La mitad de los municipios de Navarra (136) fue capaz de crear empleo el año pasado. Una buena noticia teniendo en cuenta las dificultades de un ejercicio especialmente complejo para la industria de la Comunidad Foral, pero un dato que al mismo tiempo no puede ocultar otra realidad: más del 70% de los nuevos puestos de trabajo se concentran en la Comarca de Pamplona, que sigue incrementando su peso en Navarra.

De hecho, el peso de la Comarca de Pamplona en el empleo total no ha dejado de crecer en la última década, un periodo lo suficientemente amplio como para mostrar una tendencia difícilmente reversible. Si en 2015 superaba apenas el 58%, hoy ronda ya el 62%. Y todo hace prever que la tendencia seguirá al alza, como consecuencia de la pérdida de peso de la actividad industrial del norte de Navarra y una terciarización imparable, de la mano tanto del envejecimiento de la población, como del desarrollo de los servicios de alto valor añadido.

Esta última es una de las buenas noticias que deja el análisis del empleo del último año. Los servicios de Tecnologías de Información y Comunicaciones (TIC) han registrado en el último año el mayor crecimiento porcentual, con un aumento del 7,52% que cuadruplica el ritmo medio de creación de empleo. En términos absolutos, ha sumado 322 nuevas afiliaciones en solo doce meses.

Junto a ello, la sección de Actividades Profesionales, Científicas y Técnicas, que incluye servicios de ingeniería, consultoría y arquitectura, ha sumado 730 empleos en 2025, lo que supone un crecimiento del 4,60%.

Este es uno de los incrementos absolutos más potentes de toda la economía navarra, solo superado por sectores como la Sanidad o la Educación, que recogen tanto el impacto del envejecimiento poblacional como del gasto público.

La terciarización de la industria manufacturera

La tendencia se repite si se analiza la última década: aunque quizá con menos diferencia, el empleo crece con más fuerza en este tipo de actividades, que buscan perfiles profesionales específicos, una relativa cercanía con el cliente final y que por todo ello tienden a ubicarse en Pamplona o en los municipios cercanos.

Su auge tiene además mucho que ver con una industria manufacturera que, pese a un último año con destrucción de empleo, exige servicios externos de ingeniería y consultoría que computan en la sección. Una parte del empleo industrial no desaparece, por tanto, sino que se terciariza hacia servicios especializados. Estas dinámicas, comunes en casi todos los territorios, benefician especialmente a los grandes centros urbanos. En 2025, el municipio de Pamplona supuso algo más del 45% de la creación de empleo neta de la Comunidad Foral, con más de 2.400 puestos de trabajo creados.

Un Noroeste a la baja por los cierres industriales

El año quedó marcado por dos cierres relevantes (Sunsundegui y BSH), que lastran los datos de Alsasua y la Cendea de Galar, que se dejan, a cierre de diciembre, algo más de 700 puestos de trabajo netos entre ambas localidades. Son los dos municipios que sufren una mayor caída en términos absolutos, si bien en el caso de la Cendea de Galar, su tamaño y su dinamismo mitigan el impacto en mayor medida que en la capital de Sakana.

Alsasua es una buena muestra del decaimiento industrial y demográfico del noroeste de Navarra, que se aprecia en los datos de 2025, pero sobre todo en los de la última década. Lesaka, Larraun, Leitza e Imotz son algunos de los municipios que han perdido trabajadores en diez años, un periodo de una intensa creación de empleo. Baztan muestra también signos de debilidad y solo Bera hace de su proximidad a Irún y a la frontera una fuente de crecimiento continuo: 505 empleos en la última década (un 21% más).

Desafíos demográficos y retención de talento

Con la mayor parte de sus grandes empresas desaparecidas o en lento declive, se mantiene, aunque también con una plantilla más reducida, la papelera de Leitza, que da empleo a más de 350 personas. El envejecimiento poblacional, la especialización en actividades de bajo crecimiento, como el metal y el primario, y las dificultades para retener talento en pueblos pequeños, funcionan como una combinación dañina para un territorio orográficamente complejo que ha encontrado en la hostelería y el turismo una red.

Sin embargo, la hostelería muestra una capacidad de creación de empleo limitada, muy dependiente de la evolución demográfica. De ella, y de la preocupación creciente por la salud, se nutre el sector sociosanitario, que genera unos 1.000 empleos al año de manera casi continua desde 2015 y cuenta ya con unas 35.000 afiliaciones.

La Ribera: el motor agroalimentario y tecnológico

Su impacto se nota en toda Navarra, con especial incidencia en Pamplona, pero también en la Ribera, donde la industria agroalimentaria ha creado más de 400 empleos en el último año. En 2025, por ejemplo, Arguedas se cuela entre los municipios con mayor creación de empleo, en tanto que localidades como Funes, Valtierra, Villafranca, Marcilla y Azagra muestran un crecimiento claramente por encima de la media.

Muy cercana, pero con una especialización diferente y un peso creciente de la electrónica, Peralta ha sido capaz de crear más de 600 empleos en la última década. Un nudo tecnológico cada vez más relevante que no se explica sin el crecimiento de la multinacional Azkoyen.

Tafalla y Mendavia, excepciones al crecimiento de la última década

Aunque la última década ha estado marcada por la creación de empleo, sobre todo en la zona sur de Navarra, que sufrió especialmente en la crisis de 2008-2013, no todas las localidades se han comportado de manera uniforme. El caso de Mendavia es paradigmático: pese a mostrar una ligera mejoría en el último ejercicio, la localidad ha perdido un 15% de su empleo en la última década.

Este retroceso pone de manifiesto los riesgos de una excesiva dependencia del sector primario tradicional. A diferencia de otras zonas de la Ribera que han dado el salto hacia una industria agroalimentaria de transformación avanzada —capaz de generar mayor valor añadido y estabilidad contractual—, Mendavia sigue acusando una especialización en la producción base. Esta falta de diversificación industrial lastra su capacidad para retener trabajadores y atraer nuevas inversiones tecnológicas.

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Por otro lado, Tafalla ilustra una problemática distinta vinculada a la logística y la planificación urbana. Aunque la ciudad del Cidacos logró recuperar diez empleos en el último año, la perspectiva a largo plazo es preocupante: junto a sus vecinas Larraga y Miranda de Arga, arrastra una caída del 3,5% en la última década.

Dos factores clave explican este estancamiento: la falta de suelo industrial disponible: La ausencia de espacios adecuados para la implantación de grandes proyectos impide que la localidad compita en igualdad de condiciones con los polígonos de la Comarca de Pamplona. La proximidad a la capital: Tafalla sufre el "efecto succión" de Pamplona, que actúa como un imán para los perfiles profesionales más cualificados y para las empresas que buscan cercanía con los servicios centrales, dejando a las localidades del entorno en una situación de vulnerabilidad ante la falta de nuevos motores económicos locales