Luis Arrieta acaba de quedar para escalar con Bachir. Arrieta fue un esforzado de la ruta como ahora lo es de las aristas. No llegó a ciclista profesional a pesar de ser navarro, lo que siempre debe ser tomado como un plus. Así que optó por formarse como ingeniero agrónomo. Y por algo más. “Cuando dejé la bici empecé en el mundo de la montaña y me apasionó desde el minuto uno”, explica. Así que organizó su vida alrededor de las alturas, el esquí, el alpinismo y la escalada. Se fue de Erasmus a los Alpes italianos. Voló a Canadá persiguiendo montañas. Arrieta empezó a documentar su pasión. “Primero con fotografías y luego con pequeños filmes de nuestras actividades”, dice. Destacó con la cámara. Le fichó Red Bull para sus vídeos. “Una amiga me animó a presentarme a las ayudas de cine documental sobre temáticas de montaña”, recuerda. Le fue bien. De ahí surgió Mendiak, la historia del primer sietemil vasco allá por 1976, que se ha paseado con éxito por los festivales de medio mundo.
Los dos últimos años los ha dedicado el ingeniero, montañero y cineasta a dar forma a Sustraiak, proyecto que ha contado con una beca del propio Mendi Film y el apoyo de EITB. Se trata de un largometraje que habla de una aventura de riesgo máximo para la que no existen redes ni clavijas metidas en firme y que, además, resulta imposible de entrenar: la búsqueda de un futuro digno. Arrieta tuvo conocimiento de un programa pionero de integración social en Nafarroa. “Contactan con jóvenes migrantes que no tienen la documentación en regla y los intentan insertar en entornos socioculturales, uno de ellos recurre a la escalada como centro de interés”, detalla el director.
Cinco chicas y chicos, un grupo de voluntariado y un día a la semana para subirse por las paredes del rocódromo. Arrieta se incorporó y empezó a ir todos los miércoles a escalar. “Alguno me comentó que practicó la escalada con la idea de saltar las vallas del puerto de Nador, que está en el norte de Marruecos, para esconderse en la carrocería de un camión y pasar a Europa; su concepto de la escalada no tenía que ver con el deporte ni con el ocio, si no con una manera de buscar oportunidades en sus vidas. Eso me despertó el interés”, asegura. Con el tiempo fueron tejiendo una relación y les contó, a grupo y mentores, que podría dar forma de largometraje a su historia.
La de Hiba, adolescente marroquí que abandonó una competición internacional de judo en Coimbra para caminar de noche y dormir de día durante dos meses rumbo a Falces. Sabía que en esa localidad navarra residía una pariente que no pudo hacerse cargo de ella. Los servicios sociales la detectaron en una estación de Iruñea.
La de Manan, casi un niño, que atravesó África desde Ghana hasta la costa de Libia junto a su padre. El dinero les daba para dos pasajes en una patera furtiva. Pero solo para un solo chaleco salvavidas. La embarcación se hundió. Murieron el padre de Manan y 26 personas más. A Manan le salvó el flotador. Pasó dos años en un centro de internamiento de menores en Sicilia. El destino le llevó a Nafarroa.
O la de Bachir, que a los 17 años dejó Tánger y se embarcó en una lancha rumbo a Algeciras. El caminó siguió hasta Iruñea pasando por Madrid y Barcelona. Estudia FP de Telecomunicaciones, es voluntario en un centro de atención a menores. Y escala. Le encantan las cuerdas y las paredes. “La escalada es uno de los deportes que más te evade de todo, porque tienes que estar muy presente en el momento: la sensación de riesgo hace que tu cabeza no pueda pensar en otros mundos o en otros problemas”, afirma un Luis Arrieta que considera que este deporte sirve para “un día a la semana, cuando sus vidas se desmoronan, atarse a una cuerda de 8 milímetros, olvidar todos los problemas y, en esa comunidad escaladores, sentir que conocen gente de otros lado”.
Las raíces surgen
Poco a poco. “Los primeros días en el rocódromo se presentan cohibidos; luego se van relacionando, ven que la gente les trata como personas”, subraya el director. Para quien una parte fundamental de Sustraiak tiene como objetivo ayudarnos a “mirar a los ojos” y a “empatizar” con chicas y chicos que han cortado sus raíces para apostar por un sueño europeo que, demasiado a menudo, se transforma en una pesadilla. Necesitan nuevas raíces. Unas que, hasta que llegue el Número de Identidad Extranjero (NIE), quizá puedan fabricarse utilizando cuerdas de colores de 8 milímetros de diámetro.
Con Luis Arrieta, que ya tiene la mira puesta en una nueva cumbre, han participado en Sustraiak el periodista Dani Burgui, el director de fotografía Jesús Iriarte y Gorka Pastor, de Zetak, autor de la música. Estarán este mismo sábado en Euskalduna junto a Hiba, Manan, Bachir y sus raíces.