Pasar un día entero en la playa es uno de los planes más típicos de la temporada, pero organizar lo que vamos a llevar para comer a veces se convierte en un auténtico rompecabezas y puede llegar a ser peligroso. No vale cualquier plato, y la comida ideal para la playa tiene que cumplir tres requisitos indispensables: ser cómoda de transportar, resistir bien el calor sin estropearse y que sea ligera para que una digestión larga y pesada no nos arruine el día. A menudo caemos en el error de recurrir a los clásicos de siempre sin caer en la cuenta de que las altas temperaturas afectan de diferentes maneras a los alimentos más típicos de la época estival.

Un grupo de amigas toma cerveza en la playa Freepik

Las ensaladas son una opción fantástica, pero olvidémonos de la típica de lechuga que llega a la hora de la comida mustia y con una mala textura. El truco para acertar pasa por elegir bases más consistentes como la ensalada de pasta, el arroz, la quinoa o las legumbres, siendo los garbanzos y las lentejas opciones geniales que aguantan la forma perfectamente. Para mantener la textura y evitar riesgos, la clave es meter todos los ingredientes bien secos en el fiambrera y llevar el aliño, ya sea una vinagreta clásica o una salsa diferente, en un tarro aparte para añadirlo justo antes de empezar a comer.

Bocadillos y mitos

El bocadillo sigue siendo el rey del verano por su comodidad, pero conviene huir de los ingredientes que sufren con el calor y el sol. En lugar de embutidos grasos que sudan o quesos que se derriten y quedan mal, es mucho mejor optar por un bocadillo saludable para el verano relleno de pechuga de pollo a la plancha con unas rodajas de tomate, o el clásico de atún en conserva bien escurrido con pimientos asados. El pan rústico o de hogaza aguanta mucho mejor la humedad de la playa que la barra de pan blanco común, que tiende a quedarse chiclosa mucho antes.

Por otra parte, conviene aclarar y desmentir ciertos mitos que pueden llegar a ser peligrosos. Aunque la tortilla de patatas es un emblema de las jornadas de playa en familia, si la preparas en casa para un día de playa, la seguridad alimentaria exige que esté completamente cuajada. Es decir, nada de dejarla jugosa porque el riesgo de salmonelosis aumenta exponencialmente. Si nos gustan más los platos untables, el hummus casero o el guacamole son alternativas muy a tener en cuenta al combinar garbanzos, aguacate y limón, que es un conservante natural perfecto, siempre y cuando se mantengan en el fondo de la nevera portátil junto al hielo.

Fruta y bebida

A la hora del postre o del picoteo a media tarde, los alimentos naturales nos lo ponen muy fácil. La fruta fresca para la playa es el mejor recurso para recuperar los líquidos y sales minerales que perdemos al sudar bajo el sol. La sandía, el melón, la piña o el melocotón son frutas llenas de agua que, bajo el sol abrasador, apetecen a todas horas. El mejor consejo para llevarlas es transportarlas ya lavadas, peladas y troceadas en un recipiente hermético bien frío. De este modo, se conservan listas para comer sin necesidad de andar cortándolos con cuchillos en medio de la arena.

Para terminar, las bebidas son vitales cuando hace mucho calor. Conviene congelar previamente un par de botellas de agua para que actúen como refrigerantes dentro de la nevera durante la mañana y se vayan volviendo agua fría según avanza el día. Es recomendable evitar las opciones con mucha cantidad de azúcar porque solo consiguen aumentar la sensación de sed, y apostar por infusiones frías o agua con rodajas de limón y menta.

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Comidas a evitar

Muchas personas llevan alimentos como tortillas, bocadillos, ensaladas, fruta cortada o embutidos para pasar el día, pero no todos soportan bien las altas temperaturas. Productos como la mayonesa, los lácteos, el marisco, la carne cocinada o los huevos pueden deteriorarse rápidamente si permanecen varias horas sin refrigeración, aumentando el riesgo de intoxicaciones alimentarias. El calor y la exposición al sol favorecen la proliferación de bacterias, especialmente en comidas que se transportan en recipientes poco aislados o se dejan fuera de la nevera portátil demasiado tiempo.