Quique Domínguez / Entrenador del Helvetia Anaitasuna

"Me gusta la literatura, el cine y el arte. Puedo pararme 15 minutos delante de un cuadro"

El nuevo entrenador del Helvetia valora las primeras semanas al frente del equipo. El técnico gallego, licenciado en Historia del Arte, habla también de sus aficiones

06.08.2020 | 00:33
Quique Domínguez, nuevo entrenador de Helvetia Anaitasuna.

el protagonista

Nombre completo. Enrique Domínguez Munaiz.

Lugar y fecha de nacimiento. Pontevedra, 26/01/1969.

Familia. Casado. Tiene tres hijos: Clara, de 22 años; Gonzalo, de 18; y Natalia, de 13.

Trayectoria. Como jugador, en el Teucro y en el Octavio Pilotes Posada, los dos gallegos. Como entrenador, Octavio Pilotes Posada, Condes Albarei Teucro, Mudhar HC (Arabia Saudí) y Acanor Novás, de donde procede.

Estudios. Es licenciado en Historia del Arte.

Muy aficionado al deporte. Practica tenis, running y es asiduo al gimnasio.

Literatura. Su libro favorito es El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez, quien es su escritor predilecto.

Película. Un lugar en el mundo, de Adolfo Aristarain.

Actores. Ricardo Darín y Cecilia Roth.

Un jugador. Richardson.

Ciudad para vivir. Santiago.

Un sueño. Que la etapa en Anaitasuna sea "larga y fructífera" para el club y para él.

Un cuadro que represente el momento actual. 'Convergence', de Pollock.

En el tiempo que lleva en Navarra, ya ha visitado lugares emblemáticos como Olite, el castillo de Javier o el monasterio de Leyre. Pero no serán los únicos. Quique Domínguez es el nuevo entrenador del Helvetia Anaitasuna para la temporada 2020/2021 y, a la vez que está inmerso en la preparación de su equipo para el comienzo de la Liga Asobal, no deja de lado otras de sus pasiones. Licenciado en Historia del Arte, le gusta visitar exposiciones, museos y conocer monumentos. Leer buenos libros, en especial de escritores latinoamericanos como García Márquez, Vargas Llosa, Luis Sepúlveda o Ricardo Piglia, sin olvidar otros más cercanos como David Trueba, Manuel Vicent o su paisano Manuel Rivas. Sus palabras transmiten serenidad, la misma que intenta aplicar en el balonmano y trasladar sobre la pista. A sus jugadores. El técnico gallego tiene ante sí la ardua labor de entrelazar una cesta con muchos y variados mimbres, pero el reto no le asusta. Es curtido artesano y está bien acompañado.

¿Cómo está transcurriendo la pretemporada hasta ahora?

–Muy bien, tanto en lo personal como en lo colectivo. Las primeras impresiones, en estas dos semanas y media, no pueden ser mejores. Yo me estoy sintiendo muy cómodo, muy a gusto. En primer lugar, con mi cuerpo técnico. Tenía muy buenas referencias, pero desde que me he puesto a trabajar con él, es extraordinario. En lo profesional y en lo humano. Y después, con la plantilla. Al llevar tanto tiempo parados, han venido con ganas. Su actitud, la intensidad y la buena predisposición que están mostrando los jugadores, me está facilitando el trabajo a la hora de sacar adelante las sesiones.

Todavía no se han jugado amistosos y, por lo tanto, no se puede examinar al equipo en cuanto a juego. Sin embargo, ¿qué sensaciones le está transmitiendo?

–Muy buenas. Las primeras semanas hemos tenido que empezar respetando las distancias y sin contacto, y eso ha hecho que hagamos un trabajo diferente a otras pretemporadas y que hayamos retrasado el inicio de los aspectos más tácticos. Sin embargo, los objetivos que nos vamos marcando cada semana de asimilación, de modelo de juego y de grado de cohesión son buenos. Evidentemente, una cosa es entrenar y otra, competir. Los partidos que vayamos jugando nos darán mucha información, pero ahora mismo estoy muy contento por cómo se está desarrollando el trabajo y por cómo los jugadores están poniendo todo de su parte.

No parece fácil desarrollar la pretemporada, con la situación de crisis sanitaria que atravesamos...

–No lo es. Pero creo que todos tenemos muy interiorizado que lo que toca es asimilar la situación, adaptarse y respetar las limitaciones que nos pongan, que son por una razón de mucho peso, como es la salud. Y después, poner pocas excusas. La situación es igual para todos y excusarse siempre es de cobardes. Hay que buscar soluciones, poner remedios y tirar para adelante con la situación que nos toca vivir.

El Helvetia va a contar con una plantilla muy joven la próxima temporada. ¿Qué ventajas y qué inconvenientes cree que tiene eso?

–No sé si seremos la plantilla más joven de la categoría, la verdad es que no tengo el dato, pero me atrevería a decir que sí. Tenemos jugadores con 19, 20, 21 y 22 años. Uno de los que parece que lleva aquí toda la vida, uno de los veteranos, es Antonio Bazán, que tiene sólo 24. La juventud supone ilusión y ganas. Los jóvenes llegan con una fuerza que se la tienen que transmitir también a los más veteranos. No porque no la tengan, sino porque es ley de vida. Si eres joven y no tienes ilusión, ni ganas ni ambición, no puedes estar en este equipo. A la vez, con ellos también hay que tener paciencia. Hay muchas cosas que pulir, que perfeccionar y que mejorar. Ir haciéndoles entender que competir en Asobal es muy distinto a la Primera Nacional o a la Plata. Debemos tener paciencia en el cuerpo técnico, en el club y en la afición. Son jugadores jóvenes que están llamados a tener mucho protagonismo, pero los pasos hay que darlos con calma. Así que, de entrada, a mí me gusta mucho que haya juventud. Es verdad que no hay demasiados veteranos, pero los que hay son de peso, y estoy seguro de que sabrán ir llevando a los jóvenes también.

Hablamos de los jugadores. Pero, ¿cómo está asimilando usted la llegada a un club y a una ciudad nuevos?

–Como entrenador, estuve 12 años en Octavio, después cuatro en Teucro y, a partir de ahí, he ido cambiando año a año. Ahora estoy más habituado a los cambios. Mi paso por Arabia Saudita supuso un antes y un después para mí. Una vez que te vas allí como primera experiencia fuera, ya nada te va a sorprender. Eso sí fue un cambio grande. Pero aquí me está resultando fácil. Mi adaptación a la ciudad, al club y al equipo está siendo muy rápida y muy fácil. Echo un poco de menos a mi familia, que me gustaría que estuviera aquí, pero en breve vendrá.

¿Su familia está contenta de venir a Pamplona?

–Sí. Ellos eran quienes más claro tenían que debía venir. Yo estaba a gusto en Novás, pero sabía que era un paso que debía dar, aprovechar la oportunidad de volver a la Asobal y venir a un club como el Helvetia Anaitasuna.

El equipo empieza la Liga en Guadalajara y en las primeras jornadas hay rivales como Valladolid, Barça, Bidasoa o Benidorm. ¿Cómo valora este inicio?

–De entrada, me gusta jugar el primer partido fuera de casa. El primero siempre tiene una dosis de incertidumbre y de nervios, de ver cómo se plasma todo el trabajo de pretemporada. Cuando juegas en casa, tienes un extra de que hay que ganar, aunque es verdad que hacerlo fuera no garantiza nada, pero no me parece malo. No es un comienzo fácil, si es que se confirma finalmente, pero excusas las justas, como decía antes. Ahora hay que hacer que el equipo llegue al 2 de septiembre en buena forma y preparado para competir.

Es un entrenador que le da mucha importancia a la cantera y viene a un club con una gran base.

–Cuando Helvetia Anaitasuna me presenta el proyecto, yo estoy muy identificado con él. Esa base se tiene que reflejar en el primer equipo. Ahora suben Marcos Cancio y Aitor García, están también Ander Izquierdo y Martín Ganuza... Son jugadores con muchas cualidades, con muchas ganas de estar en este equipo. Llevan a Anaitasuna en el corazón, así que hay que darles oportunidades y hacer que crezcan.

Al principio ha hecho mención al cuerpo técnico. ¿Qué tal con Pablo Galech, su segundo?

–Muy bien. Pablo está ahora haciendo el trabajo específico con porteros. Yo pensaba que en los primeros días iba a estar más nervioso por ese nuevo rol, ya que el año pasado estaba entrenando con los jugadores y ahora pertenece al cuerpo técnico, pero está tranquilo y demostrando implicación máxima.

Habla de tranquilidad, pero usted también parece una persona sosegada. No sé si luego saca el genio durante los partidos.

–Siempre hay momentos en los que puedes estar más tenso, pero creo que soy bastante tranquilo. Intento manejar las emociones y, de hecho, trabajo sobre ellas para dominarlas. Cuanto más tranquilo estés en un banquillo, mejores decisiones podrás tomar.

¿Qué objetivo personal se ha marcado?

–Yo le doy mucha importancia al juego y al proceso, a la manera de hacer las cosas. Desde el primer momento tengo claro cuál quiero que sea el modelo de juego, tanto en lo defensivo como en lo ofensivo. Esto va a llevar tiempo, pero quiero que sea un equipo muy reconocible, que todo el mundo cuando lo vea jugar sepa que hay un patrón claro. Eso requiere mucho trabajo. Pero yo apuesto por una manera de jugar que espero que se traduzca luego en resultados. Sé que esto es deporte y sé que a mí se me juzgará por los resultados, pero en eso voy un poco a la contra. Estaré satisfecho cuando vea al equipo jugar bien, dinámico, variado, cuando vea que los jugadores van creciendo individualmente y van entendiendo el juego. No tengo ninguna duda de que si eso es así, los resultados llegarán.

Su vida la ha dedicado al balonmano, pero también es licenciado en Historia del Arte. ¿Qué le llevó a estudiar esta carrera?

–Era lo que me gustaba. Empecé a estudiar Historia en Santiago de Compostela y después elegí la especialidad de Historia del Arte. Me gusta mucho. Es verdad que nunca me he dedicado a ello, pasé directamente de ser jugador a ser entrenador, sin tiempo intermedio. Pero el arte me gusta mucho.

¿Es una pasión que le viene de pequeño? ¿Era creativo?

–Tengo claro que yo era de letras. Arte, literatura, lengua... Toda esa rama se me daba mucho mejor que los números, que la tecnología o que la informática. Yo ahí soy muy malo. Estoy más cómodo en todo el tema cultural. De hecho, ya he empezado a conocer Navarra y a visitar monumentos, ya que me encanta ver piedras, para desesperación de mis hijos.

¿Qué lugares de Navarra ha visitado hasta ahora?

–Sobre todo la Zona Media. He visitado Olite, el castillo de Javier, el monasterio de Leyre, Sangüesa, Gallipienzo y he estado en la increíble Foz de Lumbier, donde me he dado también un baño fantástico. Me parece todo maravilloso.

También creo que le gusta visitar museos y ver exposiciones. ¿Ya se ha hecho alguna lista a los que ir?

–A lo mejor este domingo me animo, pero todavía no. Ya me haré mi plano para ir visitando los museos y los sitios preciosos que hay aquí. Además, en este tipo de visitas no tengo problema en ir solo. Me gusta ir a mi aire, que nadie esté pendiente de mí, pararme a lo mejor 15 minutos delante de un cuadro y leerme bien la leyenda que hay al lado. Si vas con alguien, se le puede hacer pesado.

Deporte y cultura no están reñidos.

–No. Somos personas y podemos tener distintas aficiones y gustos. Me gusta leer, la literatura y el arte. Es una afición que tengo y, cuando puedo, la practico.

Creo que sobre todo le gusta la literatura latinoamericana.

–Sí, Gabriel García Márquez me gusta mucho. Al igual que de aquí, por ejemplo, me encanta David Trueba. Como director y como escritor. Ahora me estoy leyendo su último libro, El río baja sucio. Me identifico mucho con su manera de pensar y con su obra.

El cine es otra de sus aficiones. ¿También le gusta ir solo?

–Sí. Mi mujer se enfada, pero es algo que me encanta. Últimamente no voy mucho. Cuesta compaginar también las aficiones con la familia.

"Toca adaptarse a la situación y poner pocas excusas. Excusarse siempre es de cobardes"

 

"Quiero un equipo muy reconocible, que cuando lo vean jugar se sepa que hay un patrón claro"


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