En 1971 el régimen fascista de Franco entraba en lo que los historiadores especialistas en el tema definen como su periodo de crisis final. Estará marcado por el deterioro de la salud del pequeño general gallego, el protagonismo creciente de su delfín, el almirante Carrero Blanco, la muerte de este en 1973 y la agonía final del propio Franco, que culminará con su fallecimiento el 20 de noviembre de 1975. En esta difícil coyuntura el Ayuntamiento de Pamplona estimó conveniente recompensar con una flamante avenida a aquel ejército español que tan generosamente había cedido a uno de sus generales para gobernarnos durante cuatro décadas. La imagen muestra la avenida a medio construir, con las casas de los militares ya levantadas pero con la calle aún sin pavimentar. Hacia la izquierda se aprecia una suerte de alta pérgola y un árbol, acer pseudoplatanus, que no han sobrevivido al paso del tiempo.

Hoy en día la zona no ha cambiado lo suficiente como para que no podamos identificarla al primer golpe de vista. Las viviendas de la derecha permanecen perfectamente reconocibles, y el paredón de la izquierda sigue tal y como quedó tras las mutilaciones que realizaron a la Ciudadela en aquel lejano 1971.

En honor a la verdad, debemos decir que el Ayuntamiento de 1971, con su alcalde Joaquín Sagüés a la cabeza, al dedicar esta avenida al ejército español en realidad no hizo sino cumplir un acuerdo municipal anterior, de 1963. En aquel tiempo era alcalde Miguel Javier Urmeneta, una persona que, al margen de otras controvertidas consideraciones, había sido requeté, voluntario de la División Azul y procurador franquista. En su tiempo se gestó también la cesión gratuita de terrenos a la Universidad del Opus Dei, así como el nombramiento de Hijo Adoptivo de Pamplona para su fundador, Escrivá de Balaguer.