Al borde de los 20.000 empleos por primera vez en casi 15 años y creciendo a un ritmo del 5%, la construcción se ha consolidado de nuevo como uno de los motores económicos de Navarra. El sector ha cerrado un 2025 de expansión sostenida y encara el nuevo año con perspectivas de seguir avanzando, a pesar de que los grandes desarrollos urbanísticos se van a hacer esperar y el ritmo de viviendas iniciadas se ha contenido durante el último ejercicio.

Las cifras hablan solas del vigor renovado de una actividad que sigue teniendo un reto pendiente: ofrecer vivienda asequible a un número de demandantes que no deja de crecer. Y que no pide ni mucho menos exclusivamente alquiler, sino que sigue teniendo en la compra un objetivo a veces inalcanzable para bolsillos modestos. A cierre del pasado mes de noviembre, el sector contaba en Navarra con 19.628 afiliados a la Seguridad Social, 803 más que hace un año. Se trata de la mejor cifra desde el año 2012, si bien se sitúa todavía muy lejos de los indicadores previos al estallido de la burbuja, cuando en Navarra trabajaban en la obra más de 30,000 personas.

En todo caso, el incremento de 2026 supone un avance del 4,3% que prácticamente triplica el ritmo de creación de empleo del conjunto de la economía navarra. Mejora tanto el empleo asalariado (567 más) como el autónomo (260), territorio de nuevo de grandes oportunidades para los profesionales capacitados y solventes. Y lo hace a una velocidad muy superior a la de años anteriores. Si entre 2021 y 2024, el sector generaba entre 200 y 400 empleos anuales, este año parece haber pisado el acelerador de por el mayor ritmo de la obra residencial y por una inversión en obra pública que sigue lejos de sus mejores épocas, pero que se ha recuperado con claridad respecto a hace apenas cinco o diez años.

Este aumento en el número de trabajadores, acompañado de una cierta escasez de mano de obra, lleva tiempo trasladándose a los salarios, que han mejorado con claridad, según los datos de la Encuesta Trimestral de Costes Laborales. El incremento es respetable en los dos últimos ejercicios, hasta alcanzar los 2.350 euros brutos de media en 2025, un 10% más que hace dos años, lo que significa que, al menos en este sector, los trabajadores han comenzado a recuperar el poder adquisitivo perdido. Por término medio, su salario ha crecido en unos 200 euros mensuales, frente a los 150 en la industria o los apenas 100 euros de los servicios, con mucha disparidad, eso sí, entre empresas y actividades concretas.

Nuevo motor

“La construcción se ha consolidado como un nuevo motor de crecimiento”, explica Joseba Madariaga, responsable del servicio de estudios de Laboral Kutxa, quien hace unos días señalaba que lo más probable es que esta tendencia se mantenga durante los próximos trimestres. En estos momentos, en torno a un 15% de las empresas del sector en Navarra está acometiendo inversión, tres puntos más que antes de la pandemia, y las cifras de la contabilidad del PIB muestran su aceleración en los últimos trimestres: si la inversión en el sector arrancó 2025 creciendo al 2,8%, su última cifra muestra un aumento del 4,2% interanual. Y exactamemte lo mismo sucede con su producción bruta, que durante el último trimestre avanzaba a un ritmo del 5,3% anual.

Con la inversión pública estabilizada en cifras modestas (unos 250 millones prevé el Gobierno de Navarra en 2026), el grueso de la actividad provendrá en 2026 del sector privado y residencial, que en los 11 primeros meses de 2025 alcanzó las 2.203 viviendas iniciadas, un 1% más que durante el mismo periodo del año anterior. Y por encima también de las cifras de 2022 y 2023. Lentamente, y lejos de las cifras de la burbuja, cuando se iniciaban unas 10.000 viviendas al año, el sector ha encontrado una velocidad de crucero que, si no escasea la materia prima, debería acelerarse; con la población al alza y el mercado laboral en máximos.

Sin desarrollos en marcha

Lentitud. Poner en marcha suelo es uno de los grandes retos de las Administraciones Públicas navarras, cuyo ritmo no es el deseable y contribuye al encarecimiento de los precios, sobre todo en la Comarca de Pamplona. De hecho, los continuos retrasos del PSIS de Etxabakoitz, llamado a albergar unas 11.000 viviendas a solo unos minutos del centro urbano, han obligado al Gobierno de Navarra a desempolvar la ampliación de Sarriguren (5.000 viviendas, casi todas públicas), en el Valle de Egués, cuyo ayuntamiento también planteaba un desarrollo muy similar, pero con más peso de la vivienda libre. No se prevén obras, en todo caso, hasta bien entrado 2027. Y lo mismo puede decirse de Donapea, impulsado por el Ayuntamiento de Pamplona y que contempla la construcción de unas 4.900 viviendas y cuya urbanización se retrasará hasta 2027 o 2028. Hasta entonces, las constructoras se dedicarán fundamentalmente a colmatar los grandes desarrollos iniciados hace 10 ó incluso 15 años, así como a actuaciones menores.

Apuntes

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En 2025, 553 VPO y VPT. Navarra es, junto a Madrid, la comunidad que más viviendas está construyendo por cada 10.000 habitantes. Y su plan de vivienda pública, que contempla una inversión de 160 millones de euros en los próximos años, pretende acelerar la construcción de VPO y VPT. En los diez primeros meses de 2025 se ha iniciado la construcción de 553 viviendas, frente a las 253 del año pasado.

En 2005, 3.603 viviendas protegidas. Estas cifras contrastan con las que registraba el mercado inmobiliario hace 20 años para atender a los últimos boomers y primeros migrantes. Solo en 205 se iniciaron 3.600 VPO y VPT.