Las calles de Pamplona se han convertido este martes en el escenario de una contundente reivindicación social. Bajo el paraguas de la huelga general en Navarra, miles de personas han clamado por un reparto de la riqueza más justo y la implantación de un SMI propio de 1.500 euros. La movilización vespertina, que arrancó pasadas las 18.30 horas desde la Plaza de la Constitución, ha servido de broche a una jornada marcada por la protesta sindical de ELA, LAB, Steilas, Hiru y Etxalde, cuyos representantes han defendido la necesidad de decidir el salario mínimo desde la propia comunidad.

Tras una pancarta con el lema Gutxieneko soldata hemen erabaki (El salario mínimo se decide aquí), diversos colectivos han caminado junto a figuras como Ekhiñe Petriati, portavoz del movimiento feminista. Petriati ha querido subrayar que esta huelga trasciende lo puramente laboral: "Hablamos de derechos humanos, de vidas y de poner la dignidad en el centro", ha afirmado ante los medios, destacando que la respuesta ciudadana ha sido "multitudinaria" tanto en la marcha de la tarde como en la de la mañana, que congregó a unas 8.000 personas según la Delegación del Gobierno.

El optimismo ha calado en el bloque sindical. Imanol Pascual (ELA) ha calificado la respuesta de la clase trabajadora como "muy satisfactoria", mientras que Imanol Karrera (LAB) ha interpretado la jornada como una auténtica "demostración de fuerza" de los trabajadores navarros.

Sin embargo, el baile de cifras habitual ha hecho acto de presencia: mientras los sindicatos celebran el éxito, el Gobierno de Navarra ha rebajado el impacto situando el seguimiento en un 13,79% en la Administración foral y un 4,27% en el Servicio Navarro de Salud-Osasunbidea.

Pese a la disparidad de datos y a la existencia de otras movilizaciones paralelas lideradas por CNT, CGT, Solidari y EHKS, el mensaje enviado desde el corazón de la capital navarra ha sido nítido: la lucha por unos salarios dignos sigue más viva que nunca.