Burlada, enganchada a los hilvanes
Está a punto de cumplir 80 años y sigue al pie del cañón. La costurera Helena Ciordia se niega a jubilar su negocio de Burlada, su santuario personal
Burlada - Después de una vida como ama de casa, un imprevisto familiar obligó a una todavía joven Helena Ciordia Pérez, sin experiencia laboral, a salir en busca de trabajo para sacar adelante a sus cuatro hijos, tres chicos y una mujer. Con valentía puso en marcha Tejidos Helena, una tienda en Burlada que desde hace 24 años vende telas y hace corte y confección a gente llegada de toda Navarra. “No pienso jubilarme”, señala Helena con rotundidad. Tiene 79 años, “en agosto hago 80”, pero no quiere que la idea de jubilarse se le pase por la cabeza. “A veces me viene y me la quito enseguida, no quiero ni pensarlo. Estoy tan a gusto...”, confiesa.
Señala con orgullo que toda la ropa de su armario es de cosecha propia. “Y la de mis hijos, cuando eran pequeños, también”. Tiene estudios básicos y ninguna formación en costura, aunque comenta que desde siempre “me han gustado mucho las manualidades”. Nació en Cárcar y allí vivió hasta que tuvo unos 30 años, momento en que se mudó, junto a su marido y sus dos hijos mayores, a Burlada. Aunque el mundo de la confección no era su afición, como explica, “siempre tuve el veneno de tener tela entre manos”. Por eso, por “ese gusanillo”, se animó a optar por un negocio telar antes que por ningún otro. “No me arrepiento de nada, es de las mejores decisiones que he tomado en mi vida”, revela.
Poco a poco Helena ha sabido cómo convertir su afición en un trabajo “que me llena. Y por eso de ser más una afición que una profesión, la tienda de Ciordia no tiene horarios. Venir aquí no es trabajar, es una terapia para desconectar, me relaja”. “Quien trabaja de lo que le gusta, no trabaja. ¡Qué pena me dan todos estos jóvenes que se han matado a estudiar lo que les gusta para acabar limpiando cocinas!”, se lamenta.
Tras su mostrador de la calle burladesa de San Miguel, Ciordia reparte dulzura a sus clientes desde un local que antes fue una churrería. Ese trato cercano con los clientes, “el que se les trate bien, sin engaños e intentando aconsejar” es, para ella, el truco para sobrevivir a cualquier crisis. También es un ingrediente importante, subraya Helena, “el ser a veces psicóloga. Viene mucha gente que te cuenta sus problemas y tú acabas contándole los tuyos; se convierte en nuestro secreto”. Así se ha ido convirtiendo en uno de los negocios “de los antiguos”, dice Ciordia, de Burlada. Más de medio centenar de establecimientos, de los que muchos forman parte de la asociación de comerciantes, hostelería y servicios La Campana, de Burlada y Villava, que a lo largo del año celebra diferentes campañas de promoción del negocio local.
En estos 24 años, Helena ha sido testigo de cómo la sociedad ha ido cambiado: “Antes había muchas modistas, hoy quedan muy pocas; la gente se compraba menos ropa, ahora se va a la modista, sobre todo, para ocasiones especiales, como bodas o comuniones”. “Alguna persona en paro se anima a empezara a coser, pero no terminan por lanzarse y hacer lo que hacíamos las que ahora somos abuelas; antes éramos de estar más en casa, ahora las mujeres salen a trabajar, tienen su horario y otros modos para desconectar, así que es normal que no les dé por coser, lo entiendo perfectamente”.
Han cambiado las mujeres, que han tomado las riendas de sus vidas, pero también ha cambiado, dice Ciordia, quién cose. “Los hombres que entraban lo hacían buscando pantalones, así que los mandaba a una pantalonera. Pero ahora hay un par de chicos que hacen diseño y entienden mucho de telas”. Otros también dan el salto a la costura y, según subraya esta burladesa de adopción, “se animan a hacer diseños más atrevidos que muchas modistas”. Pero no todo se queda ahí: “Las clientas siempre venían a pedir un vestido con una foto o un diseño en papel, ahora lo traen en el móvil y yo ni tengo de eso”, dice entre risas.
RINCÓN PERSONAL Su tienda es su santuario, asegura. Ésta se divide en una zona de atención al público y una pequeña sala de trabajo, más un almacén. Tiene una importante colección de dedales y una estantería en la que muestra con orgullo ocho premios del concurso de belenes en escaparates. “Hago que toda la familia se involucre”, señala con picardía, junto a sus cuatro hijos, tres nietos, nueras, yerno y sobrinos montan el la escena navideña más grande de Burlada, lo que convierte Tejidos Helena en un atractivo de pueblo, sobre todo para los pequeños.
Por todo esto, “no me quiero jubilar, seguiré hasta que Dios quiera”, ofreciendo telas y costura a clientes de Burlada, Huarte, Villava, Arre, Oricáin, la Ribera y el norte de Navarra.