Los ataques a sanitarios y a la ONU agravan la crisis en Líbano
Naciones Unidas habla de un posible crimen de guerra en una ofensiva que deja miles de heridos y un país al límite
La escalada de violencia en el Líbano no deja de crecer, con una cifra de víctimas civiles que sigue aumentando de forma alarmante y una comunidad internacional que observa con horror cómo el conflicto, iniciado el pasado 28 de febrero tras el asesinato del ayatolá Alí Jameneí, se cobra ahora la vida de quienes deberían estar protegidos por el Derecho Internacional: cascos azules de la ONU y personal sanitario. Con más de 1.200 muertos y un país fracturado políticamente, el Líbano se enfrenta ya a la mayor crisis de su historia reciente.
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La madrugada de este lunes, la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano (UNIFIL) confirmó una tragedia que el Secretario General de la ONU, António Guterres, ha calificado como un posible "crimen de guerra". Un casco azul de nacionalidad indonesia murió y otro resultó gravemente herido tras la explosión de un proyectil en una base cerca de Adchit Al Qusayr.
Aunque el origen del proyectil se ha descrito inicialmente como "desconocido", el incidente se enmarca en la intensa campaña de bombardeos israelíes contra posiciones del grupo chií Hizbulá. Poco después, la ministra española de Defensa, Margarita Robles, confirmaba el fallecimiento de un segundo casco azul indonesio, elevando la tensión en la sede de la ONU en Nueva York.
"Los ataques contra los miembros de las fuerzas de mantenimiento de la paz constituyen graves violaciones del derecho internacional humanitario (...) Será necesario que se rindan cuentas", advirtió Stéphane Dujarric, portavoz de Guterres.
Y es que este ataque no es un hecho aislado. La portavoz de la misión, Kandice Ardiel, ya había denunciado la semana pasada que proyectiles y restos de misiles habían alcanzado la sede de la UNIFIL, poniendo en riesgo crítico la integridad de la misión de paz.
Hospitales y ambulancias en la diana
Además, el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, denunció la destrucción de un almacén de material médico en Bint Yebeil y la muerte de un sanitario en un ataque contra una ambulancia.
Según los datos de la OMS y el Ministerio de Salud libanés: 52 profesionales de la salud han sido asesinados, 128 sanitarios han resultado heridos en el cumplimiento de su deber y al menos tres ataques contra personal del sector fueron reportados como "deliberados" solo el pasado sábado.
Mientras Israel justifica estas acciones alegando que Hizbulá utiliza vehículos médicos para fines militares —denunciado por el portavoz Avichai Adrai—, la OMS insiste en que la paz es "la mejor medicina" y exige el cese inmediato de los ataques a instalaciones sanitarias.
Goteo incesante de bajas
El recuento oficial de víctimas ofrecido por el Centro de Operaciones de Emergencia arroja cifras demoledoras. La ofensiva israelí ha matado ya a 1.247 personas, entre las que se cuentan 124 niños. Los heridos alcanzan casi los 3.700, incluyendo a 418 menores.
En el plano militar, el Estado judío ha reconocido la muerte de un soldado de 19 años, el sargento Liran Ben Zion, perteneciente a la Brigada 401 de blindados. Con él, ya son seis los militares israelíes fallecidos desde el inicio de la invasión terrestre. En el bando libanés, aunque el Ejército nacional no participa formalmente en las hostilidades, también sufre bajas: el soldado Ali Hussein Ajam murió hoy en un puesto de control en Al Amiriya, sumándose a otros dos militares asesinados en las últimas 48 horas en acciones atribuidas a Israel.
El fantasma de la guerra civil
Además, el frente político es tan volátil como el militar. El Gobierno libanés mantiene un pulso diplomático sin precedentes con Teherán. A pesar de que Beirut declaró persona non grata al embajador iraní, Mohamad Reza Shaibani, y le dio plazo hasta ayer para abandonar el país, Irán ha desafiado la orden asegurando que su diplomático "continuará desempeñando sus funciones".
Beirut acusa a Irán de violar las normas diplomáticas y ha llamado a consultas a su propio embajador en Teherán, en un choque que se produce en un momento de extrema vulnerabilidad interna, con el gobierno libanés prohibiendo las actividades armadas de Hizbulá —y buscando su desarme total— y con más de un millón de personas huyendo de sus hogares, lo que ha disparado las rencillas sociales al mover ciudadanos de zonas chiíes a regiones habitadas por otras comunidades.
En este sentido, el presidente Joseph Aoun ha lanzado una advertencia tajante sobre cualquier actor que trate de aprovecharse del caos de la guerra para provocar nuevos problemas: "La mano que se extienda contra la paz civil será cortada". Aoun lidera una iniciativa para negociar un alto el fuego con Israel, una opción que el actual líder de Hizbulá, Naim Qassem, ha tildado de "inaceptable" mientras continúe la ocupación y los bombardeos.
El objetivo estratégico de Israel parece el de establecer una zona de amortiguación que se extienda desde la frontera de facto hasta el río Litani. Sin embargo, el precio de esta estrategia está siendo la paralización total de un país y una crisis de refugiados.
Así, la comunidad internacional aguarda una desescalada que no llega, mientras el Líbano se desangra entre el fuego exterior y la amenaza de una nueva guerra civil interna.
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