Movilidad sostenible: Hacia un nuevo equilibrio urbano
Expertos analizan en el Foro Hiria la necesidad de alinear el urbanismo, la perspectiva de género y la gestión para lograr una movilidad más humana y eficiente que converja con las necesidades reales de la ciudadanía
Más allá de las infraestructuras y las políticas institucionales, el gran reto de la movilidad reside en la transformación de los hábitos cotidianos de las personas. Esta segunda mesa de debate del Foro Hiria analizó la movilidad urbana desde su vertiente más práctica, bajo la premisa de que las ciudades solo cambian cuando lo hacen sus habitantes.
En la sesión participaron Jesús Mari Ramírez, abogado experto en Urbanismo; Sara Ortiz Escalante, socióloga y urbanista del Col·lectiu Punt 6; y Julián Sastre, presidente del Instituto de Movilidad. A través de sus intervenciones, se abordaron cuestiones críticas como los errores urbanísticos estructurales que dificultan la sostenibilidad, la influencia de la percepción de seguridad en los desplazamientos de las mujeres y el análisis de los modelos internacionales que sirven de referencia para medir el éxito de un sistema de movilidad.
El abogado urbanista Jesús Mari Ramírez abrió el debate al señalar que “la movilidad es un tema ideológico político aunque debería ser técnico” y expresó dudas sobre la comprensión social del problema. “Tengo mis dudas de que el ciudadano entienda el problema de la movilidad”, afirmó. En esa idea se asentó una de las claves de la mesa: la dificultad no radica solo en cambiar hábitos, sino en cómo se interpreta ese cambio.
Frente a esa visión, Sara Ortiz Escalante reorientó el enfoque hacia el modelo de ciudad, defendiendo que el principal obstáculo no está en la ciudadanía, sino en las políticas que han configurado la movilidad actual. “Lo más difícil es cambiar el paradigma y modificar las políticas que han privilegiado a una minoría”, explicó. Desde esa perspectiva, recordó que las mujeres representan entre el 70% y el 80% de las usuarias del transporte público, por lo que el reto “pasa por reconocer esos patrones y situarlos en el centro”.
Por su parte, Julián Sastre diseccionó las barreras estructurales que bloquean cualquier avance real. El presidente del Instituto de Movilidad señaló el urbanismo de “ciudad difusa” como el gran lastre que nos condena a la dispersión y criticó la falta de una visión integrada que una la vivienda con el transporte. Para Sastre, la solución requiere una “necesidad de liderazgo político” capaz de ejecutar cambios profundos, defendiendo que la planificación debe dejar de ser un documento estático para convertirse en una herramienta de acción inmediata.
Urbanismo, normativa y modelo de ciudad
En el desarrollo individual, Ramírez profundizó en los obstáculos estructurales que frenan el modelo sostenible, describiendo un desfase crónico entre la norma y la calle. Recordó que la movilidad constituye hoy “el esqueleto de un municipio”. Bajo esa premisa, defendió la necesidad de replantear el modelo de forma integral, poniendo el acento en la densidad urbana. Frente a la herencia de la dispersión, Ramírez fue claro: “No pasa nada porque vivamos más juntos si la movilidad y los servicios están bien planificados”. Su conclusión apuntó a una cirugía mayor en la gestión pública: “No hay que modificar los planes, hay que cambiar el modelo”, apostando por una planificación estratégica e inseparable.
Movilidad con perspectiva de género
Sara Ortiz llevó el debate al terreno social al introducir una perspectiva feminista en un urbanismo históricamente masculinizado. Puso el foco en cómo la configuración del espacio público condiciona la libertad de movimiento de las mujeres. El eje central de su intervención fue la visibilización de la movilidad de cuidados. Ortiz explicó que estos desplazamientos no son lineales, sino “trayectos muy complejos, poligonales”, que enlazan múltiples tareas diarias. “La movilidad de cuidados es la mayoritaria”, insistió, subrayando que esta ya es sostenible de base al realizarse principalmente a pie o en transporte público.
Inversión, modelos y medición
Julián Sastre centró su discurso en la eficacia real de las políticas, cuestionando aquellas estrategias que solo maquillan el problema. Fue especialmente crítico con el enfoque limitado de algunas Zonas de Bajas Emisiones (ZBE): “Si siguen siendo coches, aunque sean eléctricos, no estamos cambiando el modelo”, advirtió. Para Sastre, el transporte público debe ser el “'pata negra' de la movilidad”, reclamando estándares de calidad tan competitivos que el ciudadano opte por abandonar el vehículo privado por pura eficiencia. Subrayó la importancia de medir los resultados para vencer el escepticismo social, porque, como recordó: “El éxito de un sistema es convencer al ciudadano con acciones reales”.
Entre el consenso y el conflicto
En el tramo final, Jesús Mari Ramírez alertó sobre el peligro de que la normativa se convierta en una barrera en la ciudad consolidada, advirtiendo que “no puedes ser tan estricto en una medida que te impida todas las demás”. Defendió que “tenemos que ser capaces de revertir ese mensaje” para que el ciudadano perciba la movilidad no como una restricción, sino como una ganancia en calidad de vida. La síntesis final dejó una hoja de ruta clara: mientras Ortiz reclamó “un cambio en la cultura política”, Sastre subrayó que el reto impacta directamente en la salud o la economía. La conclusión fue unánime: no basta con parches, porque, como sentenció el abogado urbanista, “no hay que modificar los planes, hay que cambiar el modelo”.