24 horas después del curioso tanto todavía no daba crédito. "No me lo creo, la verdad. No había marcado nunca. Ni en los entrenamientos". Y revive la jugada. Unos segundos mágicos. "No fui a tirar a puerta. Fue un saque de puerta. Íbamos perdiendo 2-1 y nos habían expulsado a un jugador. En un disparo a puerta del Calatrava, cogí el balón y mandé salir a todo el equipo porque iba a sacar en largo, en busca del delantero. Eché el balón al suelo, un metro o así fuera del área, y le pegué arriba. Vi que le pasaba al delantero y a la defensa de ellos y que el balón botaba en un charco y le pasaba al portero por encima. No podía calcular la distancia y no sabía si al portero le iba a dar tiempo a reaccionar. Cuando pitó el árbitro, no sabía ni qué hacer. Empecé a saltar, vinieron dos o tres compañeros de la defensa a felicitarme y uno de ellos me recordó que voy a ser padre en abril, así que me metí el pulgar a la boca y se lo dediqué a mi mujer, que estaba en la grada junto a mis padres". No acabó ahí la alegría, "ya que después conseguimos marcar otro gol más y ganamos 2-3 pese a estar con un jugador menos, porque el trabajo del equipo fue extraordinario".
"Aún estoy dándole vueltas". No se lo quita de la cabeza. "Llevo desde los diez años jugando como portero y nunca me había pasado nada parecido. No es una jugada muy habitual, así que cuando te pasa, no sabes ni qué hacer. Yo creo que fue clave el estado del campo. Había llovido y, al ser hierba natural, había charcos y creo que el balón le hizo aquaplaning al otro portero. Es cierto que el campo de Fitero no es de los más grandes, pero tampoco había viento. Habitualmente cuando saco el balón pasa de mitad del campo, pero no esperaba esto".
Como el del portero es un puesto particular, es fácil ponerse en la piel del otro guardameta, el que encajó el gol. "No es habitual que pase, pero nos puede ocurrir a cualquiera. La verdad es que a mí no me han metido ningún gol así, pero una vez me tocó en el banquillo cuando le marcaron un gol de este tipo a un compañero mío. No es una situación agradable, pero me tocó estar en el otro lado, en el que marca, y, como nunca experimentas esa sensación, para mí fue una alegría".
En el vestuario fue el objeto de todas las bromas. "Me felicitaron, ya me decían que iba a ser el pichichi del equipo y las típicas risas... Además, con esto de Facebook y como salió en la web de futbolclic se enteró mucha gente y no paraban de llegarme mensajes". Entre las bromas, está la de si le llamarán de Lezama, por aquello de ser el Falcesino filial del Athletic. "Cuando quieran", responde riendo, "porque soy del Athletic desde pequeño".
Ahora espera que el equipo cumpla su objetivo: regresar a Regional Preferente. "Llevamos dos años siendo segundos y sin suerte en la fase de ascenso. Hay que cambiar".