Mirada al futuro de Tudela
Tudela supera en la actualidad los 35.000 habitantes, cuenta con un patrimonio histórico, cultural, natural y paisajístico relevante, y es la capital funcional de un territorio habitado por casi 150.000 personas. De este planteamiento deriva el primero de los retos que tiene la ciudad, que no es otro que hacer efectivo el liderazgo que le corresponde como cabecera de la comarca, cosa que sería beneficiosa tanto para la propia Tudela como para el resto de los municipios de la Ribera.
Ya desde el punto de vista de la ordenación del núcleo urbano, es obligado señalar que el Plan General (1991) ha cumplido su ciclo de vida útil, aunque eso no implica que haya escasez de suelo para edificar, porque queda suelo residencial urbanizado en el entorno del Queiles y por urbanizar en todo el sector Gardachales, al sur de la ciudad. En cualquier caso se hace imprescindible un nuevo Plan General Municipal, que tiene que estar orientado fundamentalmente a propiciar la regeneración de la ciudad existente.
En ese sentido el Ayuntamiento debe impulsar actuaciones que contribuyan a hacer ciudad y a mejorar las edificaciones actuales, si es preciso con la colaboración del Gobierno de Navarra, como lo fue en el caso del exitoso proyecto Lourdes Renove. Sería necesaria también la redacción de un Plan Especial para el barrio de Lourdes, lo que además de posibilitar que fuera declarado en el futuro como área de rehabilitación preferente, permitiría el desarrollo de un deseable Lourdes Renovez-2.
Es importante resaltar la necesidad de que la elaboración de esos nuevos planes sea abordada con un talante abierto y multidisciplinar, tal como se ha hecho con el recientemente aprobado Plan Estratégico de la Ciudad, teniendo en cuenta que la participación es un factor esencial en la práctica urbanística y que el local es el ámbito más adecuado para hacerla efectiva. Todos los procesos deberían ir siempre acompañados de otro paralelo de participación, que el Ayuntamiento debe alentar y coordinar.
Respecto al tema de la vivienda, en la actualidad ya no es sólo a determinados colectivos vulnerables (jóvenes, minorías étnicas, inmigrantes?) a los que les resulta difícil conseguir una vivienda digna. Además y aunque las entidades bancarias generalmente ya no desahucian y prefieren llegar a acuerdos de dación en pago o de alquiler social, es necesaria una gestión pública activa por parte del Ayuntamiento y del Gobierno de Navarra, con el objetivo de garantizar el acceso de toda la ciudadanía a una vivienda digna, sobre todo en régimen de alquiler.
Por otra parte, es evidente que en los últimos años no se han promovido prácticamente viviendas de nueva construcción (quedan bastantes sin vender) y que tampoco se prevé un crecimiento poblacional, por lo que necesariamente debemos centrarnos en las condiciones de las existentes. Según el último Censo (2011) más de la mitad de las viviendas de Tudela fueron construidas antes de 1980, por lo que ya entran en la categoría de rehabilitación necesaria. Y en ese sentido, la ordenanza de ayudas de rehabilitación en el casco antiguo ha quedado anticuada y es necesario actualizarla y hacerla extensiva a toda la ciudad, o cuando menos a otros barrios de construcción más reciente, priorizando las obras de mejora de la eficiencia energética y la consideración preferente para las personas con situaciones de precariedad económica.
Si miramos a la ciudad en su conjunto, es innegable que cuestiones como la racionalización del tráfico y la mejora de la movilidad, la reurbanización amable del centro, el control de los ruidos, la preeminencia del peatón sobre el automóvil y del árbol o el césped sobre el asfalto o el hormigón? son imprescindibles para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y la imagen urbana. En este sentido el casco antiguo -corazón de la ciudad- es un área especialmente vulnerable, con un tejido urbano de interés en el que destacan algunos edificios monumentales y en el que se manifiestan problemas de exclusión social y de poca conexión con el resto de la ciudad, con un deterioro considerable en algunas zonas, como la del entorno de la Magdalena y la de la calle Terraplén, junto a la vía del tren.
Debemos apostar por una gestión activa del Plan Especial de Protección y Reforma Interior (PEPRI) del Casco Antiguo, dotándole de un carácter prioritario y unificando en un único Departamento, Concejalía u Oficina a todo aquello que lo concierne: vivienda, comercio, turismo, servicios? Quizás un primer paso podría ser la creación de una Mesa del Casco Antiguo (que continuase la forma de trabajar ya iniciada con la Mesa del Ruido), en la que participasen todos los sectores implicados.
Es imprescindible también un análisis serio de la movilidad en todo el municipio, considerando y cuestionando la necesidad del uso del vehículo privado, la ubicación de aparcamientos en las cercanías del centro, el diseño y planteamiento del transporte público, los trayectos peatonales y ciclistas... llegando a materializar de forma efectiva dos ejes peato-ciclistas: norte-sur (Casco Viejo-Fontellas) y este-oeste (Queiles-Ebro) que se completarían con un anillo periférico.
Y otra gran cuestión es la calidad ambiental de la ciudad, ya que una Tudela que lidere a la Ribera debería dar ejemplo de sostenibilidad económica, social y ambiental. Desde este punto de vista tal vez sería conveniente una Concejalía de Medio Ambiente y que este criterio ambiental fuera transversal en toda la práctica municipal, incorporándose como determinante en la redacción del nuevo Plan General Municipal y recuperando proyectos importantes para la ciudad que en su día quedaron aparcados, como la Agenda 21 Local y el Plan Especial del Ebro.