Piernas de ciclista y cabeza de empresario
ORBAICETA SE BAJÓ DE LA BICI EN SU MEJOR MOMENTO PARA INICIAR OTRA CARRERA EN LOS NEGOCIOS
"Un día salí a entrenar y al llegar a casa traté de recordar por qué carreteras había transitado pero no pude, porque había estado toda la mañana pensando en los negocios". De esta forma narraba Ignacio Orbaiceta, hace ahora 16 años, cómo dejó el ciclismo para iniciar otra carrera, bastante más larga, en el mundo empresarial.
Orbaiceta, con 26 años recién cumplidos, se dio cuenta entonces de que había llegado el momento de dejar la bicicleta, que no el ciclismo, al que seguiría vinculado en distintas facetas durante varias décadas más.
Era el año 1949 y pese a que su futuro sobre las dos ruedas era más que prometedor, su cabeza tenía la mente fijada en otras metas. Durante la década que permaneció encima del sillín, había pisado en innumerables ocasiones suelo francés y quizá fue allí donde observó un mundo más adelantado al de la dura Navarra del franquismo, que le había servido de inspiración para orientar sus conocimientos hacia los negocios.
En conversaciones con los más cercanos, y con la tranquilidad que da el paso del tiempo, no tenía mayor inconveniente en reconocer, o más bien incluso en presumir, de que algunos de sus primeros ingresos los obtuvo de traer desde el otro lado de los Pirineos algunos de los numerosos productos que era imposible adquirir aquí.
Sus ojos se fijaron en primer lugar en aquellos tubulares que le permitieron andar más fino que el resto del pelotón en algunas de la multitud de pruebas que disputó - "se pinchaban más fácil, pero se corría más", recordaba- y también en otras cosas como piezas para montar en los motores de motocicletas. Eran los tiempos del estraperlo y aquella práctica ilegal le reportó algún disgusto con la Guardia Civil y un buen número de satisfacciones.
Para entonces, Orbaiceta había sido capaz de imponerse en una etapa de la Vuelta de 1946 -ganó la cuarta en la única edición de la ronda española que disputó antes de retirarse en la séptima- y también había acumulado otros triunfos sonados. Uno de ellos fue en 1940, en la segunda edición de la denominada prueba de San Fermín, en la que con tan solo 17 años deslumbró a los aficionados al ser capaz de batir a estrellas consagradas de la época como Federico Ezquerra, Fermín Trueba o Delio Rodríguez.
Ninguno de aquellos éxitos -acumuló muchos más sobre todo en pruebas de un día, ya que no se recuperaba del esfuerzo lo suficiente en las carreras por etapas- le desvió su atención de los negocios. Dejó el ciclismo pero continuó ligado a este deporte. En 1975 se convierte en el mecenas del primer equipo profesional navarro de la historia. Realiza un gran esfuerzo -¡40 millones de pesetas de los de aquella época!- para crear una escuadra potente. Intentó que su fichaje estrella fuera el pentacampeón belga del Tour, Eddy Merckx. Pero no pudo ser, y Luis Ocaña fue el que lideró el equipo.
La primera temporada se salvó con la victoria de Agustín Tamames en la Vuelta a España; pero en 1976 Orbaiceta, decepcionado con su jefe de filas, sobre todo, tras su actuación en el Tour, decide poner fin al sueño del equipo profesional. Sin embargo, siguió el SuperSer de aficionados, que sí dio alegrías.
Más en Economía
-
La OPEP+ aprueba un nuevo incremento de 188.000 barriles diarios de su cuota de producción
-
Joanes Esain: “Trabajo de lunes a domingo y saco tiempo de donde no lo hay para poder disfrutar”
-
Ane García: “No tendría que ser así, pero trabajo 60 horas a la semana para poder comprar una casa”
-
Con un trabajo no basta: las personas pluriempleadas se duplican en la última década en Navarra