EN 1895 la iglesia de San Lorenzo conservaba aún trazas visibles de su antigua fisonomía medieval. Se había construido en el siglo XIV en el extremo norte de la calle Mayor, cuyo extremo meridional contaba con la protección de otra iglesia fortificada, la de San Cernin, y se edificó en lenguaje gótico, aunque posteriormente sufriría numerosas transformaciones. En el año 1717 se le añadió la célebre capilla de San Fermín, barroca, y en 1805 se derribó la antigua nave gótica, para reedificarla luego en estilo neoclásico.
Aunque al obtener esta fotografía don Julio Altadill se dio todo un "atracón" de suelo, y en consecuencia no alcanzamos a ver el remate de la torre, se puede apreciar que era una mole medieval cuajada de saeteras, puesto que se levantó como defensa del portal de San Lorenzo, que se abría a la izquierda de la torre, en la cabecera de la calle Mayor y dando acceso a la ciudad desde el norte. En 1895 la iglesia contaba con una aparatosa portada, obra de Juan Miguel de Goyeneta, concebida como un retablo barroco coronado por la imagen de San Lorenzo, entre columnas corintias y abierta mediante un arco de medio punto.
HOY EN DÍA la zona permanece perfectamente reconocible, merced sobre todo a la ubicación de la iglesia, presidiendo una placita y junto a la plaza de las Recoletas, que se adivina al fondo en ambas imágenes. La parte superior de la torre medieval de San Lorenzo había quedado muy desfigurada en 1841, cuando el sublevado general O'Donell la bombardeó desde la Ciudadela, y ello sirvió de excusa para su total remodelación. Seis años después de obtener la fotografía antigua, en 1901, la antiquísima torre fue enteramente demolida, y en su lugar se edificó una torre moderna, obra del arquitecto Florencio Ansoleaga. Se levantó en un estilo ecléctico de aire medieval, que mezclaba libremente elementos de inspiración románica y gótica. Por su puerta neorrománica saldrá hoy, siguiendo la tradición, la imagen renegrida de San Fermín, que marchará en procesión por las calles del casco antiguo. En su recorrido se sucederán los castizos, célebres y esperados momenticos, en los que los ciudadanos pamploneses obsequiarán a algunos de sus representantes con justos y merecidos piropos. Toca aguantar...