Durante años, la muerte de una mascota ha sido un asunto silencioso, resuelto deprisa y con pocas alternativas visibles para las familias. A día de hoy, sin embargo, el final de la vida de perros, gatos y otros animales domésticos empieza a abordarse de otra manera: con rituales de despedida, acompañamiento profesional y una sensibilidad social cada vez más reconocida y necesaria.
Ese cambio cultural también ha transformado un sector poco conocido, el de los servicios funerarios para mascotas. En Navarra, una de las empresas que ha vivido esa evolución es DUIN, crematorio de animales domésticos situado en Noáin, que lleva desde el 2004 trabajando con esta filosofía.
Su origen, explican desde la compañía, nació precisamente de la sensación de que el tratamiento que recibían muchos animales tras su fallecimiento era “inadecuado” y no respondía al vínculo afectivo que mantienen con sus familias.
“La gente ya no siente que tenga que esconder el dolor por perder a un animal”, explica Ainhoa Zudaire, responsable del crematorio. “Muchas personas han convivido más de diez o quince años con su mascota. Ha formado parte de su rutina, de sus duelos y también de sus alegrías. Despedirse de forma digna ayuda a cerrar ese proceso”, añade.
El apoyo de un profesional
Veterinarios y especialistas coinciden en que el duelo por una mascota ha dejado de considerarse un sentimiento menor. La presencia creciente de animales en hogares unipersonales o familias sin hijos ha reforzado todavía más ese vínculo emocional. En ese contexto, la figura del veterinario se ha convertido en una pieza clave no solo desde el punto de vista clínico, sino también humano.
En muchas ocasiones son los propios veterinarios quienes acompañan a las familias en las últimas decisiones: desde la eutanasia, cuando no existe otra salida para evitar el sufrimiento del animal, hasta la gestión posterior del cuerpo. Ese momento, explican desde el sector, exige cada vez más preparación emocional y capacidad de escucha.
DUIN trabaja habitualmente con clínicas veterinarias de Navarra y comunidades limítrofes. La empresa realiza recogidas tanto en centros veterinarios como en domicilios particulares mediante vehículos autorizados y adaptados para el traslado. Después, las familias pueden optar por una cremación colectiva o individual.
En este último caso, existe la posibilidad de recuperar las cenizas y asistir presencialmente a la despedida en una sala habilitada para ello. Algunas familias acuden únicamente unos minutos; otras prefieren permanecer durante todo el proceso. “Cada persona vive el duelo de manera distinta y nosotros nos ocupamos de respetar esos tiempos”, señala Zudaire.
Junto a la dimensión emocional, el sector también ha tenido que adaptarse a una normativa europea cada vez más estricta sobre la gestión de restos animales. El Reglamento CE 1069/2009 establece las condiciones sanitarias para la recogida, transporte e incineración de mascotas, con el objetivo de garantizar tanto la trazabilidad como la seguridad medioambiental.
Ese aspecto, menos visible para las familias, forma parte del trabajo diario de este tipo de instalaciones. Certificados de cremación, control de residuos y transporte autorizado son algunos de los requisitos que hoy forman parte de un servicio que hace dos décadas apenas tenía presencia pública.
La transformación revela también un cambio social más profundo: la manera en que las personas se relacionan con sus animales. Lo que antes se resolvía desde la discreción empieza a entenderse como un duelo legítimo. Y en ese último adiós, veterinarios, familias y profesionales funerarios comparten ahora un papel que hasta hace poco permanecía prácticamente invisible.