Conocer de dónde venimos es esencial para saber dónde estamos y adónde vamos –o, mejor, adónde queremos ir–. Y esa oportunidad la ofrecen aquellos museos en los que el pasado se siente muy vivo.

Con motivo de la celebración, este lunes 18 de mayo, del Día Internacional de los Museos, nos asomamos desde estas páginas a cinco de esos lugares especiales que alberga Navarra: el Museo de las Brujas de Zugarramurdi el Museo Etnográfico del Reino de Pamplona, en Arteta (Valle de Ollo); el Museo de la Almadía de Burgui; el Museo Casa Jenaro en Sangüesa; y el Museo del Yacimiento del Alto de la Cruz que puede visitarse en el Castillo de Cortes, otro enclave que invita a revivir el pasado.

Mirar a los pueblos es mirar a nuestro pasado

Invitamos a viajar al medio rural, porque, al fin y al cabo, saber de dónde venimos tiene mucho que ver con eso, con salir de la ciudad y volver la mirada a los pueblos, muchos de los cuales conservan hoy ese patrimonio que es memoria viva de nuestros ancestros.

Son museos sin grandes recursos pero que ponen todo lo que está en su mano para seguir abriendo y llenarse de visitantes

Una vuelta muy necesaria en un tiempo en que la despoblación, consecuencia del éxodo rural, afecta a muchos territorios navarros, y en que lamentablemente hay un desconocimiento de nuestro patrimonio y unas carencias en cuanto a su adecuada conservación.

Porque no podemos valorar ni mantener lo que no conocemos.

Detalle del interior del Museo de las Brujas de Zugarramurdi. Ondikol

Para que esa memoria, ese pasado vivo y ese patrimonio no caigan en el olvido trabajan día a día sin descanso y con pasión los y las gestoras de estos museos del mundo rural. Su lucha, en estos tiempos de consumo rápido, excesiva tecnología y escasa reflexión, cobra más valor que nunca.

El reto de conectar con las nuevas generaciones

Son museos sin grandes recursos pero que ponen todo lo que está en su mano –y en manos de voluntarios y voluntarias que apoyan altruistamente estos proyectos– para seguir abriendo sus puertas cada fin de semana y cada día festivo, con el deseo de llenarse de visitantes de todas las edades y procedencias.

Y, sobre todo, con el reto de conectar con las nuevas generaciones, ofreciéndoles experiencias vivas que les vinculan con sus raíces, con las de sus madres y padres, abuelas y abuelos, y que aseguran esa transmisión de memoria y de Historia. 

Todo para seguir manteniendo viva la llama del pasado que nos alerta de errores que no deberían volver a repetirse, y que a la vez nos coloca frente a aciertos que podrían valorarse y recuperarse hoy, especialmente en cuanto a vida sostenible y a construcción de comunidad.