El congelador es un electrodoméstico que nos permite organizar las compras de la semana, evitar el desperdicio y tener siempre a mano ingredientes listos para cocinar. Sin embargo, existen unos alimentos o procesos que debemos evitar a toda costa por el peligro alimentario que pueden conllevar. Todos hemos escuchado alguna vez la prohibición absoluta de volver a congelar algo que ya ha sido descongelado. Esta norma es una barrera clave para evitar problemas de salud graves y para impedir que los alimentos pierdan toda su gracia, textura y nutrientes.
Para entender el peligro, hay que mirar lo que ocurre a nivel microscópico. Al congelar alimentos en casa, el agua que contienen se transforma en pequeños cristales de hielo que frenan la actividad de las bacterias. Al descongelar el producto, el agua vuelve a su estado líquido y las bacterias se despiertan con fuerza, multiplicándose a una velocidad muy alta gracias a la humedad y a la temperatura ambiente. Si volvemos a meter ese alimento en el congelador, lo único que hacemos es conservar los microorganismos que, al volver a descongelarse por segunda vez, pueden provocar una intoxicación alimentaria grave.
Los más peligrosos
Dentro de la lista a evitar, la carne cruda descongelada ocupa el primer puesto. Da igual que hablemos de filetes de ternera, pechugas de pollo o carne picada; nunca, bajo ningún concepto, deben volver al congelador si ya han pasado por el proceso de descongelación. La carne picada es especialmente sensible debido a que su superficie de exposición es muchísimo mayor, lo que acelera la proliferación de bacterias como la Salmonella o la E. coli. Si te sobra carne cruda que ya has descongelado, la única solución segura para volver a congelarla es cocinarla primero a alta temperatura, ya que el calor destruye los microorganismos y transforma el alimento en un producto "nuevo".
El caso del pescado y el marisco es igual de crítico. El tejido muscular del pescado es ultra delicado. Al congelarlo por segunda vez, los nuevos cristales de hielo rompen por completo las fibras de la carne. El resultado al cocinarlo será un producto seco, insípido, con una textura pastosa muy desagradable y que habrá perdido todos sus jugos y nutrientes esenciales por el camino.
El peligro de los precocinados
Las hortalizas y verduras que compramos ya congeladas tampoco admiten ser congeladas otra vez. Estos productos pasan por un proceso industrial de ultracongelación rápida que respeta su estructura celular. Si sufren un corte en la cadena de frío en casa y los volvemos a congelar en un congelador doméstico que es mucho más lento, el agua creará grandes bloques de hielo que destrozarán el vegetal, convirtiéndolo en una papilla al cocinarlo. Además, las verduras de hoja verde acumulan muy fácilmente, volviéndose un lugar ideal para la proliferación de bacterias ambientales.
Por último, hay que tener un cuidado extremo con los platos precocinados, las cremas que contienen lácteos o huevo, y la repostería. Las bacterias proliferan mucho en la combinación de azúcares, lácteos y humedad. Una tarta helada o una lasaña precocinada que se ha descongelado en la encimera y vuelve a entrar al congelador es una bomba de relojería para el estómago. La mejor prevención es congelar siempre en porciones individuales pequeñas para sacar solo lo que vayamos a consumir en el día y ganar en tranquilidad.