pamplona - Ha asumido el reto de la capitanía en el momento más complicado de la historia de Osasuna. Por eso confiesa que ha tenido que reforzar el sentido del humor e incluso reírse de sí mismo para sobrellevar algunas situaciones. El futuro de Miguel Flaño cuando se retire (aunque aún no fecha ese momento) parece ahora mismo más ligado a las aulas que al fútbol. Y es que nunca ha dejado de formarse académicamente pese a subir peldaños en el club donde empezó.
Veo que tiene una cicatriz en la ceja izquierda. ¿Cómo se la hizo?
-De pequeño jugando con mi hermano en la cocina. Estábamos haciendo de toreros y yo fui a parar al radiador. Se me quedó una marca que mucha gente aprovecha para distinguirnos, aunque quien está con nosotros con cierta regularidad busca diferencias con más facilidad.
¿Se la tiene guardada?
-No. En ese momento ni me enfadé con él. Me he enfadado muchas veces y hemos tenido muchos piques, porque el estar en casa dos personas que hemos hecho tantas cosas juntos supone en muchos momentos riñas. Pero nos hemos conocido muy bien y con el paso de los años la relación se ha ido afianzando.
Les habrán confundido muchas veces...
-Sí. Y me hace mucha gracia porque como los dos conocemos nuestras vidas, en muchas ocasiones hemos seguido la corriente haciéndonos pasar por el otro y a veces te vas metiendo en un jardín porque se va profundizando la charla y en determinado momento tener que decir la verdad no queda bien. Ha habido situaciones muy curiosas, pero siempre ha sido algo que nos ha hecho gracia.
¿Ninguna vez han tenido la tentación de hacerse pasar el uno por el otro?
-No recuerdo algo especialmente llamativo, pero seguramente en la ESO nos habríamos cambiado para hacer algún examen.
El máximo tiempo que ha estado separado de su hermano ha sido los cinco años que estuvo fuera del club. ¿Cómo los llevó?
-Al principio me pudo afectar más por la situación en la que se fue. Pero siempre hemos sido conscientes de que nuestras trayectorias se tenían que separar en algún momento. El mundo profesional del fútbol es muy cambiante y lo raro era que hiciésemos todo juntos.
Dicen que los gemelos son capaces de comunicarse con su otra mitad.
-Notas algo especial en cuanto a la manera de ver las cosas y de saber cómo se puede estar sintiendo mi hermano, en este caso. Existe un feeling especial que es difícil de explicar. Somos dos personas diferentes, cada uno con sus características, pero a la hora de ver determinados asuntos, casi siempre coincidimos.
¿Si le pasa algo malo a Javier usted lo nota?
-Físicamente no llega a ser así, pero sí que podemos empezar una conversación y en pocas palabras uno puede saber lo que puede estar pasándole al otro. Pero ya a límites que he escuchado algunas veces como que si le pegan a él me hacen daño a mí también, hasta el momento no ha sido así. Y casi mejor que no lo sea (risas).
Su hermana Beatriz también tuvo mellizos. ¿Le da pánico una próxima paternidad?
-No, para nada. Si sucediese serían muy bien recibidos. Ha sido mucha casualidad lo de mi hermana, sí. Además mi hija y mis tres sobrinos han nacido con un año de diferencia. La familia ha cambiado mucho y en las celebraciones el follón que se monta en casa es bueno... Si alguien quiere tranquilidad, no le aconsejo que se pase por nuestra casa.
¿Alguna vez los niños les han confundido?
-Los críos son más listos de lo que creemos. Pero el hijo de Javier, Joar, no sé si es por el parecido que tenemos, pero sí que tiene más afinidad a la hora de estar conmigo. Igual le doy más confianza por ser parecido a su padre.
Nació minutos antes que su hermano. ¡Alguna ventaja tendrá!
-La ventaja que le veo es que tengo algo más de experiencia. No mucha, pero he vivido quince o veinte minutos más que él y eso siempre se lo recuerdo. Él en cambio me dice que biológicamente el que antes se formó fue él (risas).
Su otro gemelo está en el equipo: Riesgo.
-Tengo muy buena relación con él desde que vino. Somos personas cercanas a la hora de hablar y por nuestra forma de ser, un poco más cerrados al principio, pero luego muy llanos. Le aprecio mucho porque es un gran portero y sobre todo como persona, porque a pesar de que lo está pasando muy mal, siempre trabaja y piensa en el equipo.
Estudió LADE, algo poco común en el fútbol.
-Al principio creía que sería más llevadero compaginar las dos cosas, lo veía como algo normal. Pero cuando llegué al primer equipo me di cuenta de que, aunque la vida del futbolista no te resta mucho tiempo material, sí que mentalmente es difícil pensar en otra cosa. Los dos primeros años de carrera los pasé limpios sin ningún problema, pero tercero y cuarto me costaron un poco más porque mi prioridad ya era el fútbol. Eso sí, considero que cualquiera puede licenciarse mientras juega a nivel profesional. No es nada extraordinario. O no debería serlo.
Confiese, ¿tuvo algún trato de favor?
-Han sido pocos los casos. En el colegio sí que eran más permisivos para cambiar fechas de algún examen que coincidía con partidos o te echaban una mano si habías estado en algún campeonato para que te pusieras al ritmo de los demás. Pero cuando te metes en la universidad tienes que adaptarte a lo que rige allí.
¿Se planteó decantarse por los estudios?
-No, porque nunca he visto que tuviese que dejar de lado una cosa para hacer la otra. Sí que es verdad que en mi vida ha habido dos partes: una hasta que llego al primer equipo, en la que mi prioridad era seguir con los estudios, y otra desde que debuto en el primer equipo y decido priorizar el fútbol. En ese momento no dejo de lado los estudios, pero sí que son menos importantes para mí.
Si no me equivoco, quiere seguir estudiando.
-Sí, quiero hacer algo relacionado con la educación. El máster de Profesorado me llama mucho la atención para cuando vayan pasando los años y vea que tengo que salir del mundo del fútbol. Pero de momento, con la niña, no saco tiempo para nada y la cosa está parada.
Entonces, ¿puede que le veamos en las aulas?
-Puede ser. Es un mundo que siempre me ha interesado porque estudiar y formarme siempre me ha llamado. No porque me guste estudiar, sino porque considero que hay que darle un poco de motivación a la vida. Y además de eso, porque guardo un buen recuerdo de mi época como estudiante y lo que puede unir los dos aspectos puede ser ejercer de profesor. Habrá gente más preparada que yo seguro, pero sí que pueden ir por ahí las cosas.
Supongo que tiene buena mano con los niños.
-Me veo más con personas más adolescentes que con niños. Tengo paciencia y me manejo bien, pero mi mujer tiene más tacto y es capaz de llevar mejor a la niña, por ejemplo. Yo me manejo mejor con personas con algo más de razonamiento, un poco más mayores.
Al margen de ese ámbito, le gusta la música.
-En la adolescencia le daba a casi todos los palos. Yo tocaba la guitarra y es verdad que iba a algún concierto, pero está claro que no era lo mío. No destacaba para nada y era un guitarrista muy normal (bromea).
¿Fue al conservatorio?
-No, no llegué a ir a conservatorio. Pero fui a la Escuela de Música de Noáin y estuve varios años intensos. Recuerdo con especial cariño que hice algún concierto con mi hermano: él tocaba el acordeón y yo la guitarra; era muy gracioso. Hace muchos años que lo dejamos y lo tengo más apartado. Ahora me gusta mucho el mundo del deporte y en mis horas libres suelo ver baloncesto, balonmano, la pelota y también me encanta leer.
Y también jugó a baloncesto...
-Sí, jugué más o menos hasta los trece años. Recuerdo que salíamos del partido de fútbol que jugaba con Osasuna y me iba a jugar el partido de baloncesto que teníamos en cualquier colegio de Pamplona. Era una paliza para mis padres, porque los teníamos de lado a lado. Pero siempre nos han dicho que lo hacían encantados.
Es muy amigo del rejoneador Roberto Armendáriz. No deja de ser curioso que en su cuadrilla haya tres personas conocidas.
-Tengo muy buena amistad con él y procuro ir de vez en cuando a Zolina para hacerle una visita con los caballos. En la cuadrilla este tema siempre se ha llevado de forma muy natural. Hemos estado en el pueblo y ha sido algo muy llevadero y ni mucho menos nos hemos sentido personas demasiado conocidas. Pamplona es un pañuelo, como quien dice, y cuando vas por la calle puedes sentir que te reconocen, pero la gente es muy respetuosa. Para nosotros ha sido una suerte más que un tostón que nos puedan conocer.
¿Acude a sus corridas en calidad de amigo o porque es aficionado taurino?
-Me gustan los toros, sí. No soy un entendido, pero sí que me gusta ir una o dos veces al año a una corrida de rejones y también suelo ir un par de veces a la plaza en San Fermín. Aunque no me considero ningún fanático.
En Noáin tiene una peña en su honor.
-Es una suerte muy grande porque normalmente cuando se empieza algo se tiene mucho auge, pero luego pasan dos o tres años y la cosa suele ir a menos. Sin embargo, en este caso se mantiene. Llevo ya once temporadas en el primer equipo y lo más normal hubiese sido que la cosa hubiese ido a menos, pero no ha sido así y estoy muy agradecido. Siempre es bonito que la gente se junte para animar a Osasuna y a nosotros en este caso. El ambiente que se forma siempre es muy bueno y sano.
Y hablando de peñas, ¿qué opina sobre el caso de Germán Urabayen?
-Siento una mezcla de desilusión y también de desesperación porque van siendo ya demasiadas noticias malas alrededor de Osasuna. Lo que ha hecho es una vergüenza, pero tenemos que ser optimistas y confiar en que las cosas pueden cambiar hacia bien y en que no todo es como parece últimamente. La corrupción ha estado presente en casi todos los ámbitos, pero me niego a pensar que todo el mundo sea así. Creo que la mayor parte de las personas son honestas, pero no se puede negar que los corruptos nos han hecho mucho daño y solo hay que remitirse a las pruebas.
Se estrena como capitán. ¿Tanta responsabilidad le ha agriado el carácter?
-No, para nada. El tema del humor va aparte. Noto que cada vez me río más de mí mismo y esa es la primera prueba positiva. Mis treinta años me dan un poso de madurez a la hora de afrontar determinadas cuestiones como puede ser esta. Es una responsabilidad, pero lo enfoco por ser un privilegio y no por un exceso de presión. Antes daba más vueltas a todo, pero ahora enseguida le busco ese toque de humor.
Hay quien comenta que lleva a todos los jugadores a raya...
-(Risas) No te creas. Algunas veces se me escapan cosas. Tengo todavía muchos aspectos que mejorar. Soy consciente de ello aunque a todos nos cuesta reconocer nuestros errores, y las cosas serían más sencillas si lo hiciéramos. Pero me gusta tener todo bajo control.
Sin embargo, vive con dos mujeres.
-En casa me llevan mucho más a raya a mí (entre risas). Ahora la que manda es la pequeña, porque aunque tiene solo dos años hay que adaptarse a su ritmo de vida.