Diez años pueden parecer un suspiro en la vida de un club centenario. Hace ahora justo una década, el Leicester City se debatía con el corazón en la mano por la Premier League. La tropa de Claudio Ranieri protagonizó una de las mayores gestas del fútbol moderno. Por primera vez desde la temporada 1994-95, un club que no fuera Manchester United, Arsenal, Chelsea, Manchester City o Liverpool alcanzaba el título de liga en Inglaterra. El decimocuarto clasificado de la campaña anterior saltaba a la cima de manera insospechada. Por una libra, las casas de apuestas pagaban 5.000 por un Leicester campeón. Unos cuantos locos se embolsaron importantes sumas de dinero. Era el triunfo de los humildes. Era la fiesta imposible. Era la contradicción a la lógica. Era la resistencia de los modestos. Páginas cautivadoras de la historia. Inspiradoras como pocas. Un ejemplo para cualquiera que persigue el éxito en inferioridad de condiciones.

En el décimo aniversario de aquella magnífica hazaña en la que nacieron leyendas como Jamie Vardy, N’golo Kanté o Riyad Mahrez, el Leicester cierra ahora uno de los capítulos más amargos. Tras consumar el curso pasado el descenso a la Championship League, la segunda categoría del fútbol inglés, cae a la League One, el tercer escalón.

El descenso a falta de dos jornadas

La noche de la nueva pérdida de categoría sucedió en el mismo King Power Stadium que una década antes no daba crédito de lo que su equipo era capaz. Fue un episodio cargado de drama, como el de toda gran historia. Pero en este caso sin final feliz. Los Foxes comenzaron perdiendo en el vital duelo ante el Hull, pero fueron capaces de remontar. Sin embargo, el gol de Oliver McBurnie en minuto 63 significó la caída que nadie vio venir. Las gradas se anegaron de lágrimas, asistentes afligidas por una escena que parecía imposible de asociar a aquel equipo que una década atrás había desafiado a la historia. A falta de dos jornadas para la conclusión de la liga, el Leicester era equipo descendido, vigésimo tercero con 42 puntos, a siete de la salvación.

“Tenemos que esperar un poco de fortuna”, consideró pronunciar en la previa el técnico Gary Rowett, el capitán de un barco a la deriva y con el agua al cuello. La fortuna hace tiempo que dejó de mirar al Leicester. La temporada de la celebración del décimo aniversario se ha transformado en un pasaje del terror. El recuerdo festivo ha quedado marginado, condenado por la humillación deportiva.

“El descenso a la League One se ha confirmado. Como presidente, esa responsabilidad recae en mí. No hay excusas. Hemos experimentado los momentos más altos y ahora los más bajos, y el dolor lo compartimos todos nosotros. Lo siento de verdad por la decepción que hemos causado. Nuestro objetivo es claro: responder con fuerza y competir para avanzar con este club una vez más”, manifestó el presidente del club, Aiyawatt Srivaddhanaprabha, hijo de Vichai, quien fue el propietario del Leicester desde 2010 y fallecido en 2018 en un accidente de helicóptero, uno más de los episodios dramáticos que ha vivido la entidad desde la coronación.

Aiyawatt Srivaddhanaprabha, a la derecha, asiste a la derrota que ha supuesto el descenso del Leicester. Europa Press

Una plantilla con más valor que diez de los equipos de LaLiga

Las expectativas situaban al Leicester como uno de los principales candidatos al ascenso a la Premier. La razón: poseía la cuarta plantilla más cara de la categoría, según Transfermarkt cifrada en 145 millones de euros. Por contextualizar, se trata de un plantel que superaba en valor a diez de los veinte equipos de LaLiga: Sevilla (140), Espanyol (124), Rayo Vallecano (107), Osasuna (100), Mallorca (89), Levante (86), Elche (85), Getafe (82), Alavés (66) y Oviedo (63).

Sin embargo, la temporada comenzó alejada de las expectativas. El catalán Martí Cifuentes se hizo cargo del banquillo el pasado verano en sustitución de Ruud van Nistelrooy. Pero tras solo cinco meses en el cargo fue cesado. Ocurrió después de la jornada 25, en enero, tras la derrota contra el Oxford United (1-2). El Leicester ocupaba la decimonovena posición de los veinticuatro equipos participantes, con 10 victorias, 8 empates y 11 derrotas, situado a doce puntos de la promoción de ascenso y empatado con el Charlton Athletic, que ocupaba la primera posición de los puestos de descenso.

El golpe de la sanción por incumplir el Fair Play Financiero

La esperanza de remontada tras el cese de Cifuentes se desvaneció pronto. El Leicester fue sancionado con seis puntos por infringir las normas del Fair Play Financiero entre 2021 y 2024. El mazazo hundió al equipo, que en las últimas dieciocho jornadas solo ha firmado una victoria. Además, no ha logrado anotar un gol en el King Power Stadium entre el 8 de diciembre y el 12 de abril. Demoledor.

Los éxitos del Leicester quedaban grabados en la memoria para dar paso a la tragedia. Aquel equipo campeón de la Premier en la 2015-16, que posteriormente conquistó la FA Cup en la 2020-21 y la Community Shield en la 2021-22, que alcanzó las semifinales de la Conference League en 2022, se hunde sin remedio.

¿Cómo se explica que un club que sorprendió al mundo haya caído tanto en tan poco tiempo? Decisiones cuestionables, fichajes desastrosos, pérdidas económicas… Las causas son varias. Solo nueves meses después de alcanzar el título de liga, Ranieri cayó víctima de su propio éxito. Fue despedido con el equipo al borde del descenso. Desde entonces han desfilado por el banquillo Craig Shakespeare, Claude Puel, Brenda Rogers, Dean Smith, Enzo Maresca, Ruud van Nistelrooy, Martí Cifuentes y Gary Rowett, todos ellos siempre bajo la sospecha de que el despido de Ranieri fue precipitado.

El técnico Gary Rowett no ha logrado eludir el descenso del Leicester a la League One. Europa Press

Descenso tras nueve temporadas en la Premier

En 2018 llegó un punto de inflexión. La muerte del propietario del club fue un revés emocional al que se sumó la crisis por la pandemia del covid, que sacudió al imperio económico de la familia Srivaddhanaprabha, y en consecuencia al club. Ahí se inicio la debacle. El Leicester comenzó a dar bandazos. En la 2022-23 perdió la categoría. Fue el final de una racha de nueve campañas consecutivas en la Premier League. Maresca devolvió de inmediato al equipo a la máxima categoría. Pero al igual que subió rápido, volvió a caer a las primeras de cambio. Si el curso pasado descendía a la categoría de plata, este ha caído a la de bronce. Dos descensos en dos años.

En paralelo a esta agitada trayectoria, sin estabilidad en el banquillo, en los despachos la dirección deportiva comenzó a errar en los refuerzos, fichajes que jamás rindieron acorde a su precio de compra: Patson Daka (30 millones de euros), Oliver Skipp (24), Bilal El Khannouss (23), Boubakary Soumaré (20), Jannik Vestergaard (18), Wout Faes (17), Harry Souttar (17)… son las incorporaciones más caras desde la temporada 2021-22, la del último título. Ninguno ha cumplido las expectativas y han sido argumentos para la precipitación.

El fútbol no entiende de recuerdos. Ni de logros pasados. El Leicester, que fue el equipo que demostró que todo era posible, es ahora el ejemplo de que todo también puede torcerse con celeridad. Siempre quedará el consuelo de aquel magnífico título. Fue uno de los pocos clubes capaces de cuestionar la jerarquía imperante. Mientras su gesta seguirá siendo estudiada como un milagro deportivo, su presente se investiga como un caso de derrumbe institucional y deportivo. Diez años después de alcanzar la gloria, el Leicester se ha derrumbado.