Casuccio (moto) y Koolen (quad) -éste, director de Booking.com- son dos prototipos del piloto pijo (adinerado amante de las emociones fuertes) que tanto abunda en el Dakar. El jueves, en Chile, se saltaron -para ahorrarse algún kilómetro de etapa- las balizas que indican la ruta oficial y dañaron sitios arqueológicos. Casuccio está indignado con su detención de varias horas. “Cómo se enfadan por cuatro piedras. Ni que me hubiera metido por medio del Coliseo”. Y se queda uno con las ganas de que un piloto chileno haga el cafre en las ruinas romanas, a ver qué opina. Por lo demás, que esté tranquilo: Chile obtiene tal pastizal del Dakar que pasará por alto ése y cualquier otro exceso de los niñatos que les visitan cada año.