Recibimiento de campeón que levanta el ánimo a Unai Laso a su llegada a Pamplona

Biskarreta-Gerendiain, su pueblo natal, se moviliza en la primera gran final de su paisano

14.11.2021 | 23:10
Laso fue recibido con honores por familiares y amigos de Biskarreta-Gerendiain en la sidrería La Runa de Rochapea.
Recibimiento a Unai Laso a su llegada a la sidrería La Runa tras el partido

Unai Laso fue recibido como un auténtico campeón a su llegada a la sidrería La Runa, situada en la Rochapea, en la que quiso compartir con sus amigos sus sensaciones tras la final del  Cuatro y Medio, disputada en Bilbao. El pelotari navarro luchó como un jabato en un emocionado partido, que cayó finalmente del lado de Altuna III. Un esfuerzo que fue recompensado por amigos, familiares, compañeros en Baiko y aficionados con una espectacular bienvenida.

  

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Nunca nadie pudo imaginar que un viaje desde Biskarreta-Gerendiain hasta Bilbao pudiera dar tanto de sí. Hablamos del que completaron ayer casi todos sus habitantes (algo más de un centenar, según el censo de 2020) para apoyar a su paisano Unai Laso en su primera gran final como pelotari profesional. A ellos se unieron un buen puñado de amigos del delantero de Baiko que se desplazaron hasta el frontón Bizkaia desde Pamplona, y también algunos familiares que su padre tiene en Bilbao y Larrabetzu. En total, más de dos centenares de una hinchada que en sesión matinal se dejó sentir por las céntricas calles de la capital vizcaína y ya por la tarde en las gradas del escenario de una final a la que, para que el viaje hubiera sido perfecto, le faltó el colofón de la txapela. Pero a Laso se le escapó literalmente de las manos. Jokin Altuna, el defensor del título, le despertó de su sueño.

Fueron dos los autobuses que se fletaron desde Biskarreta-Gerendiain porque la ocasión lo merecía, mientras que los que no pudieron desplazarse hasta Bilbao se tuvieron que conformar con animar a su paisano desde la sociedad de una localidad a la que Unai Laso ha puesto en el mapa. Porque el joven delantero navarro, 24 años le contemplan, estaba hace poco más de un año en el paro (Baiko no le renovó entonces el contrato, una de las circunstancias que derivó luego en una huelga de casi la totalidad de la plantilla de pelotaris de la operadora bilbaína) y ayer escaló hasta el segundo escalón del podio del Cuatro y Medio de la LEP.M, aunque por la ovación que le tributó el Bizkaia cuando subió al cajón pareciera haber salido triunfador de su envite con Altuna.

A Unai Laso le desgastaron ayer el nombre, porque desde por la mañana se escuchó a sus familiares y amigos corearlo por el centro de Bilbao y, tras un necesario refrigerio, también en los aledaños y en el interior del Bizkaia en el turno vespertino antes, durante y después de una final que quedará para la historia. Porque ha habido otras con resultados más ajustados, pero no con tantos abrazos en el marcador. Y es que antes de que Altuna se hiciera con el triunfo por un apretado 22-20 se registraron igualadas a 4, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19 y 20.

Con tanta emoción en la cancha y con los nervios a flor de piel en la grada, a unos cuantos aficionados, tanto seguidores de Altuna como de Laso, se les olvidó que el correcto uso de la mascarilla en interiores continúa siendo obligatorio, ya que la pandemia de covid-19 sigue al acecho, el único detalle que empañó una fiesta que por este motivo se interrumpió momentáneamente con el 19-19 en el marcador. El parón duró poco, concretamente hasta que los despistados entraron en razón y las mascarillas volvieron a su sitio e impidieron la suspensión del encuentro, cuestión que estuvo sobre la mesa según confirmó el gerente de Baiko, Joserra Garai, a la conclusión de la final.

Sin embargo, el viaje que comenzó por la mañana en Biskarreta-Gerendiain no concluyó en Bilbao con la entrega de trofeos. Prosiguió hasta el pamplonés barrio de la Rochapea, donde Unai Laso se citó con algo más de un centenar de comensales para festejar su extraordinario campeonato. Porque, pese a la derrota, no todos los días se llega a una final. Fue en la sidrería La Runa donde el pelotari navarro recibió el tributo de su gente, con la que más tarde compartió mesa, mantel y lo que surgiera después.

A Unai Laso le recibieron en Pamplona sus familiares, amigos y compañeros de empresa a eso de las 23.00 horas. Lo hicieron por todo lo alto, como si se hubiera calado la txapela. Con bengalas, cánticos y mucha ganas de diversión, porque, como decía Asier Agirre, uno de sus compañeros en Baiko, "pese a la derrota, ha hecho un partidazo y tiene que estar contento y orgulloso de lo que está haciendo". Continuó explicando que la final se decidió "por pequeños detalles", tesis que también defendió el padre del subcampeón, Txema Laso, que estuvo en Bilbao y también en la cena. Además de destacar el mérito de su hijo por empatar el partido después de un mal inicio, se atrevió a dar la clave del encuentro: "Las dos faltas de saque que ha hecho al principio, porque eso le ha condicionado y le ha hecho elegir luego una pelota más lenta que no le iba tan bien".

Pero tras la decepción, tocaba celebrar el éxito de disputar una final y estar tan cerca de la txapela. A la fiesta se apuntaron unos cuantos de los familiares y amigos que estuvieron en la grada del frontón Bizkaia de Bilbao y también otro buen puñado de pelotaris, compañeros de empresa que además mantienen una estrecha relación de amistad con Unai Laso. Entre ellos, Oinatz Bengoetxea, Iosu Eskiroz, Ibai Zabala, Víctor Esteban, Mikel Larunbe y Rubén Salaverri, es decir, la gran mayoría de los que le brindaron su apoyo cuando se quedó fuera de Baiko. También otros con los que compartió en su juventud éxitos y formación en el club de Huarte, como Eneko Yoldi e Iker Espinal.

La guinda llegó con un pastel con la imagen de Unai Laso, al que ahora le toca digerir la derrota y prepararse para próximas batallas, aunque antes tendrá que abrochar un viaje casi perfecto con inicio y final en Biskarreta-Gerendiain, donde esta tarde le aguarda otro homenaje.




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