Una muestra descubre el romance navarro, "idioma oficial" del Reino en la Edad MediaIban Aguinaga
El Archivo Real y General acoge hasta el próximo 13 de diciembre la exposición Romanz. En lengoage de Navarra, comisariada por Fermín Miranda García, catedrático de Historia Medieval de la Universidad Autónoma de Madrid, y con la colaboración de Cristina Tabernero Sala, catedrática de Lengua Española de la Universidad de Navarra.
La muestra pone de relieve la importancia del romance navarro, una lengua hablada en Navarra durante la Edad Media, derivada del latín, desde sus primeras manifestaciones escritas conocidas hasta convertirse en el “idioma oficial” de la monarquía navarra y de la administración en todos sus ámbitos, territoriales, judiciales y fiscales. En un escenario multilingüe, compartido con el euskera en parte del territorio, el occitano de los burgos o el hebreo y el árabe de las aljamas, la exposición destaca el impulso que tuvo el romance navarro en ámbitos como el notariado y los municipios y que fue compartido por todos los grupos sociales, desde la nobleza hasta el campesinado. Esta propuesta “ofrece una mirada rigurosa y profundamente renovada sobre las características sociolingüísticas de esta lengua, su expansión y su posterior evolución” hacia el castellano, indica la consejera de Cultura del Gobierno foral, Rebeca Esnaola. “Y lo hace desvelando ante el público una circunstancia de nuestra sociedad medieval que es, todavía hoy, absolutamente desconocida para la mayoría de la ciudadanía”, puntualiza.
Una de las piezas expuestas.
52 documentos singulares
En la muestra se exhiben 52 documentos singulares del reino de Navarra de los siglos XI al XIV, escritos en esta lengua, y que permiten trazar su recorrido histórico, social y lingüístico y, al mismo tiempo, dar a conocer una circunstancia de la sociedad medieval navarra desconocida en la actualidad.
Los textos proceden distintos archivos, navarros y españoles. De todos ellos, 36 proceden del Archivo Real y General de Navarra, una selección muy exhaustiva de los más de 60.000 documentos en idioma navarro de los siglos medievales que conserva. El resto proceden de distintas instituciones: tres del Archivo Histórico Nacional, uno de la Biblioteca de la Universidad de Zaragoza, cinco del Archivo y Biblioteca de la Catedral de Pamplona, uno del Archivo de la Real Colegiata de Roncesvalles, dos de los Archivos Eclesiásticos de Tudela, uno del Archivo Municipal de Tudela, dos del Archivo Municipal de Olite y uno del Archivo Municipal de Genevilla.
Piezas singulares de la exposición
Entre las piezas expuestas, destaca el 'Libro de las generaciones y linajes de los reyes', conocido como 'Liber Regum', considerada la primera crónica escrita en romance en España y que precisamente está redactado en romance navarro, o el denominado 'Cantar de Roncesvalles', que interpreta en lengua navarra el gran poema épico de temática carolingia, una reliquia de la poesía épica medieval cuya inspiración última se encuentra en la propia Chanson de Roland del siglo XII.
No falta el Fuero General de Navarra, el códice jurídico por excelencia del reino, que se expone en la versión del ejemplar de la Cámara de Comptos, del siglo XIV, así como el Fuero de Laguardia o la concesión del Fuero de San Cernin de Pamplona a la villa de Lanz, el primer protocolo notarial conservado en Navarra de Martín Garcés don Costal, notario de Tudela, y el registro de Comptos del reino de Navarra de 1280, uno de los primeros volúmenes de esta serie documental única en su género.
También tienen cabida los grandes cartularios de la monarquía navarra, como el Cartulario de Teobaldo II o el Cartulario Magno de Carlos III y piezas eclesiásticas como el cartulario de Fitero del siglo XIII, el 'Libro Rubro' de Iranzu de 1257 o el Catecismo del obispo Barbazán, y textos cronísticos y narrativos como laCrónica de los Reyes de Navarra del Príncipe de Viana del siglo XV y la 'Complaynna que de sí face Navarra' o lamento de Navarra escrito en plena banderización del reino entre agramonteses y beaumonteses.
¿De quién? ¿Para qué?
La exposición se abre con una recopilación de textos medievales que proclaman la relevancia que tuvo esta lengua ya en su tiempo, cuyos contemporáneos denominaron lengoage de Navarra, ydiomate Navarre, ydiomate Navarre terre o, directamente, romanz o romance.
A continuación, el discurso expositivo se divide en tres bloques. En el primero de ellos, titulado En tiempos de turbación, se analizan los primeros compases de una lengua que comenzaba a diferenciarse del latín clásico, un latín evolucionado que en otros territorios dio lugar al catalán, al aragonés, al castellano o al leonés y que en Navarra derivó en el navarro.
Una visitante observa una de las vitrinas de la exposición.
El segundo bloque, titulado El idioma, ¿de quién?, se centra en las personas hablantes y demuestra cómo el uso del navarro se hizo habitual en todos los ámbitos de la sociedad. Fue a finales del siglo XII cuando la nobleza navarra del valle del Ebro comenzó a emplear en sus escritos la misma lengua que hablaba en su vida diaria, convirtiéndola en seña de su identidad. Este proceso fue emulado por la monarquía, que lo extendió a todo su aparato administrativo y llegó a contagiar a las instituciones eclesiásticas.
El tercer bloque, El idioma, ¿para qué?, identifica los usos que tuvo el romance y que cubrieron todas las necesidades comunicativas de la sociedad navarra medieval.
El citado como "idioma de la tierra navarra" se extendió a todos los ámbitos de la administración, de la cultura y de las gestiones privadas y se utilizó prácticamente para todo: para contabilizar –en apeos de rentas, censos, cuentas, alistamientos, fuegos–, para narrar –en textos históricos, poemas–, para rezar –en catequismos y sermonarios–, para legar y donar –en testamentos y disposiciones–, para compilar sus documentos anteriores trasladándolos en romance –en becerros, cartularios, registros–, para jurar, pactar y negociar (en el juramento regio).