“Despojarse del capitalismo es una elección política”
Galardonada con el Premio a Mejor Película Canadiense en el Festival de Cine de Toronto 2024, el nuevo filme de esta cineasta que se estrena este 27 de febrero explora los vínculos invisibles entre la humanidad, la naturaleza y el paso del tiempo es un mundo sin pausa [Texto: Guadalupe Marugán]
Directora, guionista y productora, la mirada cinematográfica de Sophie Deraspe nace de una conexión sensorial con los lugares, las personas y la naturaleza. Así lo demuestra en Hasta la montaña (Bergers), su última película que se estrena este 27 de febrero, donde moldea la búsqueda existencial a través del cine y la dimensión del mundo rural.
Aparte de directora cinematográfica, también lo ha sido de fotografía y ha creado sus propios proyectos. ¿Cómo cree que esta autonomía técnica moldea su visión cuando escribe sus guiones?
Sí, cuando me planteo escribir, necesito enseguida ver las escenas, oírlas, entenderlas... Tengo la necesidad de ir a buscar, investigar, tocar, ver los lugares... En el caso de este libro -esta novela (Bergers)- lo que correspondía era ir a poder encontrarme con pastores; con el mundo del pastoreo, para poder sentir los olores, los calores, los elementos..., y realmente vivirlos y palparlos con todos mis sentidos.
Si mira atrás al inicio con Los signos vitales -por ejemplo- y compara con proyectos más recientes como Berges o Antígona, ¿qué temas persistentes identifica que le siguen atrayendo?
En cuanto a temas, me doy cuenta ahora de que después de seis películas mi cine es un cine realmente muy existencial. Es decir, a través del arte en general y del cine, en mi caso, se percibe el sentido de la vida; esa noción de finitud que tenemos, porque esto va a empezar y va a terminar. ¿Qué hacemos con ese tiempo que tenemos con las personas, la naturaleza y los animales? Los personajes lo que hacen es buscar un poco ese sentido de su existencia. Me gustaría añadir que me interesa muchísimo llevar mi cine al plano de la relación con los vínculos. Me explico: con los vínculos que nosotros vamos creando con ese sitio. Y eso es lo esencial, vínculos de amor; con todo el mundo viviente, visible e invisible. Ese es el gran camino, el gran recorrido interior que hace el protagonista (Mathyas); por encima del recorrido geográfico, que también constatamos lo que se ve.
Hablando de vínculos, Bergers narra un viaje de pérdida en la naturaleza. A veces el cine rural corre el riesgo de idealizar el paisaje o el retiro idílico. ¿Buscó también reflejar el peso del aislamiento en contraposición?
Cuando más soledad siente Mathyas es cuando está rodeado de seres humanos que no están contentos con los animales y los elementos. También surge el tema de la violencia, es ahí cuando la violencia se hace más intolerable. En la naturaleza, incluso después de encontrar ese ideal, se da cuenta de que existe brutalidad y violencia, pero eso es lo que le da precisamente más fuerza para poder afrontarlo.
Con jóvenes que lo dejan todo para hacerse pastores como trama principal, ¿es un reflejo de los retos a los que estos deben enfrentarse actualmente? En el ámbito de la vivienda, por ejemplo…
Esa elección de querer ser pastor es una elección política. Es decir, esa idea de retirarse del mundo capitalista y de decidir salir a caminar con animales en lugares remotos sin electricidad, sin motores..., es una opción política conscientemente hecha. Esa elección de despojarse de ese mundo es algo político, yo creo. Incluso los pastores, con sus relaciones humanas, son conscientes de que quieren deshacerse de lo material, de la eficacia del mundo, de estar constantemente bombardeados con mensajes... Muchos tienen ganas de tomar una pausa y de relativizar un poco la necesidad de estar constantemente atrapados por este tipo de mundo. Eso es un poco lo que estoy intentando subrayar.
Cuando fue galardonada con el Premio a Mejor Película Canadiense en el Festival de Cine de Toronto 2024, ¿hubo algo en ese momento que le sorprendió de la recepción del público versus su expectativa?
Cada vez que yo llevo una película nueva al mundo, siempre me parece algo vertiginoso, como estar al borde de un precipicio. Al fin y al cabo, son tantos años de trabajo, de recursos, de gente, de energías entregadas..., que cuando me encuentro con que hay una película que va a algún sitio, me parece nada menos que vertiginoso. Entonces, digo: “Pero, vamos a ver, ¿quién va a querer saber algo de la historia de un joven que quiere marchar y llegar a ser pastor? ¿Quién?”. Porque, en mi película anterior -Antígona- se trataban otros temas: inmigración, familia..., era otra cosa. Pero cuando vi el premio que se llevó en Toronto, me di cuenta de que en cualquier sitio hay esa necesidad de conectar con esa grandeza muy especial. De ir y moverse por las montañas con miles y miles de ovejas y cabras que cogen y se apoderan de la ruta, de la carretera... De la gente, de conectarse y dejarse llevar por la construcción de ese amor entre dos seres, sin materialismos, sin preocupaciones de estatus sociales... Tuve ese sentimiento de: “¡Qué bien estar dentro de esos elementos y poder compartir eso!”.
Por último, si tuviera libertad absoluta -sin presupuesto ni expectativas de mercado- para dirigir cualquier película que rompa su propio canon hasta hoy, ¿cuál haría?
Creo que haría una película que pusiera en común los vínculos de personas de muy distintos lugares del mundo. He pensado que Iñárritu (cineasta mexicano) ha hecho eso, de cierta manera. Pero creo que sí, sería esa contextualización de personas con relaciones sociales -muy diversas y variadas- en muchas circunstancias y lugares del mundo.
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