decía Jonatan Larráyoz que necesitaba un gol para olvidar definitivamente el esguince de rodilla que no le había dejado jugar al inicio de temporada. Había empezado a entrar en el equipo, pero algo le faltaba para coger confianza. A buen seguro que marcar cuatro goles en un partido le va a dar la inyección de moral que necesitaba para sentirse bien.

“Me sorprendí hasta yo mismo”, comenta el delantero del Valle de Egüés. “En el campo casi pierdes la cuenta. Se hace raro, pero el otro día el balón quería entrar”. Empezó a jugar en su posición habitual de extremo izquierdo, pero con el paso de los minutos adelantó metros para acabar como delantero. La consecuencia es que en la primera parte marcó un gol que el árbitro anuló y en la segunda se desmelenó con cuatro y colaboró en la goleada de su equipo ante el Baztan (7-1).

El 0-1 con el que se fueron al descanso no hacía presagiar que estaba en un partido que no iba a olvidar. “Empezamos mal. Nos cuesta entrar en los partidos, y más si enfrente hay un equipo de la zona baja. No salimos como debíamos. Nos marcaron un gol y al llegar 0-1 al descanso nos dieron un toque de atención que nos hizo ponernos las pilas”.

La entrada de Orbaiz al campo en el segundo tiempo fue el inicio de la reacción del equipo, que empezó a tener el balón y a destaparse en la faceta ofensiva. En seis minutos Jonatan marcó dos goles que habían dado la vuelta al marcador. “Fueron los dos seguidos y el tercero del equipo lo metió un compañero pero el balón me dio en el culo antes de entrar. Estaba claro que ese día tenía algo especial con el gol. El quinto y el séptimo sí que fueron míos”.

El Egüés se está revelando como una buena cantera de goleadores. A la presencia del incombustible Javier Beorlegui, la temporada pasada se sumó Imanol Etxeberria, que acabó dando el salto a Segunda B. “Intentas aprender de todos. Los veteranos del equipo son los que te enseñan, te tranquilizan en partidos importantes. Sobre todo destacaría que son buenas personas y te ayudan, que al final es con lo que te quedas”.

Los cuatro goles le sitúan ante un partido especial, “aunque probablemente no el más completo, porque yo creo que en cuanto a juego lo he hecho mejor otros partidos, pero desde luego que por efectividad sí que ha sido muy bueno”.

En el campo se vieron las dos caras del Egüés de esta temporada. El equipo que está lejos de su mejor nivel y el que hace bien las cosas. “Cuando no jugamos con intensidad, se nos nota mucho. En la segunda parte, mejoramos. Con la presencia de Orbaiz tuvimos más el balón y ya jugamos como sabemos”.

No se llevará el balón a casa de recuerdo, “no somos tan profesionales” y se tendrá que quedar con el recuerdo del periódico. Ahora le toca llevar pastas, porque si el vestuario del Valle de Egüés se caracteriza por algo es por el buen ambiente, que es lo que prima en una categoría donde la mayoría juega por amor al arte. “Es una piña. En el fútbol no todo son los resultados y en el Egüés te cuidan muy bien”.

Fecha y lugar de nacimiento. 28-3-1994, Pamplona. Tiene 21 años.

Estudios. Grado superior de Gestión de ventas y espacios comerciales.

Trayectoria. Jugó en Osasuna hasta los 17 años, después pasó por Oberena y recaló en la Mutilvera, donde debutó en Tercera en su segunda temporada, cuando pertenecía al equipo de Preferente. Hace dos años llegó al Egüés, donde cumple su segunda campaña.