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Luz CasalCantante y compositora

“No quiero encajar en lo que se supone que tiene que ser, ahí me permito ser macarra”

Dos citas han traído a Navarra a Luz Casal: este jueves 7 de mayo participa en los conversatorios de la biblioteca de Civican (19.00 horas), y el viernes llevará su música en vivo al festival Estaciones Sonoras de Cascante

“No quiero encajar en lo que se supone que tiene que ser, ahí me permito ser macarra”Javier Biosca

Luz Casal(Boimorto, A Coruña, 1958) se reconoce en su raíz rockera, la del “inconformismo”, “el no dar por seguro casi nada”, dice la artista, a la que no le gusta maquillar lo que no resulta atractivo. Esa honestidad y ese ejercicio de libertad que ha abanderado durante más de 40 años en la música y que le ha ayudado a sanar en la vida –la enfermedad del cáncer en dos ocasiones–, las mantiene vivas y se nota en su último disco, Me voy a permitir, con temas que son “diarios sonoros” de este presente complejo. La cantante gallega siente que tiene en la música y en la literatura dos grandes compañeras.

¿Qué representa en su vida el arte de las letras al que está tan unida por la música?

–Como letrista, le debo muchísimo no solo a la poesía, sino a la literatura en general. No tener un cierto conocimiento en este sentido sería como dedicarte a la música y no saber que antes que tú ha habido gente importante, ha habido compositores de muchos estilos... Siento que le debo mucho a la literatura. Y luego está la propia satisfacción de leer, el placer de vivir a través de un determinado personaje, o de dar con una frase estimulante que te sirve para lo que estás escribiendo en ese momento.

¿Tiene algún libro al que vuelva de vez en cuando?

–Bueno, están los clásicos y en mi caso, que fue un descubrimiento enorme, los clásicos rusos, de Dostoievski a Tolstoi; a ellos vuelvo pero muy de vez en cuando, porque hay tanta oferta literaria que siento que no me quiero perder muchas cosas... Y a la poesía sí vuelvo con relativa frecuencia, a autores con los que me siento estimulada, acompañada.

¿Qué autores?

–Quizá al que más recurro es a Gil de Biedma, curiosamente. Digo curiosamente porque podría ser Antonio Machado, o podría ser Baudelaire, o Verlaine, podrían ser tantísimos otros... pero al que más vuelvo es a Gil de Biedma.

“Creo que sé organizar mi tiempo sin dejarme llevar por lo que el ritmo del exterior me marque, y eso me da satisfacción”

¿Qué encuentra en él?

–Pues aparte del amor, el amor sin límite y el amor físico ensalzadísimo, encuentro lo cotidiano.

¿Ahora mismo está leyendo algo?

–Sí, claro, siempre estoy leyendo algo. Ahora estoy leyendo una novela que un conocido mío, José Ángel Mañas, ha dedicado a Berenguela, un personaje importante históricamente; ha hecho un trabajo súper entregado y aunque yo no sea historiadora y no tenga un conocimiento amplio de ese periodo de nuestra historia, me resulta atractivo leer sobre la época en la que una mujer fue tan especial.

Vivimos rodeados de tanta tecnología, empantallados, que abrir un libro es más que nunca un acto extraordinario, por todo lo que aporta. Y no digamos ya el hecho de dedicarle a la lectura el tiempo y el ritmo que merece, pausado, sin prisa, sin ansia de acabar ya.

–Yo es que, como viajo mucho, hay momentos en los que siento que el paisaje no me dice nada, porque vas por una autopista y cuando determinado tipo de árbol se repite hasta la saciedad, ya no tiene interés, ¿sabes? Entonces, que te ofrezcan la posibilidad de estar en el desierto, pues ya es importante. Para mí la lectura será siempre una gran compañera, la siguiente en orden de importancia después de la música.

“Que tengan cabida los errores en un directo de música es estimulante, que pueda pasar de todo, no ser una máquina perfecta”

Van un poco de la mano, ¿no?

–En mi caso, sí, sin duda, desde muy pequeña. No entiendo la vida sin música y no entiendo la vida sin la literatura con todas sus todas sus variantes, desde un ensayo a una novela negra o histórica, un cuento, la poesía... En fin, todas.

Luz Casal, en una imagen promocional de su último disco, 'Me voy a permitir'.

¿Consigue entonces abstraerse de esa aceleración que parece que se nos quiere imponer en la vida y que ha cambiado también el consumo de la música? Porque ya es difícil que alguien se siente a escuchar un disco entero, a bucear sin prisa en el concepto de un trabajo... Y por otro lado el directo cobra más sentido que nunca, ¿lo vive así?

–Bueno, el directo... Hay directos y directos, ¿no? Hay directos que parecen directos pero que no lo son; y hay directos que lo parecen y lo son. Desde luego yo estoy en la categoría segunda. O sea, nosotros tocamos y puede pasar de todo en cada concierto. Por poner un símil, somos una máquina engrasada pero no una máquina perfecta, con lo cual siempre caben los errores que son ciertamente estimulantes, aparte de que te provocan en algunos casos vértigo, ¿no? Pero yo creo que, como en casi todo, puedes combinar las cosas; puedes usar la tecnología, yo a lo que me niego es a que solamente sea la tecnología. Yo uso la inmediatez de la tecnología, pero luego cultivo el gusto de escuchar, de leer a mi ritmo, sin necesidad de entrar en esa corriente de tendencias. O sea, toda la gente quiere ir a ver un concierto determinado, pues si a mí el cuerpo no me pide ir a ese concierto, no voy, aunque eso implique estar como descolocada. Aunque la gente me diga que “hay que verlo porque es el mejor del mundo”. Igual no tienes esa necesidad y a lo mejor te entretienes, yo qué sé, jugando al parchís. Creo que sé organizar mi tiempo sin dejarme llevar por lo que el ritmo del exterior me marque, y eso me da satisfacción.

"Siempre he intentado no llevar una gran mochila, una mochila en la que no estén los traumas infantiles, en la que no esté el rencor"

La artista gallega visitará este jueves la biblioteca de Civican y llevará su música en directo el viernes a Cascante, en el marco de Estaciones Sonoras Edición Primavera.

A sus 67 años ha vuelto con fuerza con un disco que confirma que sigue teniendo mucho que decir. El título habla por sí solo: Me voy a permitir. ¿Qué se ha querido permitir con este trabajo? ¿Va en la línea de esto que comenta, de no tener esa necesidad de encajar en tendencias o en determinados ritmos?

–Exactamente, este disco tiene por un lado ese sentido. Sobre el porqué del título, habría muchas explicaciones sobre las que podríamos hablar largo rato; una explicación es que me he permitido hacer como dos caras en un disco: la cara de la intérprete que versiona canciones y la cara de la cantante que compone, escribe y produce algunas canciones. Una refleja el pasado y otra refleja el presente. Pues ya es permitirse, cuando no tienes un álbum conceptual o un álbum que tenga un estilo muy definido, ¿no? Eso por un lado. Y luego me mueve el mostrar, con una cierta gracia o un cierto desparpajo, aquello que generalmente se tapa porque no es lo más atractivo. Cuando digo me voy a permitir ser macarra, no es que yo me considere macarra ni que sea mi propósito, pero si en algún momento lo soy, no voy a maquillarlo. No quiero encajar en lo que alguien supone que tiene que ser. Por otro lado es lo que he hecho toda la vida. Saltarme esas reglas. Tienes que ser rockera y no te puedes permitir ponerte un vestido de organza. ¿Dónde está dicho eso?, ¿quién lo ha dicho? Yo me pongo mi cuero y me pongo mi organza cuando me dé la gana.

"¿Quién dice que si eres rockera no te puedes poner un vestido de organza? Yo me pongo mi cuero y mi organza cuando me dé la gana"

Toda su vida, como dice, ha ejercitado esa libertad, ¿pero cree que conforme se van cumpliendo años se va todavía más ligera por la vida?

–Yo siempre he intentado no llevar una gran mochila, una mochila en la que no estén los traumas infantiles si los hubiera, en la que no esté el rencor si lo hubiera... He intentado no tener al despertar cada día la pesadez de decir: “Ay, Dios, esto es un coñazo”. O sea, quitarme todas aquellas cosas que vas dándote cuenta que no te interesan, que no te gustan, que puedes llegar incluso a despreciar. En ese sentido, yo creo que para algo vale la experiencia. Si no, malamente.