Una plaga arremetió de manera virulenta contra las fincas de perales y manzanos en Navarra el año pasado, principalmente en la Ribera Alta y Baja, debido a la confluencia de tres factores: ambiental –una humedad de hasta el 70%, la lluvia, el granizo y unas temperaturas de entre los 18 y 30 grados–; la presencia de la bacteria y la existencia de frutales de pepita propensos a su ataque.

El impacto del fuego bacteriano en Navarra

El responsable del Área de Fruticultura de la sociedad pública INTIA, Carlos Marzo, recuerda que la bacteria Erwinia amylovora, conocida como fuego bacteriano, siempre se encuentra en el ambiente y está en constante evolución y adaptación, con una diversidad de cepas. Esta enfermedad se considera una superbacteria resistente a tratamientos y con la capacidad de infectar un frutal hasta matarlo por la coincidencia de los factores anteriormente citados.

Sobre el terreno, el fuego bacteriano ha acabado con entre el 20% y 40% de los perales en la Comunidad Foral; y con entre un 15% y 20% de manzanos. Las zonas más perjudicas se detectan en la Ribera Alta –desde Viana hasta Azagra– y en la Ribera Baja –desde Milagro hasta Tudela–. Estas son las estimaciones que en estos momentos maneja INTIA, según indica Carlos Marzo. El porcentaje perjudicado en peral ha superado al de manzano, porque este último no se ha visto damnificado en la zona norte. Al igual que en la Comunidad, esta enfermedad ha actuado de manera cruel en frutales de La Rioja, Aragón o Catalunya, entre otros territorios.

Evaluación y diagnóstico de la plaga

Marzo, que trabaja en la finca experimental de INTIA en Sartaguda, cuenta que desde 2024 han evaluado la evolución del fuego bacteriano con 25 analíticas en diferentes parcelas. “En abril del año pasado, en la fase de brotación, los resultados de los exámenes sobre la presencia de la bacteria eran positivos y señalaban que íbamos a sufrir un problema grave, principalmente en el área de Sartaguda, Cárcar y Andosilla”, relata Marzo.

Una infección de flores en un peral de la variedad conferencia. cedida

Cómo actúa la bacteria

La bacteria infecta a la planta generalmente en primavera, a través de las flores o pequeños brotes en desarrollo, al contagiarse de plantas cercanas por insectos, pájaros, viento, lluvia o herramientas de laboreo contaminadas. A partir de ese momento, la bacteria comienza a infectar todos los tejidos de la planta, desplazándose hacia la base del tallo y produciendo la muerte de todas las células a su paso, explica el Ministerio de Agricultura en su página web. Durante el otoño y el invierno la bacteria detiene su actividad. Se mantiene latente hasta la siguiente primavera en los bordes de los chancros formados al final del período vegetativo.

“Temperaturas de entre 18 y 30 grados y humedades del 70% han hecho que la bacteria sea devastadora”

Carlos Marzo - Responsable de Fruticultura en INTIA

Síntomas: necrosis y aspecto quemado

Los síntomas que presentan las plantas afectadas por la enfermedad incluyen una masiva necrosis de flores, frutos, hojas y ramas, y eso deriva en el característico aspecto de quemado que le da nombre, pudiendo también presentar exudados en todos los órganos. De esta forma, en primer lugar, se observa el quemado de flores y brotes, curvándose estos últimos en forma de cayado de pastor, desde ahí la necrosis avanza por las hojas y el resto de las ramas, hasta alcanzar el tronco leñoso, describe el Ministerio.

Medidas de control y pérdidas en el sector

El responsable del Área de Fruticultura de INTIA manifiesta que las personas agricultoras impulsaron el año pasado todas las medidas posibles para evitar el avance del fuego bacteriano, pero “no fue suficiente por su resistencia”. Esta enfermedad obliga a quitar el material infectado de la parcela, incluso arrancar los árboles y quemarlos para acabar con esta bacteria. “Han hecho un esfuerzo muy grande estos profesionales, pero no ha sido suficiente porque esta plaga se ha desbocado”, reitera Carlos Marzo. Un informe de INTIA para el departamento calculaba que la infección en las 620 hectáreas de peral tenía un daño del 65% en julio; incidencia que creció en septiembre. “Es una media ya que en alguna finca la repercusión fue del 100% y en otras del 20%”, aclara. En el caso de los manzanos, ese porcentaje desciende a un 35% de media en las 250 hectáreas.

Carlos Marzo, en la finca experimental de INTIA en Sartaguda. cedida

Ayudas y uso de bacteriófago

Ante la grave situación en la que se encuentra el sector, el departamento de Desarrollo Rural y Medio Ambiente ha trabajado en dos medidas: solicitar al Ministerio la autorización excepcional de uso de bacteriófagos para Navarra, que se ha concedido; y la aprobación de unas ayudas de entre 1.000 y 1.500 euros para el arranque de los frutales, la cantidad varía si están colocados en espaldera o en vaso. El departamento de José María Aierdi prevé que en marzo publicará las subvenciones, que se aplicarán con efecto retroactivo desde el 1 de enero de 2025.

El bacteriófago es un tratamiento fitosanitario. La resolución del Ministerio establece dos periodos de uso en la Comunidad: del 1 de abril al 10 de julio, y del 10 al 28 de septiembre, en las mismas condiciones técnicas que en el resto de territorios incluidos. Las parcelas de estos frutales han quedado dañadas y hay que tratarlas para su recuperación, concluye Marzo.