La industria navarra ha cerrado su ejercicio más difícil de los últimos años. Y lo ha hecho, por primera vez en doce años y al margen del covid, con destrucción neta de puestos de trabajo. A cierre de diciembre, la Seguridad Social se había dejado 101 afiliaciones, una descenso muy contenido, de apenas de apenas el 0,14% en un periodo marcado por los cierres de dos empresas muy relevantes en términos de empleo: BSH y Sunsundegui.
Estos dos golpes se acusan en las cifras totales de empleo en un ejercicio que, además, se ha encontrado con los vientos de cola que soplan desde Europa y que, en los últimos meses, parece que vuelven a cambiar. La debilidad alemana, dañada especialmente por la invasión rusa de Ucrania y el fin del gas barato, junto al raquítico crecimiento de Francia, han condicionado los dos grandes mercados de las empresas exportadoras navarras.
Hay, en todo caso, mejores sensaciones con vistas a 2026, cuando debería coincidir no solo el mejor comportamiento del consumo en el continente, sino el impacto de las millonarias inversiones efectuadas por la industria en Navarra en los dos últimos años, y que superan los 1.500 millones de euros.
En total, la industria manufacturera de la Comunidad Foral cerró diciembre con 70.720, frente a los 70.821 del mismo mes del año anterior. Esta caída contrasta con el crecimiento de 1.000 empleos diarios que se registraba a finales del año pasado, los casi 900 de 2023 o los 1.800 de 2019, antes de que la pandemia impusiera un paréntesis.
Desde entonces, sin embargo, el ritmo de crecimiento de la industria navarra ha sido menor, condicionado sobre todo por factores externos, pero también por un cierto agotamiento estructural en algunas actividades. Solo la industria agroalimentaria, la de menores costes salariales, aumenta año tras año sus cifras de ocupación.
Esto mismo sucedió el año pasado, al incorporar a otros 425 empleados, de la mano del crecimiento del mercado interno –España gana alrededor de medio millón de habitantes al año que consumen alimentos todos los días– y de una actividad exportadora creciente.
La alianza con Mercosur supone un reto y una oportunidad al mismo tiempo con vistas a los próximos años. Cierra el año con 17.604 afiliaciones a la Seguridad Social, la cifra más elevada de su historia, tras crecer cerca de un 2,5% en el último año.
Estabilidad en automoción, dinamismo en electrónica
La pujanza de esta actividad compensa de esta manera no solo el cierre de BSH y Sunsundegui (un millar de empleos entre ambas), sino las pérdida de empleo en otras áreas industriales ya muy venidas a menos, como el textil y el calzado, que se deja otros 92 empleos o el plástico y el caucho, con cerca de 100 puestos de trabajo destruidos.
El grueso del resto de actividades industriales conserva o mantiene su empleo en el último año, con la automoción estabilizada (12 empleos más, para un total de 12.482) a la espera del lanzamiento del eléctrico y ligeros crecimientos tanto en el metal como en la industria de la construcción y la química.
Mucha más fortaleza muestra la industria electrónica y la vinculada a las energías renovables, que generaron unos 230 nuevos puestos de trabajo el año pasado. También la industria farmacéutica sigue creciendo, si bien a un ritmo contenido, con unos 70 nuevos puestos de trabajo. También el papel (43 nuevos empleos) o la fabricación de maquinaria, se anotan ligeros incrementos en su volumen de empleo en el último año.
Navarra no ha sido una excepción en el pinchazo de la industria del último año. Mayor deterioro han sufrido las industrias de Gipuzkoa, Álava y La Rioja, mientras que crecieron las de Bizkaia y Zaragoza, los otros dos territorios próximos a la Comunidad Foral y que luchan por captar nuevas inversiones en un momento de crecimiento general en España, con unos 33.000 nuevos puestos de trabajo manufactureros, 5.000 de ellos en Madrid.
En un año de crecimientos generales pero modestos (1,5%) en el sector industrial, solo ocho provincias o comunidades uniprovinciales destruyeron empleo: Gipuzkoa, Álava, Cantabria, Lugo, Navarra, La Rioja, Alicante y Soria. Los mayores crecimientos industriales se registraron en Guadalajara, con más de un 10% de subida sobre una base, eso sí, pequeña.
Este territorio, al igual que Toledo, aprovecha el elevado ritmo de avance de Madrid. Los cerca de 35.000 empleos creados suponen una cierta rareza si se comparan con los datos de Alemania, pero son insuficientes para aumentar el peso de las manufacturas.
En general, tras la pandemia, la industria se está encontrando con dificultades para crecer al ritmo al que lo hacía entre 2015 y 2019 , tanto por la debilidad de algunos mercados como por la escasez de mano de obra. El balance de la última década es en todo caso muy positivo, con cerca de 11.000 nuevos puestos de trabajo en la última década.
¿Recuperación en 2026?
Para 2026, el indicador de clima industrial muestra unas perspectivas algo mejores, sobre todo en lo relativo a la entrada futuros pedidos. Al alza desde mediados del pasado verano, este indicador marcha en paralelo al del conjunto de España y claramente por encima de lo que reflejan los datos a nivel europeo.
El sector industrial navarro afronta un doble reto este año: el de volver a crecer, para lo que salvo accidente, posee mimbres, y el de consolidar un futuro de crecimiento, que pasa sobre todo por asegurarse las infraestructuras energéticas necesarias para ello.
Si Volkswagen acierta con sus modelos eléctricos el impacto debería sentirse en el número de contratados directos de manera clara especialmente a partir del último trimestre del año. Antes, en el primer semestre, el estado deberá responder a Navarra, que reclama inversiones para renovar una red eléctrica casi al límite de su capacidad