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¿Y si bajamos algún impuesto?

19.03.2021 | 01:03
¿Y si bajamos algún impuesto?

Es la hora de los audaces. El momento de anticiparse al mundo nuevo que surgirá cuando (¿2022? ¿2023?) nos desprendamos de las mascarillas y sepamos, por fin, dónde nos encontramos. Si de nuevo en una crisis permanente o, lo que a día de hoy parece más probable, en un escenario de fuerte recuperación, de alegría en el consumo e inversiones millonarias para transformar el tejido productivo.

Es tiempo de que Navarra tome algunas decisiones, de desmarcarse del ritmo que marca la enloquecida política nacional y aprovechar una autonomía tributaria que proporciona mucho más margen del que el Gobierno de María Chivite está empleando. Si Madrid ha sido capaz de eliminar Patrimonio y Sucesiones, dos medidas que benefician a unos pocos y permiten absorber contribuyentes ricos, Hacienda Foral también puede dar forma a un marco tributario mucho más atractivo que el presente, que ayude a atraer inversiones y talento a lo que no deja de ser un pequeño territorio poco poblado del sur de Europa.

Para lo primero, las inversiones, hay que mirar al Impuesto de Sociedades. En este tributo, Navarra vive en el peor de los mundos posibles: el tipo general para las grandes empresas es alto (28% frente al 25% general) y al mismo tiempo se recauda muy poco, apenas la mitad que la media española o europea. Simplificando: mala imagen y pocos ingresos. De hecho, Sociedades ha perdido buena parte de su capacidad recaudatoria y aporta poco más de 265 millones de euros al año, la mitad que en 2007, el 1,3% del PIB y apenas un 7,2% del total recaudado.

Con estas cifras y, sobre todo, con las perspectivas para los próximos años, puede haber llegado el momento de dar un golpe de marketing y abordar una rebaja drástica al impuesto, dejarlo por ejemplo en el 10% (Irlanda lo tiene en el 12,5%) y situar a Navarra en el mapa como uno de los territorios europeos con menor presión a los beneficios empresariales. Hay poco para perder y mucho que ganar en un momento en el que cientos de pequeñas, medianas y grandes empresas estudian proyectos de inversión.

Para el talento, también es necesario adoptar medidas. La nueva economía dibuja un paradigma donde el teletrabajo no será mayoritario pero sí relevante. Spotify, sin ir más lejos, va a permitir que miles de empleados trabajen desde aquel lugar del mundo que deseen. Solo necesitan una buena conexión a internet y, a ser posible, un aeropuerto cercano y con vuelos suficientes. La fiscalidad serviría de cebo para captar un talento que en Navarra encontraría buenos servicios públicos y una elevada calidad de vida. Pero que echa en falta un mercado del alquiler suficiente (¿conviene aplicar unas agresivas deducciones al alquiler que aumenten la oferta o actuar directamente desde la promoción?) y se encuentra con unos impuestos alineados con la media. Reducir el IRPF que pagan los nuevos residentes, y hacerlo de un modo contundente pero temporal, compensarían la ausencia de sol y playa que han ayudado a Málaga a convertirse en un nudo tecnológico de primer nivel.

Ninguna de estas dos medidas debería suponer una merma recaudatoria inasumible en el corto plazo para Navarra, que podría al mismo tiempo simplificar el Impuesto de Sociedades –agujerado por las multiples reducciones y deducciones que se han ido aplicando– y ensanchar las bases imponibles, que falta le hace. Asimismo es posible mantener la progresividad de las rentas altas de capital y urge reforzar la plantilla de Hacienda, una de las más raquíticas de Europa. Se trata de vivir de lo que se recauda, no de una deuda que no deja de crecer.

En junio se cumplirán tres años de la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa. Y hace ya más de uno que gobierna junto a Unidas Podemos en una coalición de izquierdas que, hasta el momento, no se ha atrevido a frenar el dumping fiscal madrileño que tanto daño hace al resto de comunidades. Rota la baraja de la equidad por el centro, quizá es el momento de la periferia. Para ello hay que desterrar viejas ideas y adelantarse, actuar de modo contracíclico y hacer, en suma, lo que nadie hace. Suele constituir una buena receta para el éxito.