Museo de las Brujas: el eco de un pasado que nos alerta del peligro de la intolerancia
El ‘bosque’ de columnas negras que da la bienvenida al visitante del museo de Zugarramurdi es “un homenaje a la dignidad arrebatada”
El Museo de las Brujas de Zugarramurdi nos lleva 400 años atrás en el tiempo para conocer el proceso inquisitorial que vivió la localidad navarra en el siglo XVII a través de audiovisuales, atractivas escenografías y pantallas interactivas.
Es un espacio de duelo y recuerdo que rompe con estereotipos y con la imagen folclórica de las brujas para conectarnos con aquellas mujeres y aquellos hombres que fueron víctimas de una situación social trasnochada, de una ola de pánico brujeril y de una Inquisición que necesitaba imponer su autoridad.
Un 'bosque' de nombres y sentencias
La directora del Museo de las Brujas, Ainhoa Agirre, ha elegido para este reportaje como lugar y experiencia relevantes en el recorrido que ofrece este museo un espacio “de fuerte carga emotiva” que recibe al visitante en la primera planta, poblado por columnas negras que simbolizan un bosque y donde pueden pueden leerse los nombres, las edades, los lugares de procedencia y las penas que se impusieron a las personas encausadas en el proceso de Logroño en el siglo XVII.
“Es un lugar que nos remite al espíritu y al respeto, un sentido homenaje a las víctimas”, dice Agirre, para quien este bosque cargado de nombres, edades y sentencias “nos obliga a detenernos en seco; no es solo un inventario de la tragedia del siglo XVII, sino un homenaje a la dignidad arrebatada”, destaca.
Lucidez para el presente
¿Y qué nos aporta este encuentro con el pasado en pleno siglo XXI?
La directora del Museo de las Brujas tiene claro que “situarse frente a este bosque de columnas es mucho más que un acto de memoria; es una confrontación con nuestra propia naturaleza”.
“Al leer esos nombres, entendemos que el proceso de Logroño no fue un error aislado del pasado, sino el resultado de mecanismos que aún hoy nos acechan: la intolerancia, el miedo visceral al diferente y el deseo ciego de imponer el poder. Ayer y hoy, estas sombras han empujado al ser humano a cometer atrocidades bajo el disfraz de la justicia o la verdad absoluta. Mirar este pasado nos aporta la lucidez necesaria para reconocer esos mismos patrones en nuestro mundo actual”, reflexiona Ainhoa Agirre.