‘Hache’ mostrará la cara oculta de Barcelona en 1960

La serie de Netflix se estrenará el 1 de noviembre en 190 países

Adriana Ugarte, Eduardo Noriega y Javier Rey son los protagonistas de esta ficción que tiene ocho episodios

10.02.2020 | 07:45
Adriana Ugarte encabeza el reparto de una serie que viaja a la capital catalana de hace seis décadas.

barcelona - La cara oculta de la Barcelona de 1960 y la llegada de la heroína a España, aderezadas con música de jazz, son algunos de los componentes de la serie de Netflix, Hache, que se estrenará el 1 de noviembre en 190 países, interpretada por Adriana Ugarte, Eduardo Noriega y Javier Rey.

La creadora del proyecto, Verónica Fernández, comenta que empezó a escribir el guion después de descubrir que cuando el capo de la mafia Lucky Luciano fue expulsado de Estados Unidos y se estableció en Italia siguió controlando la ruta de la heroína entre Asia y Norteamérica, introduciendo la droga en España a través del puerto de la capital catalana. Aficionada al cine negro, perfiló un personaje principal, Helena, una magnética mujer sin muchos escrúpulos, "un lobo sin conciencia de manada", en palabras de Ugarte, y a partir de ahí fueron creciendo otros protagonistas como Malpica (Javier Rey), jefe de una banda de la ciudad, con epicentro en el Club Albatros, y el torturado inspector Alejandro Vinuesa, interpretado por Eduardo Noriega. "Yo soñé con una serie -proclama Fernández- y creo que el resultado es mucho mejor. Seguro que a los Reyes Magos les hubiera pedido menos, y que Netflix haya apostado por la historia..., no se me ocurre lugar mejor para mostrarla".

La serie, dirigida por Jorge Torregrossa y Fernando Trullols, cuenta con ocho episodios de 50 minutos y fue grabada el año pasado entre Barcelona, Manresa, Terrassa y Tarragona, con un elenco que se completa con Marc Martínez (Arístides), Ingrid Rubio (Celeste), Pep Ambròs (Senovilla), Toni Zenet (Larrocha) o Josep Julien (Eladio Pérez).

supervivientes Torregrossa desvela que cuando le llegó el guion quedó abducido por los personajes, todos ellos unos supervivientes, y "por cómo eran de descarnados, por cómo estaban llenos de demonios, por cómo se relacionaban". A su juicio, son gente a la que "el instinto de supervivencia les lleva a hacer cosas muy extremas". Asimismo, destaca que lo que les irá sucediendo "está contado de una forma muy poco habitual y yo he buscado que la serie fuera a nivel visual muy actual, con los actores con mucha libertad de movimientos. Es como estar metidos en un documental de la época de los sesenta". Tanto Verónica Fernández como Jorge Torregrosa solo tienen buenas palabras respecto a Netflix. "Las escenas de sexo, la violencia que hay, la historia tal como la hemos querido contar está allí, y la culpa de que no guste la vamos a tener nosotros, nadie más", aseveran ambos.

Adriana Ugarte y Eduardo Noriega coinciden con creadora y director e incluso destacan que antes de iniciar el rodaje celebraron dos reuniones, primero con el equipo técnico y luego con el artístico, por si surgían problemas relacionados con "situaciones de incomodidad o de sentir, de alguna manera desigualdad o abusos de cualquier tipo para que pudiéramos contactar con ellos". Ugarte precisa que el punto de partida "ya fue muy bueno porque los guiones resultaban muy atractivos y muy profundos, se hablaba de empoderamiento femenino, y mi personaje, igual que el resto, era de luces y sombras". Cree que podría sugerir "a un lobo, un animal al que no le da miedo su oscuridad, aunque sí su fragilidad, su debilidad o su vulnerabilidad. Es alguien con una moral completamente adaptativa, que piensa que si algo sirve para sus objetivos está bien". De ser una prostituta de la calle, "una quinqui callejera", acaba convertida en una mujer manipuladora que asumirá el control del tráfico de heroína en la organización que encabeza Malpica.

Eduardo Noriega indica que su personaje llegará a Barcelona desde Madrid, "huyendo desde su propio dolor y aquí se encontrará con unos botecitos dentro de unas muñecas, que contienen un polvo blanco, que debe de ser muy importante porque hay gente matando por eso". Sin embargo, al principio, en esa comisaría franquista en la que se encuentra "no tienen ni laboratorio para analizar este producto, en una España en la que no existía el consumo recreativo de la heroína y, por supuesto, tampoco el narcotráfico, ni tan siquiera como concepto".