Irene Bailo Carramiñana (Zaragoza, 1986) ha hecho un documental tan valiente como necesario Queer me. En el cuenta desde sus primeros amores adolescentes hasta el descubrimiento de la comunidad queer de Toulouse, explorando su relación con las normas sociales y las del propio colectivo, con su cuerpo y con ella misma. Queer me, su primer documental, es un viaje vital, político y generacional.Un relato de su propia vida mezclada con la vida de las personas que le acompañaron, también su familia, su apoyo en todo el proceso.Con su experiencia filma el retrato de una generación transfeminista que tuvo que aprender a vivir desde la diferencia. En Queer me, la cineasta narra su propio viaje a través de la estancia en una casa okupa en Toulouse, mezclando material de archivo familiar y registros documentales, como diarios de su infancia y adolescencia junto a las grabaciones que llevó a cabo en su estancia en la TDB. Queer me contará hoy con la presencia de la directora en su pase en la Muestra de Cine y Mujer en los Golem. Es el primer largometraje documental escrito y dirigido por Bailo, con guión compartido con Céline Ducreux, responsable del montaje. Se presentó el pasado octubre en la 30ª edición del Festival Cinespaña de Toulouse, y desde entonces ha pasado ya por varios festivales  

En qué momento sintió que su experiencia personal podía convertirse en una película como Queer me.

– Este es mi primer documental producido, pero antes había realizado otros documentales. Yo ya tenía esa práctica cinematográfica. En 2012 yo ya era feminista y me empiezo a interesar por los movimientos queer feministas. Estaba entre Zaragoza y Barcelona y siempre que había algunas jornadas, actividades, fiestas en espacios no mixtos transmaricabollo, como lo llamábamos entonces, me doy cuenta de que lo que ocurre es diferente a la socialización heterosexual, que se trata a la gente con mucho más respeto, que la gente se sienta más segura.

Han pasado unos diez años entre las imágenes de archivo que grabó en la casa okupa transfeminista TGB y la película terminada. ¿Pensaba que alguna vez llegaría a hacer una película?

– Cuando vivo y experimento esa realidad si pienso que en algún momento me gustaría hacer un documental. Me fui a vivir a Francia, a Toulouse, para intentar vivir del cine. Me habían hablado que ahí había una casa okupa queer. Al conocer a esta gente, me maravilla. Ellos también quieren hacer cine, cine queer. Se hicieron dos cortos colectivamente y yo tenía la idea de hacer esta peli, pero no la acababa de hacer nunca. Diez años después, hemos podido producir Queer me. Han tenido que pasar diez años, ese tiempo era necesario para reposar quizá la parte más emocional. Yo creo que necesité todos esos años para digerir emocionalmente todo lo que había pasado, estar en paz con la gente y poder utilizar ese material que yo había grabado como archivo, ir a buscar todos los archivos familiares y más personales de diarios íntimos, de vídeo y atreverme a ir a confrontar con la gente con la que yo había vivido y poder reflexionar juntas sobre esa experiencia colectiva de vivir allí.

¿Cuántos años estuvo en la TDB de Tolouse?

– La casa duró 10 años como proyecto transmaricabollo como le llamabamos y yo estuve durante tres años, pero vivir con habitación propia fue casi un año. Todo entre 2012 y 2015

El TDB aparece como un espacio de refugio y transformación a veces con situaciones vitales muy complicadas.

– Es verdad que ese espacio era un lugar seguro pero fuera de ese espacio en ese momento tampoco era nada tan seguro. En esa casa la gente había vivido mucha homofobia y transfobia fuera. En 2015, que es cuando yo vivía allí, para mi era muy importante para sentirme más querida o valorada. Nos dio mucha fuerza el encontrarnos, politizamos la experiencia también. Preparábamos manifestaciones, actividades, fiestas, nos relacionábamos, nos conocíamos. Tú no llegas a esa casa y es todo maravilloso. Tienes mucha violencia dentro de todo lo que has vivido, alguna gente en sus familias o en su contexto, en sus pueblos.

"Queer significa raro , lo queer es lo que es distinto de lo normal, lo que se sale de la norma"

Ha hablado con estas personas a las que ha vuelto a juntar en el documental ¿cómo ha sido ese reencuentro con ellos?

–Mi equipo, tanto la productora como la montadora, me dijeron que sería muy interesante volver a verles, porque en un principio yo quería hacer solo una película con archivos. Ellos sabían que yo quería hacer la película y querían que se hiciera. Cada una de estas personas ya había hecho también su camino y les apetecía hacer esta peli. Fue muy bonito el reencuentro, porque cuando nos fuimos de la casa okupa éramos muy críticas con todo lo que habíamos hecho. Pero cuando ya pasa el tiempo y ves la sociedad que cada vez está más facha con todos estos temas, realmente valoras que ese espacio que ya no existe, fue un espacio en el que nos encontramos y que pudimos existir tal y como éramos. 

Cómo fue esa llegada a la TDB. Ha dicho que allí consiguió construir su identidad y relacionarse con su cuerpo desde la aceptación. Un lugar de refugio, de transformación, donde podía sentir que la identidad era algo a lo que se podía llegar desde diferentes caminos. 

– Mi experiencia de joven no era tanto explicar quién quería ser sino que no lo sabía. Tenia falta de referentes. Se supone que entonces yo tenía que salir con chicos porque mis amigas y mi hermana lo hacían y crees que es lo normal y lo que tienes que hacer. Cuando no correspondes a eso ya hay un malestar. En la película hablo de la homofobia interiorizada. Y luego estaba la cuestión del cuerpo. Normalmente cuando pensamos en lo queer, en lo LGTB, pensamos en sexualidad, en identidad de género, pero también en corporalidad. La casa cristalizó esa vivencia muy desde el centro y desde el interior. Como todas las que estábamos ahí éramos queer, de una manera u otra nos sentíamos diferentes a la norma social. Ese lugar y esa gente permitían eso, experimentar e ir hacia lugares que en la sociedad no puedes porque te sientes coartada o juzgada y que ahí eran posibles. 

Ha dicho que ese espacio le permitía existir tal como es, y que fue muy importante esa fuerza colectiva. ¿Hasta qué punto la construcción de una identidad queer es un proceso colectivo? 

– Uno de los personajes muy importante de la película dice eso, dice que cuando se encontró con todo esto, quería salir del armario queer, pero lo quería hacer colectivamente. Y me parece súper bonito porque es verdad que cuando lo haces sola cuesta mucho más salir del armario, porque notas muchísimo los prejuicios y los juicios de la gente, empezando por la familia a veces. Te sientes muy rara. Y hacerlo desde lo colectivo es más fácil.

"En el documental hay tanto personas no binarias como personas trans, maricas, bolleras... y de todas puedes entender su realidad"

Habla en el documental con normalidad de queer, bolleras, maricas, trans, binarios... a través del lenguaje construimos realidades y a veces cuesta. Todavía hay gente que se pregunta, ¿pero qué es ser queer? ¿Tú qué les dirías? 

– Yo creo que ser queer, o sea, queer significa raro, traducido literalmente del inglés y es una reapropiación del insulto. Es como que retomamos el insulto para decir que sí, que lo soy, ¿qué pasa? Lo queer es lo que es distinto de lo normal, lo que se sale de la norma. 

Fotograma del documental.

Sin duda que este documental puede servir para llegar a un público que quizá no se había acercado a lo queer. La película es un paso valiente y necesario en un momento como el actual de retroceso en muchos derechos. 

– Cuando hice la película la hice más bien para dejar huella y hacer memoria de esta casa que ha sido tan importante para la comunidad transmaricabollo-feminista. Pero cuando empecé a enseñar la película en público me di cuenta de que la gente la relaciona mucho con el presente, incluso con el futuro. Es una película que puede dar esperanza y al mismo tiempo es un retrato íntimo y colectivo con retratos de gente, de mis amigues, que cada uno se explica a sí mismo y hay tanto personas no binarias como personas trans, maricas, bolleras y puedes entender su realidad y por eso creo que es una película que si la hubiera hecho hace 10 años, hubiera sido quizá más provocadora o más radical y que ahora lo contamos desde la calma, con tranquilidad, mostrando quienes somos y no con esa rabia que sentíamos hace 10 años. En la parte más política ahora hay más grupos de ultraderecha y se está viviendo un retroceso con todos los derechos que se habían conseguido.

Hemos normalizado los debates, los discursos, las conversaciones sobre género, identidad, diversidad, pero ¿hay más aceptación?

– Bueno, yo creo que cada vez hay más realidades trans y familias que intentan apoyar, que a veces no saben cómo, pero también hay profesorado y profesionales que trabajan para normalizarlo mucho más que antes. A veces es difícil, porque a la gente no sé qué le pasa, que le cuesta aceptarlo. Le cuesta aceptarlo, quizá como persona primero y luego pensar si esa aceptación individual va a tener esa aceptación colectiva. 

Ha dicho que la casa transmitía seguridad en lo colectivo, pero lo colectivo, cuando hablamos de una sociedad, es la educación, la sanidad, el respeto a los derechos, políticas que garanticen la igualdad.

– Yo creo que es un poco todo eso también. Y empezando por las familias, porque en la casa se veía quién estaba apoyado por sus familias y quién no, y eso contabamuchísimo en la personalidad, en el consumo o no de drogas, por ejemplo .

En su caso sí que ha tenido el apoyo de la familia. 

– Sí, mis padres eran de izquierda, siempre han vivido mucho en lo colectivo, quizá no tanto con el tema de lo queer que he tenido que explicárselo yo, pero poco a poco se han ido abriendo y hasta el punto que ahora mi madre me acompaña a los debates de la película y ella dice que es importante que las familias apoyen a sus criaturas. Siento la suerte que he tenido de poder haber estado acompañada por gente que me ha dado tanto cariño y tanta fuerza y decir, bueno, pues yo por mis privilegios en esta sociedad puedo decir públicamente todo esto y otras compas queer no pueden. Podía hablar de estos temas, porque tenía la seguridad de que mi entorno me iba a apoyar y a aceptar. 

El cine queer está ahora mismo en un buen momento, que coincide con su documental, porque lo que ha pasado en Cannes con la película de Los Javis, La bola negra, invocando la memoria histórica queer, ganando esa Palma de Oro, es algo muy importante ¿no?

– Sí, es verdad, pero también es verdad que yo no me siento muy cerca de ese tipo de cine, aunque simbólicamente es muy importante llegar allí. Mi documental es muy artesanal, lo he hecho con amigas, con dos pequeñas productoras, una de Aragón, otra francesa. Yo soy transfeminista, vengo de los okupas, de querer hacer la revolución en la calle. Pero es verdad que el cine ayuda. 

En la película comenta que con 23 años era activista feminista. ¿Dónde se ve ahora?

– Lo sigo siendo, quizás no estoy tan guerrera como en esos años, porque cuando tomas conciencia política de algo, se te va la vida en ello. He tratado de integrarlo en mi realidad. Ahora tengo más años, otro tipo de necesidades. Estoy más en sobrevivir. Antes te querías comer el mundo, y ahora es que me dejen existir tal y como soy. Ya no estoy en el centro de lo colectivo.

Dice en el documental que siempre soñó con la revolución ¿En qué revolución sueña ahora, Irene? 

– ¿Qué revolución sueño? Pues que se acaben las fronteras. Que la gente pueda vivir, que no haya guerras, que la gente pueda ser quien quiera ser libremente sin que le violenten.

Y sobre su propia revolución. 

– Seguir siendo yo, poder hacer cine que no es fácil. Ha sido cansado hacer esta película, ha sido largo, diez años casi, todo es muy lento. Tengo ideas, pero veremos a ver si se hacen realidad.