“Parece que el punk se ha vuelto de derechas pero eso no es punk, es sometimiento”
Leihotikan despide su gira 30º aniversario este sábado 16 de mayo en la sala Tótem, donde estarán acompañados de Ezpalak; será el último directo antes de un parón para crear nuevos temas y volver con energías renovadas
Era 1993 cuando unos chavales de Iruñea cogían la villavesa para juntarse en un local de Huarte y componer canciones. En el panorama de la música vasca reinaban el punk y el heavy metal. Gorka, Aitor, Patxi y Titi venían de escuchar bandas como Bad Religion, NOFX o Social Distortion. La escena de California del momento. Pero habían crecido en Euskal Herria y también bebían de Kortatu, Rip, Hertzainak o Jotakie. Esa fusión hizo de Leihotikan una banda peculiar en un contexto musical cambiante; un grupo que ha mantenido suidentidad dentro del punk/hardcore en euskera durante más de treinta años. Y que sigan. Este sábado, Leihotikan celebrará su fin de gira en la Tótem en un directo que quiere disfrutar a tope con su público antes de retirarse un tiempo de la escena.
Este parón llega en un momento dulce, han tenido un recrecer en estos últimos años, sobre todo desde el disco Etorkizuna Ginenean.
–Sí, lo sacamos en 2023 y ha tenido muy buena acogida, hicimos una gira que empezó además en la Tótem, y empalmamos con la reedición del primer disco celebrando el 30º aniversario, así que llevamos dos años y medio sin parar. Estamos en un momento bueno pero tenemos que parar un poco y ver adónde vamos a ir.
Es importante saber escucharse, si no puede ser una locura que te lleva y te lleva...
–Sí, aunque nosotros siempre hemos estado un poco al margen, es verdad que hay una inercia que te va llevando. Estamos muy agradecidos porque al ser un grupo pequeño, ya desde que entramos en GOR hemos estado a nuestra bola, pero siempre hemos tenido muy buena acogida de pueblos, gazte asanbladas, y siempre nos llaman. Y es muy difícil decir que no (ríe). Ahora llevamos dos años y medio sin parar, ya tenemos una edad, y nos apetece volver al local de ensayo a hacer canciones, a crear sobre este camino último. Lo necesitamos.
Es un hasta luego, no un adiós.
–(Ríe) A ver, con Leihotikan siempre digo que nunca se sabe. En estos 30 años no hemos seguido los ritmos lógicos de la industria, ha habido rachas en que hemos estado dos años a fuego como ahora y otras en que hemos estado cinco años parados... Pero sí, es un hasta luego, no tenemos ninguna intención de dejarlo.
“Vivimos una oda al pasado y la industria musical se está aprovechando de la nostalgia para hacer caja”
No es fácil mantenerse más de treinta años y conservar la esencia de los inicios en cuanto a sonido y actitud. ¿Cuál es el secreto?
–Pues no sé... Creo que tiene que ver con que hemos cogido la música como un hobby, como una vía de escape muy necesaria, y después de treinta años está claro que es más que eso, ya es una manera de vivir, pero Patxi es profesor, yo he trabajado en la BSH hasta que la cerraron... tenemos nuestro pan que no viene dado por la música, tenemos nuestras familias... Quizá el secreto sea haber sabido esperar y esperarnos. Siempre hemos sido los cuatro, Titi, Aitor, Patxi y yo, y el secreto ha sido saber esperarnos y respetarnos los tiempos cuando uno ha estado un poco peor, más bajo o más alto, o cuando tenía otras cosas...
El disco Etorkizuna Ginenean les ha conectado con nuevas generaciones.
–Sí, lo veo en los conciertos, ya no es solo la vieja cuadrilla de Leihotikan, gente que ya entra en los 50, sino que veo a generaciones jóvenes, gente de 15 a 25 años que nos tiene mucho respeto, que conecta. Y eso da mucha alegría. El último disco ha tenido mucho que ver con eso. Lo produjo Gorka Urbizu, una persona muy cercana que nos conoce a las mil maravillas, y nos ha dado un punto. Manteniendo nuestra esencia, la caña y la melodía, nos ha llevado a otro espacio más armónico, más reflexivo, en el que respiran más las canciones. Y eso nos ha conectado con otras generaciones.
¿Cómo recuerda la Iruñea de los 90 en la que empezaron ensayando en una bajera?
–Jo, pues me imagino que al final lo idealizas, ¿no? Yo ahora miro atrás y veo que era una Iruñea efervescente en todos los aspectos, había grupos en todas las cuteras (ríe), nosotros empezamos con Cuarto Creciente en Huarte, seguimos en Orkoien donde entonces había todavía cutos (ríe), luego en las huertas de la Magdalena con Buitraker, con Patagonia... hemos compartido local con muchos muchos grupos. En los 90 hubo una eclosión de bandas y estilos que ha marcado la escena que hay ahora en Pamplona, que es muy potente. Ahora hay una base de grupos de estilos muy dispares, y el germen estaba ahí. Lo recuerdo con nostalgia, con añoranza.
“Votes a quien votes, hay una dictadura económica y una actitud muy retrógrada que nos está llevando como una marea hacia atrás”
¿Y cómo ve hoy el euskera? Tiene una mayor proyección a través de la música.
–Claro. Bueno, decir que el euskera es mainstream es complejo... Pero es verdad que la situación de ahora no tiene nada que ver con la que había cuando empezamos. Nosotros veníamos de ikastolas, sabíamos que queríamos expresarnos en euskera, fue algo natural. Y en estos años el euskera ha recorrido mucho, ahí están esos eventos multitudinarios en Madrid..., pero no hay que descuidarlo, siempre está en riesgo y siempre es más difícil llegar o salir solo con euskera.
¿Cómo ve estos tiempos para el punk? Hace falta actitud reivindicativa.
–Es más necesario que nunca. Porque son unos tiempos en que parece que el punk o la irreverencia se han vuelto de derechas también, pero eso no es irreverencia, la irreverencia siempre ha sido de abajo hacia arriba, de arriba abajo ya es sometimiento, ya hemos pasado por eso. Entonces, que desde el poder te diga alguien con palabras soeces que se está riendo del más débil, aunque conecte, eso no es punk. El punk es cuando los que estamos abajo le plantamos cara al poder. Y es más necesario que nunca porque veo un mundo cada vez más intolerante y menos solidario. Hace falta esa voz de alerta que diga: ya está bien.
Expresar lo que quema por dentro.
–Claro, y todos tenemos algo, pero entre la comodidad del sistema, entre el miedo a perder lo poco que tienes, parece que nos agazapamos. Y visto cómo va el mundo, cómo estamos cada vez más sometidos al dinero y los servicios sociales cada vez peor... Ya está bien, que no nos tomen por tontos. Y el punk ahí conecta, te permite sacar esa inquietud y expresar ese tono de rabia que yo creo que es más necesario que nunca.
Precisamente en uno de sus últimos temas, Zaila, hablan del “infierno de la democracia”, de un sistema al que es difícil darle la vuelta...
–Ahí está, esa canción empieza diciendo: suben los precios, bajan los salarios. Y luego te hablan de democracia pero tienes ahí una parte de atrás, una letra pequeña que te ata y te impide que puedas cambiar las cosas. Ves cómo Europa se está militarizando, que hay partidas de ochocientos mil millones de euros para armas, ¿y quién me ha preguntado a mí si quiero esa Europa? O veo que no hay médicos en Sarriguren y hay dinero para armas. Veo incongruencias y, mande quien mande, no se ven protegidas cosas tan universales como la educación o la sanidad. Votes a quien votes hay una dictadura económica y una actitud muy retrógrada que nos está llevando como una marea hacia atrás. Y la mayoría de la gente estamos en contra y estamos hartos, pero votes a quien votes, no cambian las cosas.
Sorprende la vigencia de la letra de Eta orain, tema del primer disco, el reeditado Hemen ez da ezer aldatzen.
–Pues fíjate, lamentablemente sí. Hicimos esa canción en el 95, está en el primer disco pero viene de la segunda maqueta, y es verdad, es un análisis de que ahora veo con asco mi futuro, en lo que se está convirtiendo la gente. No nos gustaba esa deriva social que veíamos. Los 2000 fueron diferentes, éramos jóvenes pero ya intuíamos ese declive, ese postureo, y esa canción, sí, es muy significativa.
"Casi es más transgresor hoy hacer una canción de amor que ponerse a gritar como un energúmeno"
En Askatasuna apuntan a la degradación de la palabra libertad. ¿Qué es la libertad para Leihotikan?
–Bueno, la libertad empieza respetando siempre al prójimo. O sea, tu libertad no puede entrar en juego cuando estás pisando o haciendo mal a otra persona. Y esa canción habla de lo que significaba la palabra libertad en los años 70, en la Transición, cómo fue el salir de una cueva oscura hacia el significarte como persona, como cuerpo, era una eclosión de esa dictadura. Y ahora parece que la libertad es echarme una caña cuando quiero, donde quiero. Sí, libertad de echarte una caña si tienes dinero para ello, si no tienes recursos, ¿dónde está la libertad? Se ha desvirtuado mucho esa palabra y eso es lo que refleja esta canción.
También cantan al amor, en el último disco y en otros anteriores. Tal y como estamos, demostrar amor es algo revolucionario y transgresor.
–Pues eso pienso yo, pero nosotros cuando formamos Leihotikan veníamos de grupos muy cañeros, en el punk rock siempre hemos sido tíos al fin y al cabo, con excepciones, estaban Tahúres, y siempre ha sido como muy oscuro y duro, y claro, los sentimientos estaban un poco al margen.Y nosotros, en un estilo de punk rock cañero en euskera, empezamos a hablar un poco de los sentimientos, en un contexto más íntimo. Y eso conectaba con otro público, más femenino, o con otra sensibilidad, y yo lo agradecía. Lo que dices, el amor hoy en día es transgresor, porque visto cómo está el mundo, lo que nos queda es tenernos los unos a los otros. Y eso es casi lo más punk que se puede decir. Casi es más transgresor hoy hacer una canción de amor que ponerse a gritar como un energúmeno (ríe).
"La libertad empieza respetando siempre al prójimo; o sea, tu libertad no puede entrar en juego cuando estás pisando o haciendo mal a otra persona"
¿Ve autenticidad hoy en la música? Con tanta tecnología y búsqueda de perfección, parece que no cabe el error en un directo, no cabe el asombro.
–Eso es. Yo no sé cuál es el misterio de la música ni por qué hago música, pero igual no entender esto es parte de la autenticidad. Por un lado vivimos una oda al pasado, y la industria se está aprovechando de la nostalgia para hacer caja, eso es inevitable, hay muchos eventos ochenteros, con un fin lucrativo, y tienen tirón y quien más quien menos picamos alguna vez. Pero también hay estilos nuevos. Nosotros intentamos que lo que hacemos tenga una validez, seguir teniendo energía. Leihotikan no va de hacerlo todo perfecto, los fallos nos dan igual, la cuestión es que suene a un grupo en el que haya una autenticidad, una verdad, aunque te equivoques en la letra. Nosotros queremos transmitir esa energía, esa inquietud, y generar un buen ambiente en los conciertos, que la gente se vaya contenta, que vea que formamos parte de una comunidad que quiere hacer las cosas de otra manera. El punk no es la perfección. Y ahora, con la IA, lo humano va a ser el fallo, va a tener más valor el error (ríe).
¿Cómo se presenta el concierto de este sábado en la Tótem? Estarán acompañados de Ezpalak.
–Sí, ya hemos tocado con ellos en Madrid. Es un grupazo, de lo mejor de Euskal Herria en directo. Para la comunidad euskaldun va a ser un concierto bonito, dos grupos en euskera con directos potentes, de estilos distintos, me hace mucha ilusión. A ver si la gente se anima porque aquí se pueden hacer conciertos de otra manera. Está muy bien que haya grupos que lo peten en Madrid, pero hace falta un magma, y nosotros aquí aportamos nuestro granito de arena.
Es el último directo de la gira, el último antes del parón, así que será especial.
–Sí, haremos algo especial, estamos ultimando a ver qué artistas amigos subirán con nosotros al escenario. Y haremos canciones del último disco y de toda la discografía, tocaremos las que más le gustan a la gente.