Trabajadores y trabajadoras de la antigua Salvat han revivido este sábado en Estella-Lizarra el 50 aniversario de una huelga que se extendió durante decenas de días entre enero y febrero de 1976 y en las que participaron más del 90 % de los trabajadores y trabajadoras de la empresa ubicada en el polígono de Villatuerta y posteriormente en el encierro que se realizó en la iglesia de San Juan de la ciudad del Ega.
Un encierro que sirvió de reivindicación pero también de muestra de la solidaridad de cientos de vecinos y vecinas de Tierra Estella que acudieron solidariamente en apoyo de estos trabajadores y que acabó con el desalojo de los mismo tras 247 horas de trabajo, lo que el párroco Esteban Irigoyen tradujo al obispo de Pamplona, José Méndez, como el equivalente a que la iglesia hubiera realizado “500 misas”, según ha recordado Félix Prieto.
Los actos de hoy sábado han sido también de recuerdo a los diferentes movimientos que los trabajadores y trabajadoras realizaron durante aquellos días. Así, esta mañana han recorrido Villatuerta y Oteiza para posteriormente trasladarse hasta la plaza de los Fueros de Estella-Lizarra, donde primero ha habido un función religiosa en la iglesia de San Juan -uno de los escenarios de aquellas protestas- y posteriormente se han leído varios comunicados por parte de diferentes miembros de la Plataforma Salvat 1976 que aglutina a trabajadores y trabajadoras de Salvat, además de las fuerzas sindicales que han unificado sus fuerzas en los diferentes actos.
Así en el antiguo cine lux que hoy es casa parroquial de Estella-Lizarra han proseguido las lecturas y recuerdos de aquel año en el que la lucha obrera dio un paso de gigante y sacó adelante la negociación con la empresa que puso en riesgo la vida de muchos de los trabajadores y trabajadoras.
Comunicado de la Plataforma Salvat 1976
En 2026 se cumplen 50 años del encierro de Salvat, un episodio que marcó un antes y un después en la historia del movimiento obrero de la comarca. Apenas habían transcurrido dos meses desde la muerte de Francisco Franco cuando la clase trabajadora, impulsada por las ansias de libertad y la necesidad de mejoras salariales y sociales, comenzó a organizarse.
Tras varias reuniones clandestinas, la asamblea de la empresa Salvat elaboró una plataforma reivindicativa que recogía demandas de carácter social, político y económico. Entre las primeras figuraba la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales; entre las segundas, la legalización de sindicatos y partidos políticos. Sin embargo, el eje central del documento era la mejora económica generalizada: aumentos salariales para toda la plantilla y el principio de “a igual trabajo, igual salario”. En un contexto de profundas desigualdades, donde una minoría acumulaba riqueza mientras la mayoría vivía en condiciones precarias, la reivindicación apuntaba a lo que hoy se definiría como un reparto más justo de la riqueza.
La movilización culminó en una multitudinaria manifestación que partió de la fábrica, recorrió los polígonos industriales y desembocó en el encierro en la iglesia. La protesta recibió el respaldo de otras empresas, del comercio local y de amplios sectores de la sociedad. También llegó la respuesta policial, con cargas a caballo y detenciones indiscriminadas. Pese a la represión, la lucha se saldó con importantes conquistas económicas y sociales, no solo en Salvat, sino también en otras compañías de la zona, donde el conflicto se extendió.
Aquel proceso formaba parte de un movimiento obrero más amplio que, en plena Transición, buscaba consolidar derechos y libertades. Semanas después, la represión volvió a golpear con especial dureza en los sucesos del 3 de marzo de 1976 en Vitoria-Gasteiz, donde varios trabajadores fueron asesinados tras encierros y asambleas en una iglesia. Poco tiempo después, en Montejurra, nuevos episodios de violencia evidenciaron el alto precio que podía implicar la reivindicación democrática en aquellos años convulsos.
Cinco décadas más tarde, la Plataforma Salvat 1976 subraya que muchas de aquellas demandas mantienen plena vigencia. En un contexto globalizado, marcado por la precariedad laboral, las dificultades de acceso a la vivienda y la deslocalización empresarial, la reclamación de una distribución más equitativa de los beneficios sigue presente. La organización advierte, además, del riesgo de retrocesos en derechos laborales y sociales, y llama a preservar conquistas como la limitación de la jornada laboral o el derecho a la huelga.
La plataforma hace un llamamiento a la participación ciudadana, tanto de jóvenes como de mayores, en defensa de una sociedad más justa y sin explotación. “Los derechos no se regalan, se conquistan”, sostienen, al tiempo que recuerdan que la movilización colectiva fue clave hace 50 años y consideran que continúa siéndolo en la actualidad. Con motivo de este aniversario, animan a mantener vivas las luchas sociales, convencidos de que, aunque toda pelea entraña riesgos, la renuncia a ella supone darla por perdida de antemano.