"Me gustaría que las mujeres saharauis pierdan el miedo a ser señaladas y expuestas socialmente"
La actriz Nadhira Mohamed visitó el pasado viernes 12 de junio Pamplona para presentar ‘Nomad Shadow’, película que protagoniza y que abrió la 40ª edición de la Muestra de Cine y Mujeres
Nadhira Mohamed (Tinduf, Argelia, 1989) da vida enNomad Shadow(Sombra nómada) a Mariam, una joven inconformista que es deportada al Sáhara Occidental después de haber vivido diez años en España, y se ve en la situación de tener que adaptarse a las rígidas normas de su familia. A la actriz y activista, hija de uno de los fundadores del Frente Polisario, le cautivó el guion de la película de Eimi Imanishi porque “habla de muchos temas que como saharaui y también como migrante echaba de menos”.
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Nomad Shadow nos conecta con las experiencias del pueblo saharaui, nos mete en sus casas. Hay que conocer bien al otro para poder empatizar con él, ¿no?
–Sí. Cuando Eimi me mandó el guion y leí la historia, me gustó mucho porque es la primera vez que leía una historia que hablaba más allá de lo político, que de repente ponía sobre la mesa las emociones de una chica, los sentimientos de un chico saharaui, qué supone el ser madre en un conflicto, en una familia en la que hay muchos silencios sobre muchos asuntos, porque del tema político no se habla en muchas casas por miedo, las emociones internas en nuestra cultura tampoco se ponen sobre la mesa... Eimi toca muchos temas que yo personalmente como saharaui echaba de menos. Esta película nos recuerda que detrás de la causa saharaui hay miles y miles de mujeres y hombres a los que les atraviesan otras miles de problemáticas: el racismo, la pobreza, el no saber dónde ubicarte en una guerra... Es hora de que la gente entre en nuestras casas porque nosotros no entramos en las casas de la gente, siempre nos quedamos detrás de nuestra bandera, pero no dejamos que entréis, que conozcáis más allá de nosotros. Ni lo que las mujeres hablamos, ni nuestras celebraciones, ni lo que les pasa a los hombres, ni cómo nos relacionamos con ellos.
Nació en los campamentos de refugiados de Tinduf. Es saharaui y migrante, aunque asegura que su experiencia no tiene que ver con la de su personaje, Mariam, que se considera una privilegiada.
–Sí, yo llegué a Las Palmas con mi familia a los 12 años. Antes de eso había estado aquí con familias de acogida de Vacaciones en Paz, que me dieron la oportunidad de pasar los veranos en sus casas. Después vine con mi familia. Y ya más tarde yo de forma independiente me fui a vivir a Madrid, donde sigo a día de hoy. Me considero muy privilegiada, sí.
"Nunca vemos la perspectiva de lo que se espera de un migrante cuando vuelve; nadie habla de ese fracaso cuando eres deportado de un día para otro y vuelves sin nada"
Pero imagino que sí se verá reconocida en sentimientos y emociones que afloran en la protagonista.
–Sí, me conectan mucho con Mariam esas vivencias que expone la película de las familias saharauis, todos esos conflictos internos, pues que una no se quiere casar, uno no se quiere casar, uno no quiere tener hijos, uno no quiere emigrar a España a hacer dinero... muchos pequeños problemas que ni siquiera la gente es consciente de que podemos sufrir porque ya tenemos un conflicto bélico.
¿Cómo vive desde España lo que nos llega de la problemática saharaui?
–No llega nada. Aparte del sufrimiento que vive el pueblo saharaui, no llega ni el 10% de la problemática real. Hay un problema con el agua, hay un problema con las ayudas humanitarias, con la sanidad, con los medicamentos. Las mujeres, los embarazos, las enfermedades crónicas, las muertes en los embarazos de los bebés... Hay muchísimas problemáticas que ya las dejamos hasta como privilegios o las damos por hecho porque como estamos en un conflicto, vamos a resolver el conflicto.
La protagonista de la película dice: “Me siento completamente perdida en este mundo”. No termina de definir nunca su hogar.
–Eso creo que les pasa a todas las personas migradas. De repente sales a buscarte la vida y de repente dejas de pertenecer a allí de donde vienes. Pero aquí nunca jamás vas a ser, tampoco te dan ese espacio, siempre hay alguien que te recuerda de dónde vienes, aunque no sea un ningún tipo de vergüenza para ti, pero te recuerdan tus orígenes como parte de una humillación, de hacerte ver que no eres de aquí, que eres menos. Y ahí tienes dos caminos, o te empoderas con ese mensaje y lo haces tuyo y y te reafirmas, obviamente no soy de aquí, estoy muy orgullosa de mis orígenes, pero vengo a hacer una vida, y luego está el que entres en una depresión y busques encajar constante, sobre todo en la adolescencia; ahí se genera mucho conflicto interno y una enorme pérdida de identidad, y te pierdes.
“Me emociona ver a cualquier chica saharaui en redes como TikTok; ocupemos espacios, porque nos van a comer y vamos a desaparecer”
¿Qué puede aportarnos esta película en este momento geopolítico, en el que lamentablemente hay una deriva antimigrante, no solo en Estados Unidos, también en Europa aunque esté más camuflada?
–Pues humanizar. Recordarle a la gente que en cualquier momento de la vida puede ser tú esa persona. Y que nada es eterno, ni una democracia es eterna, ni una economía es eterna, ni una estabilidad es eterna. Esta película tiene valor porque nunca hemos visto la perspectiva de lo que se espera de un migrante cuando vuelve; nadie habla del fracaso de un migrante cuando es deportado de un día para otro y vuelve sin nada. Sin nada. Eres un fracaso andante. Y la gente de aquí no es consciente de lo que eso supone, de esa vuelta y de la carga que lleva, porque siempre se cuenta nuestra llegada aquí.
Como activista, ¿qué opina del potencial del cine como herramienta de transformación social?
–Yo pasé del activismo político desde los 15 años, de militar en manifestaciones, ocupar sedes, hacer pancartas con un discurso feminista dentro de la lucha saharaui, a decepcionarme mucho de lo político y no querer saber nada. Con el estallido de las guerras de Ucrania y Palestina, perdí mucho la ilusión. Ya no me veo ahí, no sé mentir, no soy una descarada, y no puedo. El cine fue para mí un gran descubrimiento para poder llegar a más gente, también es una forma de hacer activismo
Las dos películas que ha protagonizado, Nomad Shadow y Wilaya, ponen a la mujer en el centro. En varias ocasiones ha destacado el papel esencial de la mujer en la lucha saharaui.
–Sí, sí, y se ha olvidado. Está pasando con la mujer saharaui lo que ha pasado en la guerra civil con la mujer española. Contaron con ellas para todo, de repente se consigue la democracia y su papel se olvida. Pues esto es igual. Durante el conflicto bélico, se necesitaba que las mujeres amamantasen a los niños , construyesen hospitales, escuelas, ahí contaban con ellas, les daban el papel. Se silencia el conflicto, hay un alto al fuego y: tú vuelta a la cocina, vuelta a parir y vuelta a la jaima. Entonces, de repente a mí que me llegue el guión de Wilaya, que era una chica que tenía que volver y la chica emprende, compra un coche.., esa es la mujer que yo quiero que exista en mi sociedad y que no se le vea como un tabú ni se la señale. Y este segundo proyecto lo mismo, yo encantada de hacerlo porque quiero que se hable de esto y que se entienda que sí hay chicas que han cogido pateras y han perdido la vida o a sus hijos, y que hay una historia dentro de la gente que migra que apenas se cuenta y mucho menos de la mujer saharaui.
“Aparte del sufrimiento que vive el pueblo saharaui, aquí no nos llega ni el 10% de la problemática real que les atraviesa cada día”
Se habla también en la película de de paciencia y resistencia como valores del pueblo saharaui. Pero suena a resignación.
–Sí, a conformarse. Y en parte creo que si el pueblo saharaui no ha ido todavía a una escala más allá de violencia o no ha llevado de otra manera el conflicto, creo que es por el agarrarse a esa esperanza y a esa fe en que esto se va a solucionar y que Alá es mucho más grande que todo y nos va a poner en nuestro sitio. Y la gente vive con esa esperanza. El problema es que los que hemos salido de los campamentos y vemos la geopolítica de una manera real y vemos el mundo de una manera tristemente monetaria, nos damos cuenta de muchas cosas. Pero, claro, ¿quién eres tú, que has salido, que has tenido esa vida de privilegio, para quitarle la esperanza a otra persona? Entonces, seremos libres y ya está.
En alguna ocasión ha dicho que el pueblo saharaui tiene “pánico a exponer “su intimidad al mundo. ¿Cree que películas como ésta pueden cambiar un poco eso, romper esa barrera?
–No sé… De hecho, a mí una de las cosas que más me han generado ansiedad en este proyecto fue pensar en cómo va a recibir la sociedad saharaui la película, cómo se la van a tomar; ¿van a entender el papel de Fátima?, ¿van a entender que es ficción?, ¿van a entender que simplemente se está intentando contar algo para poder llegar más allá, adonde no llegó lo político?. Ese sigue siendo mi pánico, porque como yo tengo una vida bastante alejada del círculo social saharaui, vivo con mi pareja, un chico español, no sigo ningún tipo de normativa para la mujer saharaui… Entonces yo no represento a esa mujer saharaui correcta, no soy quién para hablar. Te quitan el derecho a hablar. Aun con todo eso me metí en el proyecto porque creo que es necesario que se cuente y que se nos vea. Independientemente del castigo o el silencio social o el señalamiento que yo pueda sufrir.
Si algo tuviese que decir que le gustaría que cambiase para las mujeres saharauis, ¿qué sería?
–Que pierdan el miedo. Y puedes perderlo con tu velo puesto, con tu melfa puesta. Que pierdan el miedo a ser señaladas, a ser expuestas socialmente. Mira, hay una chica que se llama Nasara Said que es una divulgadora de historia del mundo árabe, está en TikTok y es brutal. Y ella sufrió muchísimo señalamiento, muchísimos ataques por hablar sobre temas tabúes en la sociedades árabe y musulmana. Y a mí me encanta verla, me emociona ver a cualquier chica saharaui en las redes. Ocupemos espacios, porque nos van a comer y vamos a desaparecer, y si no lo hacemos nosotras o nosotros, independientemente hombres o mujeres, nos van a comer. Tenemos que aprovechar esta ola de tecnología para entrar en todas las casas y que nos conozcan.