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Productos Paladar

Aceite de La Rioja, la delicia culinaria que es fuente de salud

Entre las muchas joyas gastronómicas que produce La Rioja, una reclama un lugar de honor en la alta cocina y en la nutrición consciente: el Aceite de La Rioja con Denominación de Origen Protegida (DOP).

Aceite de La Rioja, la delicia culinaria que es fuente de saludCedida

Aprobada por la Unión Europea en el año 2004, la certificación Aceite de La Rioja ampara a un Aceite de Oliva Virgen Extra (AOVE) de características excepcionales. Es mucho más que un recurso fundamental a la hora de cocinar. Fusiona el saber hacer de generaciones de olivicultores que trabajan con sabiduría en un ecosistema único. El resultado: un alimento sinónimo de pureza, salud y absoluto rigor organoléptico.

El perfil del aceite amparado por la DOP Aceite de La Rioja se encuentra esencialmente vinculado a la geografía de la región. El olivar riojano se sitúa en una zona de transición climática entre el Atlántico y el Mediterráneo, enraizado en suelos ricos en nutrientes y expuesto a un contraste térmico ideal que propicia una maduración pausada de la aceituna.

Variedades y características

Las variedades autorizadas de aceituna construyen su identidad. Por un lado, las variedades autóctonas, como la Royuela y la Redondilla, esta última es la riojana por antonomasia, que aportan el núcleo identitario, y proporcionan al aceite gran resistencia a la oxidación y matices silvestres. Por otro lado, variedades integradas; es decir, la Arbequina, la Empeltre y la Picual, que complementan los cultivos y aportan equilibrio, fluidez y notas frutales maduras.

Como resultado de los suelos, el clima y las variedades, el Aceite de La Rioja resulta inconfundible. Intensamente afrutado, con notas aromáticas que recuerdan a la hierba recién cortada, la tomatera, la almendra verde e incluso la alcachofa. En boca, destaca por un equilibrio impecable: amargor y un picor suaves, elegantes y persistentes, que realzan los alimentos en lugar de enmascararlos. Su acidez máxima es sumamente baja.

Es sabido que el consumo de aceite de oliva virgen extra es la piedra angular de la Dieta Mediterránea. Y pieza fundamental de su identidad. El aceite amparado por la DOP Aceite de La Rioja va un paso más allá. Posee un valor añadido debido a sus específicos perfiles químicos, condicionados por el clima frío del norte de España. Las investigaciones del Consejo Regulador revelan que las condiciones agroclimáticas de La Rioja favorecen que sus aceites contengan niveles de ácido oleico sensiblemente superiores a los de otros aceites de oliva del mercado, lo que potencia de forma natural sus virtudes terapéuticas.

El aceite de La Rioja es sometido a un riguroso análisis físico-químico en laboratorios oficiales que auditan los parámetros bioquímicos que determinan la frescura del fruto y la limpieza de su extracción

Más ácido oleico

El ácido oleico es el responsable directo de la regulación de los lípidos en sangre. Su consumo diario contribuye a elevar los niveles de colesterol HDL, el colesterol bueno, mientras reduce el colesterol LDL, o colesterol malo. Esto tiene un impacto directo en el mantenimiento adecuado de las vías arteriales y en una reducción de hasta un 30% en el riesgo de sufrir accidentes cardiovasculares, infartos o hipertensión. Por si esto fuera poco, la DOP Aceite de La Rioja avala un producto extraordinariamente rico en polifenoles y vitamina E, sustancias combaten de manera el estrés oxidativo provocado por los radicales libres, protegiendo las membranas celulares. Este efecto frena el envejecimiento prematuro de los tejidos y actúa como un factor preventivo clave frente al desarrollo de enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer, y diversos tipos de cáncer.

Un cultivo milenario a la medida del siglo XXI

La DOP Aceite de La Rioja representa la evolución perfecta de un cultivo milenario adaptado a las exigencias del consumidor del siglo XXI. Es un producto que aporta versatilidad y distinción en la cocina: es capaz de dar carácter a un plato en crudo, de proteger los jugos de los alimentos en una fritura de alta temperatura o de aportar matices sutiles en la repostería de vanguardia. Elegir este aceite no es solo optar por un sabor premium con arraigo y tradición; es realizar una inversión directa en salud, longevidad y bienestar respaldada por la máxima certificación de calidad europea.

Más aún, gracias a compuestos como el oleocanthal, el Aceite de La Rioja posee propiedades antiinflamatorias naturales, mejora las digestiones, optimiza las funciones metabólicas y hepáticas, y favorece la absorción de micronutrientes esenciales.

El consumo regular del Aceite de La Rioja estimula el crecimiento óseo y mejora significativamente la fijación del calcio en los huesos. Se trata, en consecuencia, de un aliado indispensable tanto durante la etapa de crecimiento infantil como en la madurez para prevenir la osteoporosis.

Joya gastronómica

Además, está buenísimo en ensaladas, guisos, frituras o simplemente empapado en un trocito de pan. Para que esto sea así, cada partida de Aceite de La Rioja es sometido a un riguroso análisis físico-químico en laboratorios oficiales que auditan los parámetros bioquímicos que determinan la frescura del fruto y la limpieza de su extracción.

Mientras que la legislación general permite que se consideren como Virgen Extra zumos con una acidez de hasta 0.8∘, las exigencias de la DOP Aceite de La Rioja suelen situar sus lotes en niveles drásticamente inferiores, a menudo por debajo de 0.2∘. Una acidez extremadamente baja es reflejo de un fruto sano, recolectado directamente del árbol, nunca del suelo, y procesado de forma inmediata en la almazara.

Los números de un laboratorio pueden certificar que un aceite es químicamente puro, pero solo el paladar humano es capaz de dictaminar si resulta gastronómicamente adecuado. Por eso, un Panel de Cata Oficial compuesto por un grupo de personas expertas y entrenadas prueba los aceites. Las catas se realizan a ciegas, utilizando copas normalizadas de color azul cobalto para que el color del aceite no condicione el juicio, y en cabinas aisladas que garantizan la máxima concentración.

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Cero defectos

Solo cabe la ausencia absoluta de defectos. En la DOP Aceite de La Rioja el margen de error es cero. Para recibir el sello de la denominación, la mediana de los defectos en el panel de cata debe ser igual a cero. El más mínimo vestigio de fallo organoléptico implica el rechazo inmediato del lote. Además, el aceite debe demostrar un perfil aromático y gustativo sobresaliente. Solo entonces el lote recibe las contraetiquetas numeradas del Consejo Regulador. Este sello físico y digital, colocado en cada botella, es el contrato de confianza que la DOP Aceite de La Rioja firma con el consumidor: la garantía absoluta de que dentro de ese envase se custodia una obra de arte de la naturaleza y de la técnica riojana. Y una fuente de salud.