El entorno de los ibones del Anayet, uno de los paisajes más emblemáticos del Pirineo aragonés, contará a partir de este verano con una regulación específica para preservar sus frágiles ecosistemas de turbera. El Departamento de Medio Ambiente y Turismo del Gobierno de Aragón ha aprobado una orden, publicada en el BOA el pasado 17 de febrero de 2026, que prohíbe el baño y restringe la acampada entre el 21 de junio y el 21 de septiembre en un ámbito de 209,5 hectáreas alrededor del humedal.

Los ibones, situados en monte de utilidad pública titularidad del Ayuntamiento de Sallent de Gállego, en la comarca del Alto Gállego, están inventariados como “Humedal Singular de Aragón” desde la aprobación del Decreto 204/2010. Esta figura reconoce el alto valor ecológico de sus turberas, hábitats extremadamente sensibles que albergan numerosas especies florísticas y faunísticas adaptadas a estos biotopos de alta montaña.

Además, el espacio forma parte de la Red Natura 2000 bajo la denominación ZEC ES2410002 Pico y turberas del Anayet. El plan de gestión de esta Zona Especial de Conservación ya contempla la necesidad de mantener y restaurar los hábitats asociados a las turberas, señalando la presión turística como una de las principales amenazas para su integridad.

Más visitantes, mayor regulación

En los últimos años, el entorno del Anayet ha experimentado una tendencia creciente en la intensidad de uso público durante el periodo estival. La popularidad de la ruta a los ibones —accesible desde el área de Formigal y con vistas privilegiadas al macizo volcánico del Anayet— la ha convertido en una de las excursiones más frecuentadas del verano pirenaico.

Este incremento de visitantes, en buena medida vinculado al auge del turismo de naturaleza y montaña en el Pirineo aragonés, ha generado impactos acumulativos sobre el terreno: pisoteo de zonas encharcadas, apertura de sendas informales, baños en las láminas de agua y acampadas en sus inmediaciones. En ecosistemas de turbera, donde el equilibrio hídrico y la composición vegetal son extremadamente delicados, estas alteraciones pueden provocar procesos de recesión, desnaturalización o degradación difícilmente reversibles.

Con el objetivo de frenar estos efectos, la nueva orden define un ámbito concreto de protección del humedal y su Zona Periférica de Protección. En él queda prohibido el baño (zona donde también son frecuentes las sanguijuelas) y se restringe la acampada durante el verano, coincidiendo con la época de mayor afluencia.

Condiciones el resto del año

Fuera del periodo comprendido entre el 21 de junio y el 21 de septiembre, la práctica de la acampada se regirá por lo establecido en el Decreto 61/2006, de 7 de marzo, del Gobierno de Aragón, que regula las acampadas en Aragón. Esta normativa fija condiciones específicas para la alta montaña y prohíbe instalar tiendas a menos de cien metros de cualquier lago o laguna, una limitación especialmente relevante en enclaves como los ibones.

Las nuevas restricciones tienen carácter adicional respecto a la normativa general, lo que refuerza la protección en un espacio considerado estratégico desde el punto de vista ambiental.

Vigilancia y posibles sanciones

El Servicio Provincial de Medio Ambiente y Turismo de Huesca será el encargado de garantizar el cumplimiento de la orden. Entre las medidas previstas figura la instalación de señalización informativa en la zona de protección delimitada, con el fin de que senderistas y visitantes conozcan con claridad las limitaciones vigentes.

El incumplimiento de las disposiciones podrá ser sancionado conforme al régimen de infracciones recogido en el texto refundido de la Ley de Espacios Protegidos de Aragón (Decreto Legislativo 1/2015) y en la Ley de Montes de Aragón (Decreto Legislativo 1/2017).

Un equilibrio necesario

La regulación de los ibones del Anayet se enmarca en una discusión más amplia sobre la gestión del turismo en el Pirineo. La creciente demanda de experiencias en espacios naturales de alta calidad paisajística ha supuesto una oportunidad económica para los valles de montaña, pero también un desafío en términos de conservación. Compatibilizar el disfrute público con la preservación de enclaves tan sensibles como las turberas del Anayet es, según defienden desde el ámbito ambiental, una condición indispensable para garantizar que este paisaje icónico del Alto Gállego siga siendo, también en el futuro, uno de los grandes atractivos naturales de Aragón.