Navarra no es una isla, pero a menudo su economía ha funcionado como un ecosistema con reglas propias. Durante décadas, la prosperidad y la cohesión social se cimentaron sobre una industria robusta, unas infraestructuras adecuadas, un equilibrio territorial razonable y un Régimen Foral que permitía engrasar la maquinaria. Sin embargo, al cruzar el umbral de 2026, la sensación en los despachos del Palacio de Navarra y de los edificios inteligentes es de cierta urgencia. Ya no basta con “estar”; ahora hay que “poder conectarse”.

Este 2026 no es un año más en el calendario. Es el año en el que las promesas de la transición energética deben materializarse en chapa, pintura y kilovatios. Es el año en el que Volkswagen Navarra debe comenzar a probar el éxito de su apuesta eléctrica, y en el que el Gobierno foral debe responder a una pregunta incómoda: ¿tenemos red eléctrica suficiente para que las empresas sigan eligiéndonos?

Si hay un tema que quita el sueño a la patronal y al departamento de Industria, es la capacidad de transporte de energía. Navarra ha hecho los deberes en generación renovable -siendo pionera mundial en eólica-, pero se enfrenta a un cuello de botella crítico que depende del Estado: la red eléctrica, saturada ya en un 94% de su capacidad, y diseñada para un mundo donde la energía iba de las grandes centrales térmicas a las ciudades. Hoy existen miles de puntos de generación renovable y surgen nuevos centros de consumo industrial que necesitan una red mallada y flexible

Para atraer inversiones de alto valor añadido, como centros de datos, plantas de hidrógeno verde o nuevas líneas de producción automatizadas, no basta con tener molinos en el horizonte; hace falta potencia disponible en el punto de consumo. La planificación eléctrica estatal para el periodo 2026-2030 es, en este sentido, el principal incentivo que Navarra necesita. Sin una ampliación sustancial de las subestaciones y las líneas de alta tensión, el riesgo de fuga de proyectos hacia regiones vecinas es real.

Línea de alta tensión.

Línea de alta tensión. Pablo Vinhas

La energía es el nuevo suelo industrial”, apuntan fuentes del sector. En 2026, la competitividad de Navarra, la segunda comunidad del ranking, se medirá también en megavoltiamperios (MVA). La urgencia es máxima: si la red no crece al ritmo de la ambición empresarial, el crecimiento puede estancarse por falta de suministro.

De hecho, por el Palacio de Navarra han desfilado en los últimos meses numerosos inversores, especialmente chinos, con proyectos potentes debajo del brazo. Que su apuesta se confirme depende en buena medida de que Navarra logre en los despachos de Madrid un cambio relevante en la planificación energética. En el reparto inicial de inversión para mejorar la red se contempla destinar a Navarra solo 161 millones de los 13.590 millones de euros previsto para mejorar y ampliar la infraestructura de transporte. Una cifra que el consejero de Industria, Mikel Irujo, considera absolutamente insuficiente y ajena a criterios de cohesión social y necesidad industrial de los territorios. 

Infraestructuras y la conexión

No solo la red eléctrica debe conectar a Navarra con el futuro. También el tren, que sigue su lentísimo desarrollo a cargo del Estado, y una red de autovías completa dentro de la Comunidad Foral pero que muere a veces más allá de la muga. Es el caso de la vía entre Tudela y Soria, todavía inacabada, y que ha privado a la Ribera de oportunidades de desarrollo en logística: su conclusión abriría una nueva vía de conexión entre Madrid y Francia y favorecería la actividad de la industria agroalimentaria, una de las más dinámica. 

Algo similar sucede con la autovía que, a través de Jaca y Huesca, conectará a Pamplona con Catalunya. Terminada desde hace más de una década en su tramo navarro, lo más probable es que los tramos de Jaca y Sabiñánigo, los más retrasados, no entren en funcionamiento hasta finales de 2028 ó 2029. Una vez terminada debería abrir un nuevo pasillo logístico para un territorio hoy algo arrinconado y que beneficiaría a las empresas de Lumbier, un nudo en desarrollo, o de Sangüesa, donde el fiasco de Mina Muga ha dejado a la localidad sin un proyecto de crecimiento no exento de contraindicaciones e incertidumbres.

Competencia exclusiva del Gobierno de Navarra es el fomento de los vuelos desde el aeropuerto de Noáin, que ofrece servicios muy modestos a Madrid y Canarias. La licitación lanzada por el Ejecutivo foral parece haberse quedado corta desde el punto de vista económico -no hay vuelos si no se subvenciona a las aerolíneas de forma directa- y Noáin presenta hoy una oferta de vuelos muy poco atractiva. Inferior no solo a la de Hondarribia o Vitoria, sino que puede quedarse por debajo de la del aeropuerto de Logroño, más adelantado en las conexiones con Londres y Barcelona.  

VW Navarra, bazas de triunfo

En la industria, el gran reto de 2026 lo vive VW Navarra, que desde junio fabricará el Skoda Epiq eléctrico y que en septiembre añadirá a su cartera de productos al ID Cross, la versión enchufable del pequeño todocamino urbano que ha terminado por desplazar al Polo. Cuatro modelos, dos de ellos a baterías, convivirán en una fábrica reconocida como la más competitiva del grupo en Europa junto a la de Palmela en Portugal. 

Volkswagen, que ha mejorado el software y que avanza en su plan de confía ciegamente en ambos lanzamientos, que serán tecnológicamente competitivos y que rondarán los 25.000 euros, algo más seguramente en el caso del VW ID Cross. Considera que llegan en el momento oportuno para un mercado que ya ha interiorizado al coche eléctrico como una opción fiable y de coste asumible y que se encuentra a punto de popularizarla definitivamente. El grupo ha mejorado sus perspectivas de producción ya para este año y maneja unas previsiones elevadísimas para 2027, cuando confía en vender unos 390.000 coches entre estos cuatro modelos. 

La cuestión es, si llegado el caso, podrían fabricarse todos en Pamplona, donde nunca se han ensamblado más de 353.353 coches en un año natural, pero que llegó a alcanzar meses con 39.000 vehículos fabricados entre 2010 y 2011. Consolidar producciones potenciales elevadas, en el entorno de los 350.000 coches es uno de los objetivos del comité, que considera que de este modo “la fábrica crecería”, si no en instalaciones, al menos sí de manera relevante en empleo. 

Para ello, en primer lugar, las ventas deben responder en un entorno de máxima competitividad, con las marcas chinas y coreanas apretando fuerte en el mercado eléctrico; y, junto a ello, Landaben debe hacer frente a la competencia que llega desde la fábrica de Martorell en Barcelona, cuyos costes son superiores y donde es menos rentable fabricar, pero que no tiene asegurada la producción necesaria para sostener a su plantilla actual. Tras haberse quedado con la versión eléctrica del Polo, modelo ligado a Navarra de forma histórica, podría intentar repetir la jugada con el Skoda Epiq.

Hemorragia en la clase media

La industria, y en concreto empresas grandes y de valor como Volkswagen, son garantía de salarios relativamente elevados, que se revalorizan todavía conforme al IPC o incluso por encima. Junto a las de mayor capacidad tecnológica, y que se ubican en el sector renovable y farmacéutico, conforman la aristocracia industrial de la comunidad con mayor peso de la clase media. 

Hoy, los datos reflejan que la clase media se deteriora por los extremos, con una nómina de trabajadores pobres mucho más abundante que hace una década, y un mayor peso de las rentas extrasalariales. El margen de acción del Gobierno de Navarra ante ello es limitado. Y pasa quizá por repensar el enfoque de las políticas públicas, con un enfoque hasta ahora muy asistencialista , encaminado a reducir la pobreza. Mejorar el acceso a la vivienda parece la única opción para mantener esa clase media de trabajadores propietarios hoy amenazada. 

Alsasua y Aoiz, dos cuentas pendientes en el equilibrio territorial de la comunidad

Si frenar el deterioro de la clase media resulta complicado para cualquier gobierno, garantizar un cierto equilibrio territorial supone también una tarea titánica en un mundo que concentra población y actividad en los grandes núcleos urbanos. Pamplona atrae aspira actividad del resto del territorio, del mismo modo que lo hacen grandes capitales y ciudades ya definitivamente globales como Madrid.

En los despachos del Gobierno de Navarra hay dos emplazamientos subrayados en rojo, el color de las deudas, que requieren de una atención especial en 2026. Uno histórico, Aoiz, se quedó en 2024 sin un proyecto industrial de calado, el que anunció Flamasats para ocupar las antiguas naves de Gamesa en el polígono. Las instalaciones tienen capacidad para acoger actividades variadas y su puesta en funcionamiento serviría para fijar población en un asentamiento prepirenáico.

Más al norte, la actividad económica industrial es prácticamente inexistente. Aoiz cuenta en todo caso con una actividad económica relevante, que ha ido virando hacia la economía circular de la mano de los recursos naturales (madera). Pero una inversión relevante y sostenida supondría un espaldarazo relevante para una zona que, en todo caso, tiene en la cercanía a Pamplona un arma de doble filo.

Con más población e históricamente pujante, Sakana se ha quedado en 2025 sin una empresa con decenas de años de antigüedad. Sunsundegui ha quebrado tras años de gestión insuficiente y dejó sin empleo directo a cerca de 300 trabajadores. Un 60% de ellos han encontrado trabajo entre empresas de la zona, Pamplona, Álava y Gipuzkoa. Nudo comunicativo claro, Alsasua ha perdido con el fracaso del proyecto de Volvo y Sunsundegui un proyecto de crecimiento y desarrollo quizá irrepetible. La apuesta, en todo caso, pasa por la industria, que vertebra el valle entre Irurtzun y Ziordia.