a pleno rendimiento. Ahora lo único que me sirve es hablar de unidad para avanzar, no vamos a permitir que nos hagan retroceder. Antes que escritora soy clase obrera y feminista. Me voy con Celaya, ‘la poesía es un arma cargada de futuro’. Prepárense fuera o dentro de Navarra. Lo único que me puede echar atrás es que la salud me juegue una mala pasada. 

Toquemos madera y que no sea así.

-Si la salud me respeta, voy con todas mis fuerzas a poner en marcha un frente literario-cultural que reivindique la no desaparición de los derechos de las mujeres.